26/08/2026
Fuente tomada de All About Art (Facebook)
Richard Saulton Gallery presenta:
Cossette Zeno: San Juan to Paris
Curada por José Correa-Vigier
Private View: Jueves 10 de Septiembre 2026
De 6:00 a 8:00pm 19E 66th Street, New York 10065
De San Juan a Paris
Cossette Zeno: Entre dos Mundos…
Por All About Art
Cossette Zeno desarrolló su lenguaje artístico y pictórico entre dos mundos. Puerto Rico fue su punto de partida, el génesis de su carrera. París amplió y amplificó sus posibilidades. Entre ambos espacios, encontró una manera profundamente personal de explorar la memoria, el cuerpo, la identidad y ese territorio cambiante donde la imaginación y la experiencia se encuentran.
Cossette creció en la ciudad histórica de el Viejo San Juan, en Puerto Rico, muy cerca de su natal Santo Domingo, una mujer de raíces caribeñas profundas, hija de las Antillas. Su eventual formación académica y artística, en un Puerto Rico atravesado por intercambios culturales, tensiones políticas y nuevas ideas sobre el arte, la llevó a un encuentro muy particular bajo la tutela de Eugenio Fernández Granell quien se convirtió en un interlocutor decisivo en su obra. Su enseñanza no consistió simplemente en transmitir una estética particular, sino en abrir una posibilidad: pensar la pintura como un espacio de libertad, donde la lógica podía ceder ante el impulso, la asociación y el misterio.
En las obras de estos primeros años, Zeno parece construir un lenguaje propio a partir de formas que no terminan de pertenecer a ningún imaginario reconocible. Organismos, paisajes y estructuras flotantes aparecen suspendidos entre lo microscópico y lo cósmico. Se podría decir que hablaba desde un pensamiento cuántico, cuando aún estos temas no se discutían! El cuerpo puede convertirse en territorio; el paisaje, en estado mental. Nada permanece completamente estable. Esta indeterminación es precisamente una de las mayores fuerzas en su obra.
Su encuentro con el Surrealismo europeo amplió radicalmente ese vocabulario. Artículo de forma intuitiva un discurso feminista cuando aún las teorías y declaraciones formales de género no se articulaban en los círculos de arte formalmente. París, en la década de 1950, no fue para Zeno simplemente un destino académico: fue una inmersión en una comunidad de artistas que concebía el inconsciente como una fuente legítima de conocimiento. Al entrar en contacto con figuras vinculadas al círculo de André Breton y con artistas como Méret Oppenheim, Zeno encontró un contexto donde su intuición innata, podía desarrollarse con mayor libertad.
Sin embargo, su obra no puede entenderse como una extensión periférica del Surrealismo europeo. Su singularidad surge precisamente de la fricción entre diferentes geografías, tradiciones y experiencias. En lugar de reproducir modelos, Zeno los transforma. El biomorfismo se convierte en una exploración de la identidad; el automatismo, en una forma de indagar la memoria; la metamorfosis, en una manera de pensar aquello que significa habitar un cuerpo y pertenecer o no pertenecer a un lugar específico.
Existe también una dimensión profundamente contemporánea en estas pinturas. Décadas antes de que el cuerpo, la subjetividad y las experiencias femeninas ocuparan un lugar central en muchas conversaciones artísticas, Zeno desarrollaba imágenes donde la identidad aparece como algo mutable, vulnerable y en permanente construcción. Sus formas no representan una idea fija de feminidad: sino más bien, la imaginan como transformación.
Su regreso a América en 1954, provocado por una circunstancia familiar, interrumpió abruptamente esta etapa parisina. Pero una interrupción no necesariamente significa un final. Las experiencias acumuladas en aquellos años quedaron inscritas en una práctica que había encontrado su propia identidad y dirección.
Reunir hoy estas obras bajo la curaduría impecable de José Correa-Vigier, permite reconsiderar esa historia. No para insertar a Zeno artificialmente en un canon, ella fue indiscutiblemente parte de el, sino para reconocer que el canon fue, durante demasiado tiempo, incapaz de verla. Su obra desafía las fronteras entre Caribe y Europa, centro y periferia, abstracción y figuración, experiencia íntima e historia cultural.
Zeno no necesitó ocupar el centro de un movimiento para producir una obra central desde su propia lógica. Su legado reside precisamente ahí: en haber construido, entre mundos, un lenguaje universal que todavía nos invita a mirar lo desconocido como una forma de conocimiento.