30/03/2025
EL ATEÍSMO, AGNOSTICISMO
Y LA TRAMPA DE LA FE
(Ensayo)
“Si lo entiendes, no es Dios”.
—San Agustín de Hipona
A menudo solemos hablar de ateísmo y agnosticismo indiscriminadamente, sin hacer reparo en lo que estos conceptos pueden implicar o significar y muchas veces, incluso, confundiéndolos o usándolos de manera intercambiable. Sin embargo, es por esto que en principio se vuelve necesario acotar y aclarar qué significa cada uno así como sus importantes diferencias, para poder pasar después a explicar cómo es posible conciliar estos términos.
EL ATEISMO
Para empezar hablemos sobre el ateísmo.
en resumen podría decirse, empeñandonos en usar palabras simples, que el ateísmo es la creencia de que no existen dioses o seres sobrenaturales. Es importante aquí destacar que el ateísmo no es sencillamente la falta de creencia en algún dios, sino que es la creencia positiva en la inexistencia de los dioses en su totalidad. Para esto el ateo suele basar está creencia en la falta de evidencia empírica y científica que respalde la existencia de uno u otro dios. Es importante señalar que el ateísmo también se puede basar en la inconsistencia y lo que puede parecer contradictorio de las diferentes creencias religiosas, sin embargo, el ateísmo en su concepción más destacable es, indudablemente, de tendencias cientificistas más que cualquier otra cosa.
Aquí hay que hacer una aclaración importante, pues el religioso muchas veces tiende a opinar que, ya que, así como el creyente debe tener fe sin evidencia, el ateo, al no contar tampoco con evidencia de la inexistencia de dios, entonces tiene fe. No obstante, esta opinión tiende a ser sesgada, pues revela una intención o búsqueda de encasillar la lógica de la creencia del ateo dentro de la misma lógica del creyente.
El ateísmo, como vimos hace un momento, en su concepción más predominante, tiende a ser, más que nada, cientificista. Esto significa que para poder obtener la evidencia de algo, entonces debe, antes que nada, pasar por el férreo rigor del método científico, lo que es completamente incompatible y, de hecho, diametralmente contrario a la fe.
El ateo, pues, debe creer sólo en aquello que es evidente y demostrable.
El ateo no cree en dioses, no porque esté aferrado a su inexistencia, es decir: no porque tengan fe ciega en ello, sino por el simple hecho de que no hay evidencia empírica sobre su existencia.
El ateo se basa en la falta de evidencia, no en la fe.
EL AGNOSTICISMO
Hablemos ahora del agnosticismo. El agnosticismo es, dicho en palabras simples, la postura filosófica que sostiene que la existencia o no existencia de dioses o seres sobrenaturales es desconocida o no puede ser conocida. Los agnósticos no afirman ni niegan la existencia de dioses, sino que se enfocan en la limitación del conocimiento humano y la imposibilidad de tener certeza absoluta sobre la existencia o no existencia de entidades sobrenaturales.
Con respecto a esta postura se puede decir que ha sido reconocida incluso por la teología que habla de ella como el fin último de la filosofía al examinar la cuestión de la existencia de dios: “El camino del filosofar moderno conduce, como muchos lo admiten, a la aporía metafísica, al agnosticismo, a la clara conciencia de no poder seguir conociendo, a la aceptación del límite”. (Schlette, “¿Qué es Teología?”, 1969, p. 15).
Cómo podemos ver, a diferencia del ateísmo que tiende a ser cientificista, el agnosticismo es una postura más bien filosófica.
LAS RELIGIONES DE ABRAHAM
Ahora bien, en relación con la fe y las religiones de Abraham que son el Judaísmo, el Cristianismo, el Islamismo y demás derivados, podemos decir que estas se basan en la creencia en la existencia de un dios o ser sobrenatural que es objeto de adoración y reverencia, sin embargo, al contrario del ateísmo y el agnosticismo, cuentan con un elemento que les permite hacer todo esto sin necesidad de evidencias o dudas, lo que es conocido con el nombre de “Fe”. La Fe es la confianza o creencia plena en algo que no se puede demostrar o probar empírica, científica, o de cualquier otra forma.
A pesar de que el ateísmo puede llegar a considerar que la fe y la razón son irreconciliables, lo cierto es que la teología a lo largo de su historia se ha encargado de hacer un intento de trabajar con ambas de manera que no sean mutuamente excluyentes, pero esto significa que lo que ha hecho ha sido poner a trabajar la razón en servicio de la fe. Cómo dijo el teólogo y filósofo San Agustín de Hipona ya desde hace casi dos mil años, "Creo para entender" (Crede ut intelligas, Sermón 43, capítulo 9).
La teología cristiana tradicionalmente ha considerado que la Fe debe guiar la razón y moldear sus argumentos:
"La teología sería la señora de la filosofía; la teología se erige así en un árbitro que decide si el filosofar camina sobre senderos justos o equivocados y prescribe a la filosofía —en cuánto a la llamada "norma negativa" — cuáles son las ideas que debe producir" (Schlette, "¿Qué es Teología",1969, p. 12).
Es decir que, desde la perspectiva religiosa, toda conclusión debe partir, indudablemente, de algo que rechaza la evidencia de cualquier tipo.
“Si lo entiendes no es Dios”. (San Agustín de Hipona, sermón 117, capítulo 4)
UNA PERSPECTIVA MÁS FILOSÓFICA
Si queremos hablar desde una perspectiva que intenta ser más filosófica, entonces tenemos que, como vimos anteriormente, enfocarnos más bien en el agnosticismo.
Desde una visión agnóstica, como sabemos, no es posible comprometernos con la existencia o la inexistencia de algún dios. Sin embargo, esto no significa que no se pueda evaluar, de algún u otro modo, la posibilidad de la existencia de un dios en específico. Es, de hecho, lo más razonable, filosóficamente hablando, evaluar la probabilidad de la existencia de los dioses dependiendo de su naturaleza y las características que se les atribuyen.
Es decir que, a pesar de tener una perspectiva agnóstica, se puede determinar cuáles dioses son más o menos probables e inclusive llegar a una especie de “ateísmo particular”.
Para comenzar a evaluar las probabilidades de la existencia de uno u otro dios lo primero que habría que hacer, necesariamente, es definirlo. Con respecto al dios de las religiones Abrahamicas podemos decir que empezamos con el pie izquierdo, pues como lo afirma la frase de San Agustín de Hipona este dios no puede ser entendido y, por tanto, tampoco puede ser definido. Desde la perspectiva de estás mismas religiones también sabemos que la fe es creer y tener confianza en algo sin necesidad de evidencias, hasta aquí podemos decir que esta concepción es incuestionable y correcta desde la perspectiva de sus devotos.
Hallamos, entonces, una importante inconsistencia con las creencias cientificistas ateas que consideran necesario dar evidencias empíricas, pues la naturaleza de esta deidad justamente no puede ser definida y mucho menos dar evidencias. Entendemos, pues, por qué desde una perspectiva cientificista el dios abrahamico es un ser que no puede existir: La concepción cientificista no admite la existencia de nada que no pueda pasar por el rigor del método científico y, en este caso particular, este dios rechaza esa posibilidad.
Y más aún, para debatir o determinar la existencia de algo se debe definir qué es aquello, pues es imposible determinar o debatir la existencia de algo que no se puede definir.
Encontramos así, también, por qué lo más prudente desde una perspectiva agnóstica es la imposibilidad de determinar la existencia de una deidad como la de Abraham, pues algo que no puede ser definido tampoco puede ser demostrado desde un método filosófico.
En cuanto al ateísmo y al agnosticismo podemos ver qué no son incompatibles dependiendo del caso del que hablemos.
Pero a pesar de que Dios no puede ser definido y, por tanto, no puede ser demostrada su existencia, también es importante mencionar que dentro de estás religiones se considera que la razón debe de estar sometida a la fe.
Ahora bien, más allá de nuestra postura agnóstica frente a la imposibilidad de definir y demostrar la existencia de lo que se conoce como Dios, la pregunta fundamental es si estamos dispuestos a renunciar a nuestro propio razonamiento y pensamiento crítico para adoptar las creencias y costumbres de un grupo que afirma poseer la verdad absoluta.
Debemos saber si estamos dispuestos a dejar que un dogma nos indique cómo debemos razonar.
CONCLUSIÓN
Al final, si bien no tenemos evidencias de un creador del universo, sí tenemos evidencia de que no puede haber evidencia de la existencia o inexistencia de un dios como el de las religiones Abrahámicas. Lo único que sustenta su existencia es la fe, que se presenta como una creencia arbitraria y no probada.
Podemos hablar, entonces, de un ateísmo filosófico que rechaza la fe como eje principal de cualquier razonamiento. Esta postura no se basa en un ateísmo cientificista que requiere demostrar la existencia de Dios mediante evidencia empírica, sino en la idea de que la razón debe ser libre de dogmas y creencias arbitrarias.
Pues la razón debe liberarse de ideas preconcebidas para buscar la realidad con objetividad y sin limitaciones.
En este sentido, podemos ser agnósticos en cuanto a la existencia de un ser creador, pero ateos en cuanto a la existencia de un dios que exige fe ciega y dogmática. La fe, en este contexto, se parece más bien a la arrogancia, ya que implica afirmar la verdad absoluta de una creencia sin justificación alguna.
Así pues, se puede ser agnóstico en cuanto a la existencia de un ser creador, pero mantenernos intelectualmente humildes siendo ateos en cuanto a la existencia de un dios que exige fe ciega, dogmática y arrogante.
La fe sin razón crítica es una forma de sometimiento intelectual, mientras que la razón sin fe dogmática es la condición para una verdadera libertad de pensamiento.
Sea cual sea nuestra postura, que nuestra máxima sea la siguiente: La auténtica sabiduría radica en la investigación incesante de la realidad, más allá de la creencia dogmática.
—Osvaldo Salazar