11/09/2016
LAS TORRES MALIGNAS
Con ojos incrédulos vimos caer aquellas míticas torres gemelas, sin preveer que aquel acto desproporcionado cambiaría la forma de ver y vivir este mundo, incluso para aquellos que salieron a las calles a celebrar o, que pensaron, que viviendo lejos, esas imágenes de terror, no les afectaban.
Cientos de cosas se modificaron en nuestra relación geopolítica con el resto de las naciones y la convivencia ciudadana se vio trastocada. Probamos como nunca, el sentimiento de la no libertad, el sabor de la sospecha y la vigilancia extrema. Nunca fuimos ciudadanos libres pero despúes de esa fecha, jamás lo volveríamos siquiera a considerar.
Las consecuencias de aquellos actos desproporcionados se siguen sintiendo y son mucho más fuertes de lo que quisieramos: En Uruguay, sin ir lejos, la rocambolesca historia del sirio Jihad Diyab es una consecuencia indirecta o un daño colateral, si le quieren llamar, de aquel destructivo septiembre 9 y ya ni hablar de la supervigilancia a la que somos sometidos todos los días a través de nuestras interacciones internaúticas, 'inclusiones financieras' o aparentemente inofensivos actos como los Likes de nuestro Facebook.
Todo fue peor desde aquel día y, como si fuera el hongo atómico de Hiroshima que tardó años en disipar su malignidad o del accidente "secreto" de Shernobyl, la sombra del derrumbe de aquellas torres gemelas, nos perseguirá durante mucho tiempo y creánme, no cesará cuando el Sirio Diyab encuentre la felicidad.
Harán falta muchos años, muchos contenedores para terminar de juntar los pedazos de cristal que volaron en pedazos esa mañaña brumosa de hace 15 años.
Salomón Reyes