12/02/2026
Nuevo proceso de docencia en el Diplomado del CENAR
2/12/20260 Comentarios
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Por Marcel Douglas
Hay momentos en la vida docente en los que uno entiende que no se trata de repetir una metodología, sino de transformarla. Este nuevo proceso en el Diplomado del CENAR no nace de una moda pedagógica, sino de una necesidad profunda: formar actores y actrices conscientes, creadores y no solamente intérpretes.
Desde el primer encuentro algo fue evidente: el entusiasmo de los estudiantes era real, contagioso y profundamente comprometido. Llegaron con preguntas, con hambre de escena, con disposición al trabajo físico y a la reflexión crítica. Ese nivel de energía inicial marcó el tono del proceso.
Durante años he trabajado desde la escena, desde la práctica viva con Grupo Tablas, y esa experiencia hoy se convierte en el eje de mi docencia. No llego al aula únicamente como profesor, sino como alguien que ejerce, que investiga en escena y que entiende que el teatro no es teoría acumulada, sino experiencia encarnada.
Talento y compromiso: una generación con potencia
Me ha sorprendido gratamente el nivel de compromiso del grupo. No hablamos solamente de asistencia o puntualidad —que la hay—, sino de entrega. Los estudiantes asumen los ejercicios con rigor, se permiten el riesgo y sostienen procesos de exploración con madurez.
El talento también es evidente. Hay intuición escénica, escucha, capacidad corporal y, sobre todo, una sensibilidad que puede convertirse en lenguaje propio si se trabaja con disciplina. Eso es lo que estamos construyendo: técnica con conciencia.
Un espacio digno para la creación
Las instalaciones remodeladas del CENAR han sido un factor clave en esta nueva etapa. Encontramos un espacio limpio, amplio, funcional y profundamente agradable para el trabajo artístico.
Trabajar en un lugar digno transforma la experiencia pedagógica. La luz, el orden, la amplitud del espacio y las condiciones adecuadas para el entrenamiento físico generan respeto por el oficio. El entorno acompaña el proceso creativo y eleva el nivel de concentración.
Del alumno ejecutante al creador escénico
El cambio fundamental de este proceso es claro: el estudiante no viene a “aprender a hacer”, viene a descubrir cómo crear.
Ya no partimos de la imitación de modelos externos. Partimos del cuerpo, del espacio y de la acción real. Trabajo con ellos desde tres pilares:
Conciencia corporal y espacial
El cuerpo como territorio poético. El espacio no como fondo, sino como dramaturgia viva.
Acción y no representación
No buscamos “hacer como si”, sino permitir que la acción escénica nos transforme. El actor no fuerza una emoción; construye condiciones para que algo ocurra.
Pensamiento crítico del oficio
Cada ejercicio tiene un marco teórico claro. La teoría no es discurso vacío: es herramienta.
Evaluar procesos, no solo resultados
La evaluación se concibe como seguimiento consciente del proceso. Observamos, analizamos y retroalimentamos constantemente. El estudiante entiende qué está construyendo y por qué.
Una pedagogía del riesgo y la verdad
Este nuevo proceso exige compromiso, disciplina y apertura. Pero también está generando algo poderoso: una comunidad de aprendizaje con identidad, entusiasmo y visión.
Hoy puedo decir con certeza que esta cohorte del Diplomado del CENAR no solo tiene talento; tiene carácter. Y cuando el talento se encuentra con el compromiso, el resultado siempre es escena viva.
Para mí, como docente y creador, este proceso representa una etapa de madurez y esperanza. El teatro salvadoreño necesita espacios formativos sólidos, y el CENAR hoy se posiciona como un lugar digno, renovado y lleno de futuro.