03/28/2025
Desde Fundación Diálogo:
El celibato obligatorio es una de esas normas que no está en el Evangelio, que no es un dogma, no está en toda la Iglesia, no existió así al principio, sino que es una tardía disciplina arbitraria con la cual se controla a un varón para fines eclesiásticos. Se le hace creer que es tan sagrado por esa "renuncia anormal", que está “angélicamente” por encima de la unión conyugal, la creación genesíaca del ser humano. Pero ya vemos como terminan muchos de tales "ángeles": con abusos propios de demonios. Debe ser por aquello que dice Jesús: "el que se ensalza será humillado" (Lc 14,11)
EL SACERDOTE CASADO, PROFETA DE LA REFORMA QUE LA IGLESIA NECESITA (1º parte)
Guillermo Jesús Kowalski
Los últimos informes de la Bélgica que visita Francisco, dicen que en pocos años ha perdido 1000 sacerdotes y descendido un 40% la asistencia a Misa. No creo que se hayan mu**to 1000 sacerdotes (un tercio del clero). Deduzco entonces que al decir que se “perdieron” existe una imprecisión maliciosa que muestra el sesgo clericalista de quien da la noticia.
Los sacerdotes casados no se “pierden”, sino que son expulsados, anulados, descartados por el clericalismo vigente cuando se casan “públicamente” (ya que la doble vida semioculta de muchísimos, es de serie, de toda la vida). Todo un gran potencial capital humano que lleva años para formarse, se destruye porque “se casan públicamente” y según el clericalismo, “traicionan” el exclusivo círculo de los que mandan en la Iglesia. Es la manipulación del sacramento del Orden Sagrado para ponerlo al servicio de una casta "sacralizada".
El clericalismo es un autoritarismo que busca controlarlo todo. Basta ver cómo el código de derecho canónico, que ignora la evolución del derecho occidental y ha sido escrito para proteger a la jerarquía, tiene más páginas que el mismo Evangelio. Como los fariseos que se enfrentaban con Jesús, que tenían 613 normas que aplicaban arbitrariamente, a tal punto que con ellas condenaron al Hijo de Dios.
Normas inventadas por ellos con las que se entrometían con todo “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” (Mt 23, 24). “Recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del in****no dos veces más que vosotros”. (Mt 23,15). El fariseísmo no es una anécdota del pasado sino una tentación permanente de toda religión. La amenaza de encerrar a Dios en leyes humanas de un grupo, siempre estará latente.
El celibato obligatorio es una de esas normas que no está en el Evangelio, que no es un dogma, no está en toda la Iglesia, no existió así al principio, sino que es una tardía disciplina arbitraria con la cual se controla a un varón para fines eclesiásticos. Se le hace creer que es tan sagrado por esa "renuncia anormal", que está “angélicamente” por encima de la unión conyugal, la creación genesíaca del ser humano. Pero ya vemos como terminan muchos de tales "ángeles": con abusos propios de demonios. Debe ser por aquello que dice Jesús: "el que se ensalza será humillado" (Lc 14,11)
De este modo se lo castra y somete desde su identidad más profunda para que sirva a los intereses de una casta brahamánica, autorreferencial y misógina. El celibato obligatorio es un mecanismo de control y dominación social, con consecuencias afectivas, psicológicas y económicas que atan al clérigo. La prueba está en que cuando éste, valiente o ingenuamente lo “transgrede públicamente” casándose, queda totalmente desprotegido laboral, eclesial, jubilatoria, social y económicamente. Como es necesario que su "ejemplo"no cunda,, porque pone en duda el sistema, se pone en práctica el escarnio, en toda la corporación eclesiástica.
Aquellos que por ese "temor reverencial" inculcado desde la niñez por la institución, deciden hacer el proceso canónico de pedir la "dispensa en el ejercicio del ministerio sacerdotal", son sometidos a un procedimiento vejatorio que no hace otra cosa que humillar y dejar en claro su "indignidad" y la "condescendencia" del organismo eclesiástico.
Casarse no es un pecado ni un delito. Sin embargo es tratado como el más grande de los pecadores, más que los pederastas ya que a estos se los suele cambiar de sitio para "no escandalizar", salvo que la presión mediática "no deje otra opción".
El sacerdote cuando se casa, es mala palabra que no se pronuncia más. Es degradado, expulsado al ostracismo eclesial, abandonado a su suerte. Se convierte en un "desaparecido" por la cultura de cancelación clerical. Se borran sus huellas, e incluso su expediente es trasladado en las curias a lugares "secretos" y bajo llave, para que no haya el más mínimo rastro de su paso por el ministerio ni se tenga constancia de las obras que ha realizado. Si alguien llama a la curia preguntando por él, se suele negar su existencia, desconocerlo o se informa sutil e insidiosamente.
Por eso tantos no se animan a dar el gran paso, prefieren mantener dobles vidas para sobrevivir y se justifican pensando: “a medidas hipócritas, respuestas hipócritas”. Son históricamente conocidos los casos de sacerdotes, obispos, cardenales y papas cuyas dobles vidas han salido a la luz. Ni hablemos de los que ocultan delitos sexuales, que llenan los titulares de las últimas décadas.
(Continuará)