05/04/2026
LA MUERTE Y EL CABALLERO
Sin méritos aparentes, este poema tiene para mi un valor especial. Del 6 al 13 de mayo de 1929 fui sometido en la Rotunda de Caracas a la tortura del hambre. Incomunicado con reja y "cortina doble", con un par de grillos de 80 libras en los pies, por toda cama el suelo y con hambre de varios dias. ví cómo alguien pasaba por debajo de la reja un libro con tipo de breviario. Era la Imitación de Cristo; por algo escrito supe que pertenecía a Doña Nieves Villegas de Córdoba, aquella valiente y hermosa señora que con tanta intrepidez combatió la tiranía de Juan Vicente Gómez. Con el libro venia un trocito de lápiz.
Pude leer durante algún tiempo; la debilidad me vencia. En las páginas más blancas del Kempis escribi este poema. Una noche pasé de nuevo el libro a las manos amigas que lo esperaban. No volví a saber ni del libro ni del poema. Muchos años después una copia llegó a mis manos. Lo incluyo en este libro, sin considerar su calidad literaria y atendiendo sólo a lo que fue: reflejo de la resolución, testimonio de la tranquilidad del espiritu en una de las horas más tenebrosas que he vivido.
El poeta.
LA MUERTE Y EL CABALLERO.
Oye, hermano, la linda historia
de la Muerte y el Caballero
que le ocurrió al Niño Jesús
cuando era niño carpintero.
Y al oírla piensa en la gloria
de un gran dolor y un gran denuedo
y en como el sufrir es el vino
que embriaga a las almas sin miedo.
Sucedió que en niño Jesús,
cuando era niño carpintero,
regresaba una vez del bosque
trayendo en el hombro un madero.
_Como pesa, madre, este leño.
¡Me duelen los hombros! _decía;
y le enjugaba los sudores
la señora Santa María.
San José le dijo: _Has sufrido,
pero te he de hacer un regalo:
con el madero que trajiste
te haré un caballito de palo.
Con el viejo tronco sin vida
hizo un caballo el carpintero
y el leño parecía un arbusto
florecido en el caballero.
El niño detuvo su potro
y con serena gracia habló:
_Tú me cabalgaste, madero;
ahora te cabalgo yo.
Pasaron veinte años. Un día
marchaba Jesús al martirio
con una cruz sobre los hombros
_el peñasco encima del lirio.
_¡Como pesa, madre, este leño!_
Y Jesucristo sonreía
y con su llanto caminaba
la señora Santa María.
Llegó al Calvario y dijo Cristo:
_Esta es mi cruz y mi regalo;
con el madero que me duele
haré un caballito de palo.
Lo clavaron: quedó sembrado
y desde arriba Cristo habló:
_Tú me cabalgaste, madero,
ahora te cabalgo yo.
Sobre el viejo leño sin vida
quedó el hijo de Dios clavado
y la cruz parecía un arbusto
florido en el Crucificado.
Pero ante el asombro de todos
azuzó Jesús el madero
y galoparon cielo arriba
el caballo y el Caballero.
Hermano: la cruz es la gracia
de Dios en el alma del fuerte.
Pídele un caballo de palo
al Caballero de la Muerte.
Andrés Eloy Blanco.
Caracas, 10 de mayo de 1929.