31/03/2020
Estamos perdiendo mucho, es el comentario que se escucha. Se pierden vidas, se pierden las últimas horas con los seres queridos que están aislados y mueren aislados. Esta pérdida no la volveremos a recuperar.
Se pierden clases. Se pierde dinero, se pierden recursos. Se pierden inversiones. Se pierden celebraciones y festejos. Estas pérdidas se pueden recuperar.
Lo que no hay que perder, porque difícilmente se recupera, son otras cosas esenciales:
No pierdas tu vida y la vida de otros, por imprudencia, porque la vida es sólo una.
No pierdas la cordura, porque no la volverás a encontrar.
No pierdas la vergüenza de hacer el mal, porque te recordarán como sinvergüenza mucho tiempo.
No pierdas la libertad en los vicios, porque serás esclavo y pagarás un precio muy alto para recobrar una libertad condicionada.
No pierdas tu dignidad, porque no querrá volver a ti y no te reconocerá.
No pierdas el respeto a ti mismo y a los demás, porque no habrá dinero suficiente para alquilarte un nombre y prestarte un rostro que puedas mirar al espejo.
No pierdas la inocencia, vendida por unas migajas de placer, de superioridad fingida y de riqueza pasajera, porque no volverás a ser la misma persona.
No pierdas la humildad, porque la recuperación es una dura caída desde el podio del orgullo contra el duro suelo de la realidad.
No pierdas la empatía con los demás, en especial con el que sufre, porque quedarás aislado y atrapado en la limitada autocomplacencia de tu ego.
No pierdas la sonrisa espontánea y el sentido del humor, porque beberás tu propia hiel y envenenarás de amargura tu vida y la de otros, haciendo pesado cada paso que des.
No pierdas la oportunidad de callar sobre tu intimidad y de conservar en silencio tus comentarios sobre los demás, porque el ruidoso reproche de tu conciencia y el silencio de los demás te atormentarán largamente.
No pierdas la creatividad que impulsa fuera de nuestros límites y la voluntad de hacer el bien, porque quedarías condenado a la impotencia y a la fatalidad.
No pierdas la esperanza, porque habrás llegado a tu final.
No pierdas la fe, porque te verás limitado al ahora que no conoce ni origen ni sentido.
No pierdas la caridad ni la solidaridad con los tuyos, porque habrás perdido la oportunidad de ser quien de verdad eres y estás llamado a ser, aquí en esta vida y en la eternidad.
Por sobre todo, no pierdas la confianza en que tu Creador y tu Redentor, está allí para ayudarte a recuperar tu vocación a la verdadera felicidad.
Estas son las cosas que no hay que perder.
El mundo se ha recuperado de muchas guerras. Se ha levantado de la estupidez e insensatez de muchos. La naturaleza se vuelve a recuperar tantas veces.
Este es el momento de elegir, dice el Papa Francisco. No pierdas la oportunidad de elegir bien. Elige lo que no hay que perder. Elige bien y haz lo correcto.
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara