27/11/2020
Santa Mazorca
Una de las obras que más disfruté recrear, nos aseguramos de rescatar a la cruz del sur en los lunares de ,no en vano el maíz ha sido deidad de tantas culturas en América.
Pero hay algo más urgente de comunicar, es un pedido de auxilio a la conciencia colectiva, por favor presten un minuto de su tiempo pe ñanduhağua lo que tengo por compartirles, es un informe del Ingeniero Agrónomo Pablo Angulo que hace unos años decía:
Es importante señalar que las
10 razas paraguayas de maíz están
presentes como cultivos vivos en
chacras de familias campesinas e
indígenas (algunas en muy poca cantidad y en cada vez más pequeños núcleos). Forman la base de nuestra herencia biológica y cultural, se encuentran adaptadas a nuestras condiciones ecológicas, suelo, clima y
cubren nuestras necesidades alimenticias y culturales. Para la dinamización de
los cultivos es fundamental el intercambio de semillas que normalmente
se realiza entre las familias y comunidades campesinas e indígenas. El desafío que tenemos como sociedad y como seres humanos, es el mantenimiento de la biodiversidad de la naturaleza, así como la diversidad del maíz que forma parte de nuestro modo de ser. Debemos entender que
perder esa variedad de maíz seria perder una parte de nosotros mismos.
Las amenazas que se tienden sobre la diversidad del maíz, son las mismas que amenazan a nuestros pueblos, a las comunidades campesinas e indígenas, a nuestra cultura y sistema de vida, por un sistema perverso que intenta lograr la privatización de las semillas y con ello, el control de la alimentación, que viene aparejado con el estímulo al consumismo desmedido y la alienación mental como método de control de la población.
Para lograr su objetivo, las grandes
corporaciones recurren a la ocupación de grandes superficies de territorio (Ortega, 2016 Mapamiento del Extractivismo), conmegaproyectos, monocultivos extensivos industriales, contaminación con agroquímicos de la tierra, el aire y el agua, consiguiendo así expulsar a comunidades campesinas enteras y a comunidades indígenas de sus territorios.
Hay municipios en el interior del país donde más de la mitad de los asentamientos campesinos han desaparecido bajo un mar de soja transgénica. En segundo lugar otra arista
del sistema de control es la violencia, persecución y la criminalización de las reivindicaciones sociales campesinas que ha incluido en los últimos años el as*****to de dirigentes campesinos, donde son sobrepasados todos los derechos humanos y colectivos de los pueblos que intentan vivir
su cultura en libertad.
En tercer lugar ha sido desde siempre muy notoria la falta de una política estatal dirigida al pequeño productor agrícola que se encuentra abandonado por el Estado sin asistencia técnica, ni crediticia, sin caminos adecuados, sin escuelas, sin asistencia en salud, que obliga al campesino a convertirse en changador en los centros urbanos. A esta
problemática compartida que el maíz tiene con todas las semillas y la cultura campesina, se suma la amenaza particular de los cultivos transgénicos que siembran las grandes corporaciones del agro-negocio. Como sabemos el maíz es muy prolífico y un polen de una planta puede volar cientos de metros, fecundando otra, a una distancia considerable. Así una variedad local puede ser contaminada por un transgénico con mucha facilidad. Por un lado se contamina la variedad, por otro lado conocemos los efectos negativos en la salud del consumo de cualquier material genéticamente modificado.El resultado es una tremenda erosión genética y cultural, porque se pierden las semillas de esas familias,
imposibilitadas de seguir viviendo en sus chacras, de sembrar esas semillas que son resultado de cientos de años de lento fitomejoramiento de las variedades. También se pierden los saberes acumulados a través
de generaciones, el cómo, dónde, cuándo, para qué, por qué de cada cultivo, desaparecen tristemente en el calor del asfalto de las ciudades.
Nos queda el tremendo desafío de la presente y próximas generaciones, de lograr el mantenimiento y rescate de semillas, saberes y cultura de nuestros pueblos, a través de la concienciación, de la necesidad y beneficios que reportan a la salud física, mental y espiritual, vivir en, con, por la biodiversidad de nuestros cultivos y en armonía con la naturaleza.