14/06/2026
Carlos Páez Vilaró hizo del sol una lengua propia.
Lo pintó durante décadas. Lo volvió rostro, ronda, ceremonia, despedida y celebración.
En su obra, el sol nunca aparece como paisaje decorativo. Aparece como una presencia viva.
Una energía que mira, acompaña, abraza y vuelve cada día con la misma promesa.
Esa devoción luminosa atraviesa también la historia de Casapueblo. Cada tarde, cuando el sol baja sobre Punta Ballena, la casa se transforma en un punto de encuentro. Visitantes de distintos lugares se reúnen para participar de una ceremonia que nació del vínculo profundo de Carlos con la luz, con el mar y con una forma muy suya de celebrar la vida.
¿Qué recuerdo, sensación o imagen te llevaste de tu visita a Casapueblo?
Te leemos en comentarios y te esperamos en el museo para vivir la ceremonia diaria.