08/22/2026
Esta es una de esas historias que empiezan con algo tan sencillo como escuchar un sonido a lo lejos.
En un post anterior hablábamos del periódico y de esos objetos cotidianos que alguna vez fueron parte importante de nuestra manera de vivir, comunicarnos y recordar.
Hoy quiero hablarles de esa inspiración que me llevó a la obra "El carro de raspao".
En mi Barranquilla, aquel carro no era simplemente un vendedor ambulante. Era casi un vehículo de la felicidad. Lo escuchábamos llegar mucho antes de verlo, gracias a ese clapson que anunciaba que venía el momento más esperado.
Y entonces empezaba la negociación: ¿de kola? ¿de tamarindo? ¿Con leche condensada? 😏
Algo tan sencillo como un raspao podía convertirse en uno de esos recuerdos que se quedan guardados para siempre.
Y eso es precisamente lo que busco cuando creo.
No necesito grandes acontecimientos para encontrar una historia. Muchas veces están en la calle, en el barrio, en la familia, en aquello que vivimos sin imaginar que algún día lo recordaríamos con tanta emoción.
Porque estoy seguro de que ese carro de raspao también existe en la memoria de muchas personas, aunque tenga otro nombre, otro sabor o haya recorrido otra ciudad.
La anécdota puede cambiar. La emoción se parece muchísimo.
Por eso sigo llevando esas vivencias a mis obras, ya sea sobre un lienzo, una superficie inesperada o cualquier formato que me permita volver a contar lo que alguna vez me hizo feliz.
Porque para mí, crear también es eso.
Rescatar de la memoria esas pequeñas cosas que hicieron grande nuestra vida. 🧡