05/08/2026
5 de agosto de 2026
En junio conocí Ciudad de México y me dió vuelta: el verde, el arte, la gente, la calle, música inesperada, la comida, la historia, el dolor, la revolución, bordados por doquier. Me fui sabiendo que quiero volver pronto.
Fueron unas vacaciones un poco diferentes porque no me había llevado mi computadora, y por primera vez en muchos años, el trabajo remoto no me acechaba 24/7. Quería bordar algo en este viaje, o empezar el proceso de una pieza, pero casi siempre trabajo los diseños de manera digital, en la compu, y oops, ahora no había tal herramienta, así que compré un cuadernito cuadriculado y me puse manos a la obra.
Nació este -pi**he joto- muy nutrido por el viaje: el [joto] que es como un ‘marica’ mexicano, el unicornio que lo tomé de un caballito que vi en la INCREÍBLE sala de arte textil del museo de antropología, y así iba tomando forma de manera lentísima. Cada vez que quería iterar en un elemento, eso significaba empezar el boceto de cero. Punto a punto. Cuadrado a cuadrado.
Ahí reconecté (qué palabra trillada) con el proceso lento y detallado del hacer “en frío”, dijeran mis profes de diseño gráfico. Tener que hacerte cargo de cada línea, de cada x, ir dejando un trazo físico del proceso, sostener dos hojas delante de una lámpara para poder solapar los dibujos. Me reafirmé y envalentoné en la convicción de trabajar de manera lenta y manual, más que nada hoy en día, cuando los tech bros nos dicen que todo se puede acortar, agilizar, sistematizar. Esos tontuelos no saben lo que es la creatividad ni una aguja con hilo. Sí, ando monotemática con las cosas del último post.
Ah y me seducía mucho esto de experimentar un efecto “entrelazado” con punto cruz. Se podría decir que un éxito.