12/10/2025
Helaena Targaryen fue reina, hermana y esposa del rey Aegon II, madre de sus hijos y la más inocente de los dragones. Tenía apenas veintiún años cuando eligió lanzarse desde la ventana de sus aposentos en el Fuerte de Maegor, su cuerpo cayendo sobre las picas del foso seco. Había pasado seis meses en cautiverio, un encierro que apagó lentamente su risa y sus visiones.
¿Por qué escogió ese día para morir? Los cronistas de la Danza discrepan, y sus voces nos entregan más sombras que certezas. Champiñón asegura que quedó encinta durante su prisión, vendida noche y día como si fuese mercancía, pero sus relatos son tan inverosímiles como sus “reinas en burdeles”. El Gran Maestre Munkun escribe que el horror la venció cuando colgaron a Ser Denys y Ser Thoron, hombres que habían sido sus guardianes, mas no hay pruebas de que ella presenciara aquel ahorcamiento. El Septón Eustace, en cambio, sostiene otra versión: que fue Lady Mysaria quien rompió su espíritu, contándole la muerte de su pequeño Maelor y cómo su final fue cruel, sangriento, imposible de soportar.
Sea cual fuere la verdad, el resultado fue el mismo: la reina Helaena eligió el silencio eterno. Su caída desató un grito en todo Desembarco del Rey. El pueblo la había amado, la llamaban “la reina buena”. Su muerte no fue solo un suicidio: fue un lamento colectivo, un presagio de que en la guerra de dragones nadie estaba a salvo. Y mientras su cuerpo era recogido entre llantos, el rugido de su dragón Dreamfyre sacudió los cielos, un grito de dolor tan feroz que hizo temblar los muros del castillo. Fue el lamento de una bestia que había perdido a su jinete, y con él, un eco eterno que recordaba a todos que los dragones también lloran. 🏰🐉🐉🐉🔥🔥🔥🔥