22/06/2026
“Habitar la memoria, como se habitan los espacios de una casa”. ¿Qué significa eso?
La casa, como intervención humana e histórica sobre la naturaleza, es el nido. Y por lo tanto, nuestro espacio seguro. Su arquitectura nos habilita la intimidad. En la casa personal, caminamos descalzos o hasta desnudos. Nos permitimos la siesta. A la casa llegan los afectos, la gente de confianza.
Tener una casa es la aspiración de muchas familias paraguayas, hasta el día de hoy. Es también el deseo de una generación joven, que se sabe distante de replicar el sueño de la casa propia.
El texto que dio apertura a Sala Cubo tenía inscripta como sentencia final esta frase, colocada al inicio del presente texto: “Habitar la memoria, como se habitan los espacios de una casa”.
El Laboratorio de gráfica social nos invita a esa posibilidad: Hacer memoria desde los afectos, como cuando invitamos a artistas que queremos o admiramos, para que nos cuenten su historia. Desde la historia personal de cada tallerista, como cuando grabamos cosas que nos importan; o intentamos recordar y dialogar con intervenciones urbanas de nuestra adolescencia. Generar un espacio de cultura y memoria es posible, porque ambas cosas pueden lograrse aprendiendo un oficio. Ningún artesano supo obrar, sin antes aprender de sus antecesores.
En la última edición del Laboratorio, tuvimos la compañía de Fidel Fernández, artista visual de una obra que conmueve y marca referencia. Fidel nos contó su historia, su técnica, las dificultades que enfrentó hasta lograr dedicarse al arte como su principal oficio. No faltaron los sincericidios, en una jornada que se extendió hasta la tardecita.
Sus palabras me hicieron pensar en cómo nos hacemos artistas, y en como el camino artístico (para muchos) no es algo que se planea. Pero si, algo que va quedando… a veces, hasta de forma imperceptible a lo largo de nuestra historia afectiva.
Uno se va quedando en el arte porque le hace sentido. Porque el camino andado graba cosas profundas en nosotros. Pienso en el grabado como arte de escarbar, de atravesar la superficie, porque siempre hay algo más para barrer. El arte es esa marca que va quedando cuando escarbamos de verdad.