LA HISTORIA Y TRADICIÓN
En Pantanal existe una tradición que sus moradores han mantenido viva, es una danza, La Danza de Arqueros de Pantanal, esta expresión cultural que se encuentra enraizada en el misterio de los tiempo es un elemento que armoniza a toda la comunidad. En el paisaje de las tradiciones es de las conocidas como de arco y sonaja sus atuendos varían de acuerdo a su propia sub trad
ición (corona, faldilla, camisa, capa) y junto con la danza del hermano poblado vecino de El Refugio son las más vigorosas. En esta danza se destaca el uso del arco elaborado por el mismo danzante (de ahí su nombre) con madera de guácima, guayabo, limo u otro de la región y la sonaja de coastecomate o lamina, ambos elementos al agitarse y percutirse se amalgaman con el sonido de los pies al golpear el piso para establecer contacto con los dioses que moran en el centro de la tierra. Esta danza muy arraigada en la comunidad, con más de 100 años de antigüedad y práctica ininterrumpida fue fundada en 1905 por el señor Marcelino Valdez aun cuando se tiene registros que ya se practicaba de manera informal siendo don Marcelino quien la instituyó dándole la estructura y cohesión que aún conserva. Se distingue como un baluarte de identidad y orgullo para los lugareños y según cuentan los ancianos del lugar esta danza era bailada por indígenas quienes la legaron a las nuevas generaciones y a través de ella se ejercitaban para la protección de la comarca. Con ella se venera a San Francisco de Padua el 2 de abril y a San Francisco de Asís el 4 de octubre fechas en que se presenta y ocho días después en la Octava, que es una ceremonia religiosa con que concluyen las fiestas del pueblo. La construcción de la iglesia fue iniciada en 1925 sobre una ramada dedicada a la Divina Providencia y al terminar su edificación en 1948 termino siendo su santo patrón San Francisco de Paula o Pauda, lo anterior justifica que en un principio la danza era presentada para la Divina Providencia a inicios de año y posteriormente en las fechas ya descritas. Todo inicia con los ensayos un mes antes de su presentación en el atrio de la iglesia a partir de las 8 de la noche, hora que sus integrantes ya concluyeron sus jornadas laborales y de estudio, lo que les permite ventilar y tomar acuerdos respecto a todos los temas referentes a la danza (En un principio se ensayaba frente la casa de Don Juan M. Cruz, única persona que tenia lámpara de petróleo). Para su ejecución los danzantes bailan todos sus sones tres veces al día: 6 de la mañana, 12 del medio día y siete de la noche, la danza parte de las vías del ferrocarril siendo toda una romería a la que acuden propios y extraños hasta llegar al atrio de la iglesia. Se colocan de cara al templo en dos largas líneas compuestas por un músico, el ensayador y 24 danzantes entre ellos 4 malinches, dos capitanes (meco y meca), y el resto de danzantes e inician la interpretación de sus 12 sones mas el adiós: El torito, La culebra chica, La culebra grande, El columpio, Los mecos, La cueva, La Cruz, La mula, El mañado, La capirotada, Los bules, Los Tecomates, y El adiós. Al concluir, exhaustos los danzantes se quitan la corona descubriendo sus rostros lo que provoca gran expectación entre familiares, lugareños y visitantes quienes gustosos les brindan aplausos, vivas y abrazos a sus ídolos protagonistas.