Letras con Sentidos

Letras con Sentidos En este espacio , las palabras encuentran su forma más clara, hermosa y poderosa . Proceso de trabajo
1.

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Misión
En Letras con Sentido creemos en el poder transformador de las palabras. Nos dedicamos a ofrecer servicios de redacción y edición que no solo cumplen con las expectativas, sino que tocan el corazón de quienes las leen. Ya sea para un mensaje formal o personal, trabajamos con pasión, precisión y compromiso, adaptándonos a las necesidades únicas

de cada cliente. Visión
Convertirnos en una referencia en servicios de redacción y corrección de textos en español y francés, brindando calidad y confianza a personas y empresas que buscan transmitir sus ideas de manera clara, auténtica y profesional. Nos esforzamos por expandir nuestra presencia en todo Canadá y República Dominicana, celebrando la diversidad lingüística y cultural. Valores
• Compromiso: Entregamos siempre lo mejor, con cada palabra que escribimos.
• Confianza: Trabajamos para que nuestros clientes sientan la seguridad de que su mensaje será escuchado y entendido.
• Diversidad e Inclusión: Valoramos las diferencias culturales, lingüísticas y sociales, adaptando nuestros textos a cada contexto.
• Creatividad: Buscamos siempre una forma única de expresar cada idea, sin perder el toque humano. Consulta inicial: Nos reunimos contigo para entender tus necesidades y objetivos.
2. Redacción o corrección: Creamos o mejoramos el texto, manteniendo tu voz y mensaje.
3. Revisión y entrega: Te presentamos el texto, realizando ajustes hasta que quedes completamente satisfecho.
4. Entrega final: Enviamos el producto terminado en el formato que prefieras (digital o impreso). Tiempos de entrega
Dependiendo de la complejidad del trabajo, los tiempos de entrega pueden variar. Para cartas simples y correcciones rápidas, ofrecemos entregas de 24 a 48 horas. Para proyectos más largos o complejos (como discursos o textos biográficos), el plazo puede ser de entre 3 y 7 días hábiles. Métodos de pago
Aceptamos pagos a través de transferencia bancaria, PayPal o mediante e-transfer, según la preferencia del cliente. Ofrecemos tarifas competitivas y adaptadas a cada tipo de proyecto.

Ce qui ne sait pas revenirJuan GervacioIl y a des choses qui reviennent avec la même patience qu’autrefois :la lumière q...
09/02/2026

Ce qui ne sait pas revenir

Juan Gervacio

Il y a des choses qui reviennent avec la même patience qu’autrefois :
la lumière qui se dépose sur les balcons,
le mouvement des ailes qui traverse l’après‑midi,
ces gestes qui semblent se répéter
comme si le monde refusait d’oublier sa routine.

Mais ce qui, un jour, s’est arrêté devant toi
avec une délicatesse impossible à reproduire,
ce qui a reconnu ta présence
comme une révélation silencieuse,
cela ne trouve plus le chemin du retour.
Il existe des instants uniques
qui ne savent pas se répéter.

La vie du jardin continue sans demander la permission.
Les plantes montent, s’ouvrent, respirent,
comme si chaque jour était le premier.
La beauté revient, oui,
mais ce n’est plus celle que nous regardions ensemble
quand l’eau tremblait sur les feuilles
et parlait un langage que nous seuls comprenions.

Reviennent aussi les paroles qui cherchent à réveiller le cœur,
ces voix qui tentent de toucher ce qui dort au fond de toi.
Peut‑être qu’un jour tu en entendras une qui te bouleverse,
peut‑être que quelque chose en toi répondra.
Mais ce ne sera pas ce silence partagé,
ni cette manière d’être à genoux
devant ce que nous ne savions pas nommer.

Il y a des choses qui reviennent.
Et il y en a d’autres qui, pour avoir été vraies,
ne savent plus revenir.

Letras con sentido

Lo que no sabe volverJuan GervacioHay cosas que regresan con la misma paciencia de siempre:la luz que se posa en los bal...
09/02/2026

Lo que no sabe volver

Juan Gervacio

Hay cosas que regresan con la misma paciencia de siempre:
la luz que se posa en los balcones,
el movimiento de las alas que atraviesan la t**de,
los gestos que parecen repetirse
como si el mundo insistiera en no olvidar su rutina.

Pero aquello que una vez se detuvo frente a ti
con una delicadeza irrepetible,
lo que reconoció tu presencia
como si fuera un descubrimiento sagrado,
eso ya no encuentra camino de vuelta.
Hay instantes que fueron únicos
y no saben repetirse.

La vida del jardín continúa sin pedir permiso.
Las plantas ascienden, se abren, respiran,
como si cada día fuera el primero.
La belleza vuelve, sí,
pero no es la misma que miramos juntos
cuando el agua temblaba sobre las hojas
y parecía hablar en un idioma que solo nosotros entendíamos.

También regresan las palabras que buscan despertar el corazón,
esas voces que intentan tocar lo que duerme en lo profundo.
Quizás un día escuches otra que te conmueva,
quizás algo en ti responda.
Pero no será aquel silencio compartido,
ni aquella forma de estar de rodillas
ante lo que no sabíamos nombrar.

Hay cosas que vuelven.
Y hay cosas que, por haber sido verdaderas,
no saben regresar.

Letras con sentido

Lettre‑poème — À ceux qui portent encore l’amour en silenceMon amour,il existe dans le cœur humain un lieu secret où brû...
09/01/2026

Lettre‑poème — À ceux qui portent encore l’amour en silence

Mon amour,
il existe dans le cœur humain un lieu secret où brûle une flamme ancienne :
l’amour à offrir,
l’amour pour le monde,
l’amour pour les âmes solitaires qui marchent parmi nous, fatiguées, vides, mais vivantes encore.

J’écris cette lettre pour elles, pour toi, pour moi, pour tous ceux qui gardent dans la poitrine
un éclat de lumière qui refuse de s’éteindre, même lorsque la vie devient lourde.

À ces âmes silencieuses qui se lèvent chaque matin avec le poids du jour sur les épaules,
à ceux qui soupirent de fatigue,
à ceux qui luttent et luttent encore
et dont l’effort ne suffit même pas pour remplir l’assiette,
je dis :
vous n’êtes pas seuls.

À ceux qui pleurent en secret dans une chambre sans témoin,
à ceux que personne ne console,
à ceux que personne n’écoute,
à ceux qui traversent nos rues comme des ombres qui croient encore à la lumière,
je dis :
il y a un amour pour vous.
Un amour qui ne demande rien,
qui ne juge pas,
qui ne se retire jamais.

Cet amour — celui que nous avons toujours porté dans le cœur —
est un pont invisible qui touche ceux qui n’attendent plus rien.
C’est la main qu’on ne voit pas,
la parole qu’on ne prononce pas,
mais qui soutient, qui relève, qui réchauffe.

Car même si le monde semble froid,
même si la vie paraît injuste,
même si l’âme se sent vide,
il existe encore un amour né de la compassion,
de la tendresse,
de l’humanité qui refuse de mourir.

Et cette lettre est là pour le rappeler :
l’amour que nous portons en nous
n’est pas seulement pour nous‑mêmes,
mais pour le monde entier,
pour chaque cœur épuisé,
pour chaque esprit qui lutte encore,
pour chaque vie qui respire malgré la douleur.

Mon amour,
que ces mots atteignent l’âme
de celui ou celle qui en a besoin.
Qu’ils soient refuge,
qu’ils soient présence,
qu’ils soient un petit miracle dans le silence du jour.

Letras con sentido
Juan Gervacio

Carta‑Poema — A los que aún aman en silencioAmor,hay un lugar dentro del corazón humano donde siempre ha vivido una llam...
09/01/2026

Carta‑Poema — A los que aún aman en silencio

Amor,
hay un lugar dentro del corazón humano donde siempre ha vivido una llama:
amor para dar,
amor para sostener,
amor para aquellos que caminan rotos pero siguen de pie.

Escribo esta carta para ellos, para ti, para mí, para todos los que llevan en el pecho
un pequeño resplandor que no se apaga aunque la vida duela.

A las almas solitarias que hoy despertaron con el peso del mundo en los hombros,
a los que suspiran por cansancio,
a los que luchan y luchan
y aun así el día no les alcanza ni para comer,
les digo:
no están solos.

A los que lloran en silencio en una habitación sin testigos,
a los que nadie escucha,
a los que nadie consuela,
a los que caminan entre nosotros como sombras que todavía creen en la luz,
les digo:
hay amor para ustedes.
Un amor que no exige,
que no pregunta,
que no juzga.

Este amor —el que siempre hemos tenido en el corazón—
es un puente invisible que toca a quienes ya no esperan nada.
Es la mano que no se ve,
la palabra que no se pronuncia,
pero que sostiene.

Porque aunque el mundo parezca frío,
aunque la vida parezca injusta,
aunque el alma parezca vacía,
todavía existe un amor que nace de la compasión,
de la ternura,
de la humanidad que se niega a morir.

Y esta carta es para recordarlo:
que el amor que llevamos dentro
no es solo para nosotros,
sino para el mundo entero,
para cada corazón cansado,
para cada espíritu que aún lucha,
para cada vida que respira aunque duela.

Amor,
que estas palabras lleguen hasta el alma
de quien las necesite.
Que sean abrigo,
que sean compañía,
que sean un pequeño milagro en medio del día.

Letras con sentido
Juan Gervacio

🌙 Solitude(prose poétique, narrative et philosophique)Il existe des moments où la vie s’arrête sans prévenir, comme si l...
08/26/2026

🌙 Solitude

(prose poétique, narrative et philosophique)

Il existe des moments où la vie s’arrête sans prévenir, comme si le temps voulait montrer qu’il existe un lieu plus profond que la routine et plus silencieux que n’importe quel souvenir. Ce lieu n’est ni absence ni abandon : c’est une forme de clarté. Une chambre intérieure où tout ce que l’on a été s’ordonne sans bruit.

La solitude n’arrive pas comme un vide. Elle se présente comme une présence qui exige de la sincérité. Dans cet espace, il n’y a ni masques, ni témoins, ni versions embellies de soi-même. Il n’existe que la vérité qui apparaît lorsque le monde cesse de nous regarder. Et dans cet instant, on découvre que la solitude n’est pas un territoire hostile, mais un miroir qui renvoie l’image la plus précise de ce que nous sommes.

Parfois, il suffit d’un geste, d’une lumière, d’une coïncidence infime pour que cette présence s’éveille. Ce n’est pas de la nostalgie, même si elle touche la mémoire. Ce n’est pas de la tristesse, même si elle frôle ce qui a été perdu. C’est plutôt une forme de lucidité : comprendre que certains affects ne nous accompagnent plus, mais qu’ils ont laissé une trace qui ne rivalise pas avec le présent. Une trace qui ne réclame aucune continuité, mais qui ne disparaît pas non plus.

La solitude enseigne que le temps ne détruit rien. Il réorganise. Il n’efface pas. Il transforme. Il n’arrache pas. Il épure. Et dans cette épuration, on découvre que ce qui a été vécu — ce qui a un jour soutenu le cœur avec innocence — ne se perd pas : cela devient une lumière discrète qui demeure au fond de la mémoire, éclairant sans exiger.

Il ne s’agit pas de revenir en arrière. Le passé n’est pas un pays où l’on peut retourner. Il s’agit plutôt de reconnaître que certaines expériences continuent de respirer en nous, même si elles n’ont plus de nom ni de visage. Elles demeurent comme des chambres silencieuses que l’on ne visite pas chaque jour, mais qui restent intactes lorsque l’on décide d’en ouvrir la porte.

La solitude, alors, n’est ni un refuge ni une punition. C’est une forme de compréhension. Une manière de regarder la vie sans ornements. Un espace où l’âme se reconnaît sans hâte, sans bruit, sans le besoin d’être autre chose que ce qu’elle est.

Et c’est pour cela que ce texte porte son nom : Solitude. Parce qu’il ne parle pas d’être sans quelqu’un, mais d’être avec soi-même de la manière la plus honnête possible.

Letras con sentido
Juan Gervacio

🌙 Soledad(prosa poética, narrativa y filosófica)Hay momentos en los que la vida se detiene sin anunciarlo, como si el ti...
08/26/2026

🌙 Soledad

(prosa poética, narrativa y filosófica)

Hay momentos en los que la vida se detiene sin anunciarlo, como si el tiempo quisiera mostrar que existe un lugar más hondo que la rutina y más silencioso que cualquier recuerdo. Ese lugar no es ausencia ni abandono: es una forma de claridad. Una habitación interna donde todo lo que uno ha sido se ordena sin ruido.

La soledad no llega como un vacío. Llega como una presencia que exige honestidad. En ella no hay máscaras, no hay testigos, no hay versiones decoradas de uno mismo. Solo existe la verdad que aparece cuando el mundo deja de mirarnos. Y en ese instante, uno descubre que la soledad no es un territorio hostil, sino un espejo que devuelve la imagen más precisa de lo que somos.

A veces basta un gesto, una coincidencia mínima, para que esa presencia se active. No es nostalgia, aunque toque la memoria. No es tristeza, aunque roce lo que se perdió. Es más bien una forma de lucidez: comprender que hay afectos que ya no acompañan, pero que dejaron una huella que no compite con el presente. Una huella que no reclama continuidad, pero tampoco desaparece.

La soledad enseña que el tiempo no destruye. Reacomoda. No borra. Transforma. No arranca. Depura. Y en esa depuración, uno descubre que lo vivido —lo que alguna vez sostuvo el corazón con inocencia— no se pierde: se convierte en una luz discreta que permanece en el fondo de la memoria, iluminando sin exigir.

No se trata de volver atrás. El pasado no es un país al que se pueda regresar. Se trata de reconocer que ciertas experiencias continúan respirando dentro de nosotros, aunque ya no tengan nombre ni rostro. Permanecen como habitaciones silenciosas que no se visitan todos los días, pero que siguen intactas cuando uno decide abrir la puerta.

La soledad, entonces, no es un refugio ni un castigo. Es una forma de comprensión. Una manera de mirar la vida sin adornos. Un espacio donde el alma se reconoce sin prisa, sin ruido, sin la necesidad de ser otra cosa que lo que es.

Y por eso este texto lleva su nombre: Soledad. Porque no habla de estar sin alguien, sino de estar con uno mismo de la manera más honesta posible.

Letras con sentido
Juan Gervacio

Con Joba.do – ¡Acabo de entrar en su lista de participación semanal por ser una de las personas que más interactuó! 🎉
08/26/2026

Con Joba.do – ¡Acabo de entrar en su lista de participación semanal por ser una de las personas que más interactuó! 🎉

Con Ingrid Sosa – ¡Estoy en racha! Van 11 meses seguidos que soy fan destacado. 🎉
08/26/2026

Con Ingrid Sosa – ¡Estoy en racha! Van 11 meses seguidos que soy fan destacado. 🎉

CEUX QUI LUTTENT EN SILENCEIl existe des personnes qui ont appris à lutter sans faire de bruit.Non pas parce qu’elles ma...
08/20/2026

CEUX QUI LUTTENT EN SILENCE

Il existe des personnes qui ont appris à lutter sans faire de bruit.

Non pas parce qu’elles manquent de mots, mais parce que la vie leur a appris que celui qui parle le plus fort n’est pas toujours celui qui a raison, et que le silence d’un être humain épuisé peut parfois contenir davantage de dignité que tous les discours prononcés depuis une tribune.

Ce sont des hommes et des femmes qui ont étudié pendant que d’autres héritaient des occasions.

Ils ont passé des nuits entières devant des livres, tandis que d’autres dormaient paisiblement, sachant que leur nom de famille leur ouvrirait les portes qu’eux-mêmes ne faisaient que rêver de franchir.

Ils se sont préparés.

Ils se sont sacrifiés.

Ils ont obtenu des diplômes, acquis des connaissances, développé des compétences et appris à exercer leur profession avec sérieux et responsabilité.

Ils croyaient que l’effort parlait un langage universel et que, tôt ou t**d, la compétence finirait par trouver sa place.

Puis, un jour, ils ont découvert une vérité douloureuse :

être compétent ne suffit pas toujours.

Il existe des sociétés où les occasions ne vont pas nécessairement vers le talent.

Parfois, elles s’arrêtent devant une amitié.

Elles demandent un nom.

Elles cherchent une recommandation.

Elles attendent un appel.

Elles veulent savoir qui vous connaît, qui vous soutient, à quel cercle vous appartenez ou quelle influence est capable de prononcer votre nom au bon endroit.

Alors, le professionnel qui s’est préparé pendant des années commence à se demander, en silence :

« Pourquoi ai-je tant étudié ? »

Ce n’est pas nécessairement qu’il déteste la politique.

Parfois, il est simplement fatigué de ce que la politique a représenté dans sa vie.

Il a vu des personnes accéder à des responsabilités sans avoir parcouru le chemin qu’il a dû lui-même parcourir.

Il a vu des personnes moins préparées occuper des fonctions pour lesquelles il se croyait prêt.

Il a vu des gens s’élever sans jamais connaître la difficulté d’attendre une véritable occasion.

Et tandis qu’il observe tout cela, il essaie de ne pas devenir un homme rempli de ressentiment.

Car c’est là une autre de ses luttes :

ne pas permettre à l’injustice qu’il a subie de faire de lui quelqu’un d’injuste.

Ne pas laisser la déception lui voler sa bonté.

Ne pas laisser l’indifférence des autres lui apprendre à devenir indifférent.

Alors, il continue.

Il continue à se lever.

Il continue à travailler.

Il continue à étudier.

Il continue à rêver, même s’il doit parfois cacher ses rêves afin que personne ne voie à quel point il souffre d’avoir attendu si longtemps.

Certaines personnes ont eu l’occasion d’entrer dans certains cercles, mais elles ont compris que, pour y rester, elles auraient dû renoncer à une part d’elles-mêmes.

Et elles ont préféré rester dehors.

Elles ont préféré la solitude de leur conscience au confort d’une place obtenue au prix de leurs principes.

Peut-être que personne ne les a applaudies pour cela.

Peut-être que personne n’a écrit leur nom dans un journal.

Peut-être que personne n’a jamais su quelles portes elles avaient volontairement choisi de ne pas franchir.

Mais elles le savent.

Et Dieu le sait aussi.

Car il existe des victoires qui n’apparaissent ni sur un curriculum vitae, ni sur une fiche de paie, ni sur une photographie officielle.

Il existe des victoires qui se remportent à l’intérieur de l’âme.

La victoire de rester honnête lorsque la malhonnêteté semble plus profitable.

La victoire de demeurer humble lorsque certains utilisent le pouvoir pour se croire supérieurs.

La victoire de conserver la foi lorsque les institutions humaines ont cessé d’inspirer confiance.

C’est peut-être pour cette raison que certains ont fini par se réfugier en Dieu.

Non pas parce qu’ils ont cessé de croire en l’être humain, mais parce que l’être humain leur a montré, trop souvent, les limites de sa propre humanité.

Dieu est alors devenu le dernier endroit où ils pouvaient déposer une espérance qui ne dépendait ni d’un nom de famille, ni d’une recommandation, ni d’un parti, ni d’un bureau, ni de la faveur d’une personne puissante.

Lorsque aucune porte ne s’ouvrait, ils priaient.

Lorsque personne ne répondait, ils priaient.

Lorsque leurs efforts semblaient inutiles, ils priaient.

Et certaines nuits, après avoir fait tout ce qui était humainement possible, ils s’endormaient avec une question qu’ils n’osaient prononcer devant personne :

« Seigneur, quand viendra mon tour ? »

Peut-être que Dieu ne répond pas toujours avec la rapidité que nous espérons.

Mais il est également possible que certaines réponses ne prennent pas la forme d’une porte qui s’ouvre, mais celle d’une force nouvelle pour continuer à marcher.

Car certains chemins ne se construisent pas avec des privilèges.

Ils se construisent avec la persévérance.

Certaines vies ne s’élèvent pas rapidement, mais lorsqu’elles atteignent enfin une certaine hauteur, elles portent en elles une profondeur que l’argent ne peut acheter et qu’aucun nom de famille ne peut transmettre.

Ceux qui ont lutté depuis le bas connaissent la valeur de chaque marche.

Ils savent combien une défaite peut peser lourd.

Ils savent ce qu’il en coûte de recommencer.

Ils savent ce que signifie sourire pendant la journée et pleurer en silence lorsque personne ne les regarde.

Et surtout, ils savent quelque chose d’extraordinaire :

la dignité ne consiste pas à tout posséder.

Elle consiste à ne pas se perdre soi-même en essayant d’obtenir quelque chose.

Alors, lorsque la société les traite d’échecs parce qu’ils n’ont pas encore atteint la place qu’ils méritent, ils devraient se souvenir d’une chose :

ce n’est pas parce que quelqu’un est en haut qu’il a gagné, ni parce que quelqu’un est encore en bas qu’il a perdu.

Certains sont en haut parce que quelqu’un les y a élevés.

D’autres sont encore en bas parce que personne ne leur a tendu la main.

Mais ces derniers possèdent quelque chose que personne ne peut leur offrir :

la certitude que chacun des pas qu’ils ont accomplis leur appartient.

Ils connaissent la fatigue de lutter sans protecteur.

Ils connaissent la tristesse de voir passer devant eux des occasions auxquelles ils étaient pourtant préparés.

Ils connaissent le goût amer d’être ignorés alors qu’ils savent qu’ils auraient pu faire les choses correctement.

Mais ils connaissent aussi quelque chose d’extraordinaire :

la valeur de rester eux-mêmes.

Et peut-être qu’un jour, lorsque la vie remettra chaque chose à sa juste place, ils découvriront que les portes qui ne se sont jamais ouvertes n’étaient pas nécessairement la fin de leur histoire.

Peut-être n’étaient-elles que le commencement d’une autre.

Une histoire dans laquelle ils n’auront plus besoin de demander la permission d’être eux-mêmes.

Une histoire où leur préparation trouvera enfin un sens.

Une histoire où leurs blessures ne seront plus une honte, mais un témoignage.

Car ceux qui luttent en silence ont eux aussi une histoire à raconter.

Ceux que personne ne voit.

Ceux dont personne ne parle.

Ceux qui continuent de préparer leurs bagages pour un voyage qui n’a pas encore commencé.

Ceux qui portent des diplômes entre leurs mains et des cicatrices dans leur âme.

Ceux qui ont compris que la véritable grandeur ne consiste pas à arriver les premiers, mais à parvenir au bout du chemin sans avoir perdu son humanité en route.

Et tandis que le monde continue de distribuer les occasions de manière imparfaite, ils continueront d’avancer.

Sans bruit.

Sans haine.

Sans renoncer à leurs rêves.

La tête haute et le cœur fatigué, mais toujours vivant.

Car ils croient encore en quelque chose.

Peut-être ne croient-ils plus aux promesses des hommes.

Peut-être ne croient-ils plus aux portes contrôlées par les autres.

Peut-être ne croient-ils plus aux cercles auxquels ils ont autrefois rêvé d’appartenir.

Mais ils croient en Dieu.

Et tant qu’une petite lumière demeurera allumée au fond de leur âme, même la nuit la plus longue devra un jour prendre fin.

Letras con sentido
Juan Gervacio

LOS QUE LUCHAN EN SILENCIOHay personas que aprendieron a luchar sin hacer ruido.No porque les falten palabras, sino porq...
08/20/2026

LOS QUE LUCHAN EN SILENCIO

Hay personas que aprendieron a luchar sin hacer ruido.

No porque les falten palabras, sino porque la vida les enseñó que no siempre quien grita más fuerte es quien tiene la razón, y que muchas veces el silencio de un ser humano cansado puede contener más dignidad que todos los discursos pronunciados desde una tribuna.

Son hombres y mujeres que estudiaron mientras otros heredaban oportunidades. Que pasaron noches enteras frente a un libro, mientras otros dormían tranquilos porque su apellido ya les había abierto las puertas que ellos apenas soñaban tocar.

Se prepararon.

Se sacrificaron.

Obtuvieron títulos, adquirieron conocimientos, desarrollaron capacidades y aprendieron a ejercer una profesión con responsabilidad. Creyeron que el esfuerzo tenía un lenguaje universal y que, t**de o temprano, la preparación encontraría su recompensa.

Pero un día descubrieron una verdad dolorosa: no siempre basta con estar preparado.

Hay sociedades donde las oportunidades no caminan necesariamente hacia el talento. A veces se detienen en la puerta de una amistad. Preguntan por un apellido. Buscan una recomendación. Esperan una llamada. Quieren saber quién te conoce, quién te respalda, a qué círculo perteneces o qué influencia puede pronunciar tu nombre.

Y entonces aquel profesional que durante años se preparó comienza a preguntarse, en silencio:

¿Para qué estudié tanto?

No es que odie la política.

A veces simplemente está cansado de lo que la política ha significado en su vida.

Ha visto cómo algunos llegan a posiciones de responsabilidad sin haber recorrido el camino que él tuvo que caminar. Ha observado cómo personas con menos preparación ocupan lugares para los cuales él se consideraba preparado. Ha visto ascender a quienes jamás conocieron la dificultad de esperar una oportunidad.

Y mientras contempla todo aquello, intenta no convertirse en un hombre resentido.

Porque esa es otra de sus luchas.

No permitir que la injusticia que ha recibido termine convirtiéndolo en alguien injusto.

No permitir que la decepción le robe la bondad.

No permitir que la indiferencia de otros le enseñe a ser indiferente.

Por eso continúa.

Continúa levantándose.

Continúa trabajando.

Continúa estudiando.

Continúa soñando, aunque a veces tenga que esconder sus sueños para que nadie vea cuánto le duele haber esperado tanto.

Hay personas que han tenido oportunidades de entrar en determinados círculos, pero descubrieron que para permanecer dentro tenían que renunciar a una parte de sí mismas.

Y prefirieron quedarse afuera.

Prefirieron la soledad de su conciencia a la comodidad de una posición conseguida a costa de sus principios.

Quizás nadie los aplaudió por eso.

Quizás nadie escribió sus nombres en un periódico.

Quizás nadie supo de las puertas que decidieron no cruzar.

Pero ellos lo saben.

Y Dios también.

Porque existen victorias que no aparecen en un currículum, ni en una nómina, ni en una fotografía oficial.

Hay victorias que suceden dentro del alma.

La victoria de seguir siendo honesto cuando la deshonestidad parece más rentable.

La victoria de continuar siendo humilde cuando otros utilizan el poder para sentirse superiores.

La victoria de conservar la fe cuando las instituciones humanas han dejado de inspirar confianza.

Y quizá sea por eso que algunos terminaron refugiándose en Dios.

No porque hayan dejado de creer en el ser humano, sino porque el ser humano les enseñó, demasiadas veces, sus límites.

Dios se convirtió entonces en el último lugar donde podían depositar una esperanza que no dependiera de un apellido, de una recomendación, de un partido, de una oficina o de una persona poderosa.

Cuando ninguna puerta se abría, oraban.

Cuando nadie respondía, oraban.

Cuando el esfuerzo parecía inútil, oraban.

Y algunas noches, después de haber hecho todo lo humanamente posible, se acostaban con una pregunta que no pronunciaban delante de nadie:

“Señor, ¿cuándo llegará mi oportunidad?”

Quizás Dios no siempre responde con la rapidez que esperamos.

Pero también es posible que algunas respuestas no lleguen en forma de una puerta abierta, sino en forma de fortaleza para continuar caminando.

Porque hay caminos que no se construyen con privilegios.

Se construyen con perseverancia.

Hay vidas que no ascienden rápidamente, pero cuando finalmente alcanzan una altura, llevan consigo una profundidad que el dinero no puede comprar y que ningún apellido puede heredar.

Aquellos que lucharon desde abajo conocen el valor de cada escalón.

Saben cuánto pesa una derrota.

Saben cuánto cuesta comenzar de nuevo.

Saben lo que significa sonreír durante el día y llorar en silencio cuando nadie los ve.

Y, sobre todo, saben que la dignidad no consiste en tenerlo todo.

Consiste en no perderse a uno mismo mientras se intenta conseguir algo.

Por eso, cuando la sociedad los llama fracasados porque todavía no han alcanzado el lugar que merecen, ellos deberían recordar algo:

No todo el que está arriba ha vencido, ni todo el que permanece abajo ha perdido.

Hay personas que están arriba porque alguien las levantó.

Y hay otras que todavía están abajo porque nadie les tendió la mano.

Pero estas últimas tienen algo que nadie puede regalarles:

la certeza de que cada paso que han dado les pertenece.

Ellos conocen el cansancio de luchar sin padrinos.

Conocen la tristeza de ver pasar oportunidades delante de sus ojos.

Conocen el sabor amargo de ser ignorados cuando saben que podían hacerlo bien.

Pero también conocen algo extraordinario:

el valor de seguir siendo ellos mismos.

Y quizá algún día, cuando la vida coloque cada cosa en su lugar, descubrirán que aquellas puertas que nunca se abrieron no eran necesariamente el final de su historia.

Tal vez eran simplemente el principio de otra.

Una historia donde no necesitarán pedir permiso para ser quienes son.

Una historia donde su preparación encontrará un propósito.

Una historia donde sus heridas no serán motivo de vergüenza, sino testimonio.

Porque los que luchan en silencio también tienen una historia que contar.

Y algunas de las historias más hermosas no comienzan con alguien que tuvo todas las oportunidades.

Comienzan con alguien a quien le cerraron muchas puertas y, aun así, decidió no cerrar su corazón.

Alguien que pudo llenarse de amargura, pero escogió conservar la ternura.

Alguien que pudo convertirse en aquello que tanto criticaba, pero decidió permanecer fiel a sus principios.

Alguien que perdió la confianza en muchas estructuras humanas, pero no perdió la capacidad de creer.

Y cuando ya no encontró dónde poner su esperanza, levantó los ojos al cielo.

No pidió riquezas.

No pidió poder.

No pidió estar por encima de nadie.

Solo dijo:

“Dios mío, dame fuerzas para no rendirme y ayúdame a seguir siendo bueno en un mundo que muchas veces no sabe qué hacer con las personas que todavía quieren hacer las cosas bien.”

Quizás esa sea la oración de todos los que luchan en silencio.

Los que nadie ve.

Los que nadie menciona.

Los que siguen preparando su equipaje para un viaje que todavía no comienza.

Los que llevan títulos en las manos y cicatrices en el alma.

Los que aprendieron que la verdadera grandeza no consiste en llegar primero, sino en llegar sin haber perdido la humanidad por el camino.

Y mientras el mundo continúa repartiendo oportunidades de manera imperfecta, ellos seguirán caminando.

Sin ruido.

Sin odio.

Sin renunciar a sus sueños.

Con la frente en alto y el corazón cansado, pero vivo.

Porque todavía creen en algo.

Quizás ya no en las promesas de los hombres.

Quizás ya no en las puertas que otros controlan.

Quizás ya no en los círculos donde alguna vez quisieron entrar.

Pero creen en Dios.

Y mientras exista una pequeña luz dentro del alma, incluso la noche más larga tendrá que terminar.

Letras con sentido
Juan Gervacio

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385, Yvon L’heureux Sud MCmasterville , Québec
Canada, KY
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