Escritor sin vergüenza

Escritor sin vergüenza Huyo de la realidad por medio de las fantasías que yo mismo escribo. Cual mu**to viviente odiando a la Parca, uso estas palabras para poder liberarme.

"Depresión, vol. IX". –Escritor sin vergüenza Sobrevivo a base de mentiras; la agonía de despertar tarde y no poder move...
28/05/2026

"Depresión, vol. IX". –Escritor sin vergüenza

Sobrevivo a base de mentiras; la agonía de despertar tarde y no poder moverme por el dolor. Miro al techo preguntando si esto ha sido suficiente o si aún debo permanecer dormido para mitigar la falta de todo. Como una foto sin color, ambiguo permanezco sin tener claro que es lo que estoy viendo. Tengo visiones de mi cuerpo y siento una soga en mi cuello que aprieta más cuando suspiro. Solo déjenme quieto cuando me vean boca abajo en las aguas del río, y cuando la lluvia arrase con mi maquillaje, no se sorprendan por las muecas escondidas de alguien que está y fue herido.

Entre las flores de un campo, encontrarán mi cadáver pasando inadvertido, siendo el sitio de diversión para miles de larvas que se alimentarán de mí, saboreando la melancolía de mi cerebro junto con la amargura de un corazón podrido que aún late aunque no tenga fuerzas ni sangre.

Cuando estas palabras caigan en el olvido, miren bien quien las escribió y búrlense de aquel poeta que nunca, realmente, supo escribir; solo retratar la oscuridad de su mente a través de palabras tontas que cualquiera podría leer. En vez de ayudar, solo cumplan con ignorar para que sus ropas no se manchen de lágrimas ajenas, y váyanse cuanto antes para mi soledad poder contemplar antes de finalmente morir.


Ig:

"Perdido". –Escritor sin vergüenza Corre, caballo, aunque estés en medio de un desierto, sin importar si estás sediento....
11/03/2026

"Perdido". –Escritor sin vergüenza

Corre, caballo, aunque estés en medio de un desierto, sin importar si estás sediento. Espero no te alcance la noche porque morirás de frío ahora que te alejaste de tus hermanos. No te dejes engañar por lo que parecen oasis cercanos, pues te llevarán más adentro de la arena y cerca de la muerte.

No descanses, galopa hasta que sucumbas, y aún cuando lo hagas, arrástrate hasta que des tu último aliento. No habrá recompensa, todo será en vano, pero eres terco y sé que seguirás avanzando por no darle la razón a nadie, y cuando fallezcas, no recuerdes a nadie. Deja que el olvido sea quien te sepulte cuando venga la próxima tormenta. Hasta entonces, sufre, caballo, pues habrá sido el camino que decidiste tomar a sabiendas que tu fin, tú mismo harías de provocar.


(Pintura: Cristo en el desierto, Ivan Kramskoi)

"La despedida". –Escritor sin vergüenza La noche de nuestro último adiós, escuché como el viento mecía a las hojas de lo...
18/02/2026

"La despedida". –Escritor sin vergüenza

La noche de nuestro último adiós, escuché como el viento mecía a las hojas de los árboles a tu alrededor, inclusive a través del parlante de mi teléfono. Oía el distante sonido del agua fluyendo en el río, aquel río bajo ese puente, incapaz de ocultar los sollozos y tus respiraciones agitadas. No decías nada, no respondías a tu nombre, pero estabas ahí, solo queriendo decir "lo siento" aunque no encontraras el aliento para poderlo sacar de tu pecho.

Algo dentro de mí sabía que pasaría, pero nunca creí que aquello realmente podría volverse realidad.

Recién colgaste, salí disparado de casa, sintiendo un hormigueo en todo mi cuerpo al tiempo que todo el aire se escapaba de mis pulmones, haciendo que mis piernas temblaran con cada pisada que corría al intentar dejar atrás y perder a aquel miedo que me acechaba.

Al llegar al sitio donde por primera vez nos conocimos, solo vi una carta bajo un par de zapatos que se me hacían conocidos. Un "adiós" escrito a mano temblorosa que me dejaste para siempre escrito en un papel arrancado de uno de tus cuadernos, visible gracias a los faroles que alumbraban el camino de aquella pacífica noche. Una despedida que dolió y arrancó mi corazón para llevárselo contigo; solo y gritando de tristeza por no haber podido hacer más.


"El día en que visité a mamá". –Escritor sin vergüenza El día en que fui a visitar a mamá, no estaba.Su casa, vacía, tra...
14/05/2025

"El día en que visité a mamá". –Escritor sin vergüenza

El día en que fui a visitar a mamá, no estaba.

Su casa, vacía, transmitía que hacía tiempo nadie vivía en ella, pues el polvo sobre los mesones no era algo que mi madre jamás se habría permitido. Cada habitación devolvía un eco al abrir su puerta, pero al mirar y sentir su ausencia, un miedo empezó a florecer en mí. Mi cuarto, aunque con telarañas, denotaba que había sido arreglado con esmero por alguien, pero casi se sentía como si eso hubiese sucedido cuando yo aún vivía allí, años atrás.

Me detuve frente a su habitación e, instintivamente, toqué a su puerta con suavidad, como cuando de niño lo hacía al tener una pesadilla, esperando ingenuamente oír su voz invitándome a pasar, pero en cambio, me vi víctima del cruel silencio, sufriendo en carne la maldad de la nostalgia.

Decidí no entrar, quise imaginar que tal vez solo dormía, así que, lentamente, retrocedí y fui a la sala de estar, donde sobre un mueble viejo me senté, observando los cuadros de una familia feliz —o mejor dicho, fotos de nosotros en una época lejana—. No sé cuánto tiempo habría pasado, pero al darme cuenta, me encontraba soñando; mi madre sola en su alcoba, esperando a alguien mientras una última lágrima recorría su mejilla hasta caer, con gran tristeza, pues a su único hijo no pudo ver antes de fallecer.

Recuerdo haber despertado sintiendo un hoyo en el pecho, finalmente aceptando la realidad. Ella de seguro me estuvo esperando pero, yo nunca, ni al final, la visité.

Me levanté del sofá y apresurado me dirigí nuevamente a la entrada de su recámara, vacilando al girar la perilla de la puerta. Al entrar, su cama, como lo imaginé, estaba vacía, ordenada e impecable, las ventanas cerradas y con un silencio abrumador. Aún se podía oler el aroma de su perfume, aunque mezclado con la pesadez del polvo, y sus pertenencias seguían allí, como aquellos zarcillos de oro que orgullosamente siempre usaba. Me di cuenta de que ella verdaderamente ya no estaba, sintiendo un remordimiento en mi corazón que me hizo de cuna al acurrucarme entre lágrimas en sus antiguas sábanas, intentando buscar su consuelo, aunque ya muy tarde.


(Pintura: Mother and Child (The Goodnight Hug), Mary Cassatt)

"Noches estrelladas a las orillas del mar". –Escritor sin vergüenza Al marcar la media noche en mi reloj, caí en cuenta ...
18/02/2025

"Noches estrelladas a las orillas del mar". –Escritor sin vergüenza

Al marcar la media noche en mi reloj, caí en cuenta que andaba vagando en las orillas de la playa, observando la arena mojada bajo mis pies y lejos de la ciudad. No contaba con las fuerzas necesarias para mirar las estrellas que iluminaban el camino sobre mi cabeza, aunque el reflejo sobre el mar me bastaba para experimentar una extraña satisfacción como al terminar de pintar sobre un lienzo y posar frente a éste orgulloso por ver algo tan majestuoso. Sin embargo, mi visión no tardó en nublarse entre aquella espesa amalgama de tristeza y pesares de nuevo.

Tras caminar, quizá, por varios minutos, tropecé con algo que reposaba sobre el suelo. Repentinamente, gané consciencia de lo que pasaba a mi alrededor, nuevamente volví a escuchar el agua meciéndose a mi costado y sentí los granitos de arena en mis manos y rodillas. Procedí a reír por lo patético de la situación, no obstante, se me heló la sangre al oír un quejido detrás de mí. "¡¿Con qué choqué?!" pensé asustado mientras lentamente volteaba, temiendo a lo que se pudiera avecinar y, allí la encontré, herida, luchando por un poco de vida. Atónito, lo único que se me ocurrió fue intentar levantarme despavorido, aunque en vano, pues volví a caer bajo el temor de sucumbir ante su belleza y ser llevado a lo más profundo de las mareas. Me incorporé con mi mirada incrustada en ella, ignorante de lo que me podría hacer, dando mi tiempo en la tierra por terminada, pero para mi sorpresa, no sucedió nada.

Una vez calmé mi respiración, empecé a detallar la figura de aquello que se imponía ante mí. Era una sirena. Bien sabía que debía huir de ahí, pero había algo que me parecía sumamente extraño, no era su inconmensurable encanto ni su cola de pez, sino ese arpón oxidado que atravesaba completamente su piel, entre sus escamas. Sin importar la oscuridad de la noche, pude apreciar claramente el dolor en sus ojos, los cuales fijos permanecían en mí, pareciendo implorar por ayuda. Tras vacilar unos instantes, lentamente me levanté y, una vez estando de pie, su expresión cambió a un profundo terror, pues desde su posición, yo no lucía tan diferente a las personas que le habían hecho tremendo daño.

Desde la distancia, pude contemplar la arena a su alrededor teñida con su sangre. Era tanta que no pude sino sentir pena, la suficiente para acercarme despacio pese a sus intentos por ahuyentarme haciendo gala de sus filosos colmillos, a pesar de ello, mientras más acortaba nuestra distancia, ella parecía estar aceptando cada vez más su destino, el fin de su vida, hasta que llegué a su lado. Solo cerró sus ojos esperando lo peor, pero para su sorpresa, solo me senté, sollozando por lo injusto de la situación. Me miró extrañada mientras sus parpados denotaban cuan cansada estaba.

Como un último gesto de bondad, decidí llevarla a la orilla, donde le ofrecí mi brazo para que pudiera comer antes del fin. Aunque no entendía mis palabras, pareció comprender lo que yo pretendía, así que gentilmente clavó sus colmillos para poder alimentarse con mi sangre hasta que, poco después, pereció entre mis brazos, en el suave oleaje de aquella playa donde cayeron mis lágrimas y bajo la estrellada noche que cubrió nuestra tristeza.


(Pintura: Moonlit seascape, Alfred Émile Léopold Stevens)

"Carta de un mu**to cuyo corazón sigue latiendo". —Escritor sin vergüenza Las noches son ruidosas aunque ya no haya mult...
21/10/2024

"Carta de un mu**to cuyo corazón sigue latiendo". —Escritor sin vergüenza

Las noches son ruidosas aunque ya no haya multitud ni tránsito en las calles, pues el cantar de las ranas y los saltamontes inundan mi solitud. El pesar de mi voz interior se ve opacada por el sonido de las estrellas y la oscuridad en mi corazón baila junto a la armonía de la luna, por ello, me es normal desear volver a lo que alguna vez fue mi cuna, abrigado entre mantas tibias que evitan el llanto de un niño cuando la habitación está a oscuras, pero rememorar épocas lejanas siempre suele jugar con mi cordura y, por eso, suelo evitar vivir o recordar lo que quedó en el pasado. Es ese vacío en el estómago lo que debilita mis piernas y es mi visión borrosa lo que me hace sentir perdido entre la ruina, pues solo estoy y la guía que una vez creí tener desapareció junto a mis sueños de una mejor vida.

Es necesario creer en algo, pero en este in****no es inevitable ser escéptico. Me siento como un viejo decrépito añorando el alivio de la muerte, quizá saltando de un puente o bajo los neumáticos de un camión inclemente. Usualmente, me hallo solo en mi soledad y es probable que sientas curiosidad por mi capacidad para redundar, no obstante, a veces las palabras no bastan para detallar con fidelidad esto que siento. Ando en el ojo de una tormenta, tal vez también, en el medio de un desierto. Desamparado y descontento, caminando sin rumbo fijo. Se ha vuelto común en mí pensar que nunca fui un buen hijo.

Miro a mi alrededor y solo veo penurias, aquellas luces poco nitidas que me hacen confundir entre si estoy en la realidad o si vivo en una ilusión, viendo a lo lejos un oasis sabiendo que es parte de un espejismo; caminando hacia éste con la esperanza de fallecer sediento en el intento. Si me conociste ayer, es probable que hoy ya no sea el mismo. Con el tiempo dejé de sentirme como un niño, como un adulto o como un anciano, pues solo soy una sombra esperando a ser desasosegada por una luz tan brillante como para dejar a cualquiera sin poder ver, sin experimentar la belleza de las formas o los colores. Y cuando me roce la hoz de la muerte, quisiera estar en un prado floreado, dado que sentiré que la calma antes de morir hará de mi mente algo tan calmado como un acantilado cuyas briznas de hierba se mecen producto de las suaves brisas, teniendo de testigo a un mar azul profundo de ligeras olas. Así, finalmente, podré contemplar aquello que hace tiempo no pude apreciar por el dolor de vivir preso y agobiado, y dejar de sentir estos latidos de un corazón golpeado que reza por culminar su trabajo.


(Pintura: Visión Fantasmal, Francisco de Goya).

"Un mu**to no puede lidiar con la soledad". —Escritor sin vergüenza -He visto calaveras sonriendo y cadáveres con una ex...
14/07/2024

"Un mu**to no puede lidiar con la soledad". —Escritor sin vergüenza

-He visto calaveras sonriendo y cadáveres con una expresión apaciguada y tranquila, pero... ¿por qué mi cuerpo se ve tan triste? —preguntó aquel espectro al darse cuenta que su alma finalmente se había despegado de su cuerpo—.

Aquel fantasma no podía pensar más que en su muerte y en aquella notoria melancolía que su rostro físico retrataba. No era capaz de recordar mucho de su vida, solo ese corto instante antes de dar su último suspiro, antes del último latido de ese corazón que alguna vez con fuerza, tal vez mucha, latió.

-Supongo que es muy tarde para siquiera dar con una respuesta —concluyó en voz alta, denotando una ligera insatisfacción en sus palabras—.

Sin embargo, los días pasaron y aquel ente en pena no era capaz de moverse del lugar donde se encontraba eso que alguna vez le perteneció. Le era muy extraño no poder encontrar la paz o ascender a un cielo, y la profunda tristeza de aquel cuerpo se acentuaba conforme las moscas y las larvas invadían cada pedazo de piel y carne.

El tiempo transcurrió, y aunque el pasar de las semanas, los meses o años era algo que aquel "ser" no entendía más, aún era capaz de comprender que, según las veces que observó al sol ocultarse y asomarse a través de las cortinas de lo que parecía ser su antigua casa, había pasado mucho desde su fallecimiento. Finalmente pudo sentir esa solitud que siempre estuvo presente, aquella que hasta ese momento pasaba inadvertida. Nadie aún se había percatado de su muerte; en ningún momento alguien tocó a la puerta de roble que formaba una conexión entre el tranquilo vecindario en el exterior y ese lúgubre ambiente en el interior. Solo murió y ni siquiera una persona le había llorado.

Ni el reluciente suelo de mármol, las costosas piezas de arte en la pared o el gran piano en el hall de la casa llamaban tanto la atención a comparación de los huesos sobre la alfombra de la sala de estar. El tiempo transcurría sin piedad, así como el polvo que se acumulaba encima de las superficies de cada cosa dentro de lo que fue ese hogar. El fantasma seguía allí, ansioso de que alguien llamara a su nombre (aunque ya no lo recordara), esperando fervientemente a que por lo menos cualquiera, sin importar quien fuera, le dijera un "adiós".


(Pintura: Death on the pale horse, Gustave Dore)



"Résilience". —Escritor sin vergüenza Soy como una flor entre el pavimento, preguntándome cómo sigo aquí. Tantas veces p...
15/06/2024

"Résilience". —Escritor sin vergüenza

Soy como una flor entre el pavimento, preguntándome cómo sigo aquí. Tantas veces pisoteado, y sin embargo, aún no consigo morir. Algo me ha hecho persistente, no inmortal pero duradero, y aunque a veces parezca que no puedo, mi tallo siempre se endereza de nuevo.

Soy como el tronco de un árbol, que aunque hueco, le presta hogar a la vida de otros animales en su interior, protegiéndoles de los violentos fríos del invierno, dándoles un sitio para preservar el amor. Que presta sus ramas para los nidos y ofrece sus hojas para la sombra, para aquel que quiera descansar, sobre mis raíces hay pasto tan suave como una alfombra.

Soy como un pintor ciego, el cual no ve la belleza a través de sus ojos sino desde sus recuerdos, que en cada lienzo impregna retazos de cada aroma, sonido y tacto que a lo largo de su vida ha experimentado. No sabiendo si lo que dibuja es digno de llamarse arte, pero sintiéndose satisfecho de expresar fidedigno aquello que no se ve pero se siente.

Finalmente, soy un escritor, aquel que escribe cartas de amor y no las envía nunca a nadie; una persona que con palabras y lujo de detalle describe las asperezas de despertar y salir a la calle. Alguien con quien es grato hablar dentro de un bar cuando te encuentras en el medio de un viaje, a quien a medianoche le dices "salud y buenos días" dado que en la mañana es seguro que ni recuerdes como lucía.


(Pintura: Distant Thunder, Andrew Wyeth).



"A pesar del tiempo, la tristeza permanece". —Escritor sin vergüenza Mi cuerpo pesa, mi cabeza duele y mi corazón pide d...
04/05/2024

"A pesar del tiempo, la tristeza permanece". —Escritor sin vergüenza

Mi cuerpo pesa, mi cabeza duele y mi corazón pide dejar de trabajar. No tengo la mínima idea de a dónde iré a parar, pero si de algo estoy seguro, es que la vida no me va a dejar descansar. A veces quisiera saltar de un acantilado, pero no puedo evitar llorar aterrado por el temor de ser olvidado. Poco he hecho para ser recordado, por eso admito que es un poco patético actuar como gato desamparado cuando estoy consciente de que lo que sufro es porque me lo he ganado. He perdido el amor por lo que hacía, y mi paciencia por quienes me rodean finalmente se ha acabado, por ende te pido disculpas si con mala cara respondo a tu ayuda. No es que lo haga para herirte, es solo que ya estoy cansado de este frío que a mi mente perturba.

Hace años que dejé de buscar calidez, pues a veces siento que cometo una gran insensatez al querer confiar de nuevo en una persona que me pueda destruir con indiferencia. Sin embargo no creas todo lo que te digo; admito que a veces realmente necesito el abrazo de un buen amigo, puesto que llorar solo me inculca la necesidad de acabar conmigo. Es frecuente que sueñe con aquellas épocas cuando aún era niño, y es habitual que quiera escapar de este presente que me trata como a un juguete dañado dentro de las fauces de un perro agresivo, pero por más que huya no logro encontrar un camino que me guíe a la alegría de estar vivo. Supongo que me resignaré a seguir respirando adolorido hasta que mi cerebro de la señal para cesar toda la vida dentro de este cascarón podrido.




"A los camaradas que se sienten perdidos". —Escritor sin vergüenza Hay un pensamiento que suele ser recurrente en mi cab...
09/02/2024

"A los camaradas que se sienten perdidos". —Escritor sin vergüenza

Hay un pensamiento que suele ser recurrente en mi cabeza... o más que un pensamiento, es una pregunta: ¿Cómo sigo vivo?

Muchas veces despierto y sigo sintiéndome cansado; experimento ese peso constante sobre mis hombros que me aplasta hasta verme derrotado en el piso.

¿Cómo es que sigo respirando? Muchas veces siento que me falta el aire y aún así continúo caminando, como si alguna fuerza ajena fuera quien mueve mis piernas en contra de mi voluntad hasta caer agotado sobre mis rodillas.

Sin embargo, más allá de lo duro que es persistir, existir y sobrevivir, he comprendido que inconscientemente me mantengo vivo por el latente saber de que quizás esté en un tiempo difícil, pero nada me asegura que sea así para siempre. Lucho porque muy dentro de mí tengo la esperanza de que mañana todo será mejor, y si me rindo hoy, no podré observar la belleza que me ampara esta historia que yo mismo estoy escribiendo con sudor y lágrimas.

Y a los camaradas que se sienten perdidos, les incito a seguir intentándolo. Aunque les duela la cara de tanto llorar, sepan que la recompensa a su valentía no se hará demorar. Aquel manto de oscuridad que les envuelve, es pequeño en proporción al regocijo que sentirán tras superar este tan grande obstáculo, y cuando observen al sol asomarse un día más en el horizonte, gotas de alegría de sus ojos brotarán por no haberse rendido, incluso cuando sus cuerpos no podían más.


(Pintura: The Birth of Venus, Sandro Botticelli).

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