25/08/2026
Nadie nace con una máquina de barbería en las manos. Algunos descubrimos nuestro propósito mientras caminamos y comprendemos que Dios no nos dio un talento solamente para competir, sino para servir.
Somos como una computadora extraordinaria creada por Dios: llegamos sin programas, pero durante la vida vamos almacenando experiencias, enseñanzas y valores. Podemos llenarnos de conocimiento que nos fortalezca o permitir que entren “virus” como el ego, la competencia desleal, la mala educación y la falta de respeto por nuestra profesión.
Por eso debemos cuidar quién influye en nuestro sistema. Cuando algo se daña, tenemos que regresar al Creador, porque Dios conoce cada una de nuestras piezas y Jesús es quien puede restaurar nuestro interior, renovar nuestra mente y devolvernos al propósito correcto. La barbería no consiste solamente en aprender a usar una máquina. Es disciplina, responsabilidad, educación, humildad y servicio. El verdadero profesional no utiliza su conocimiento para sentirse superior; lo utiliza para levantar, enseñar e inspirar a otros.
No permitamos que la competencia destruya la hermandad ni que una enseñanza incorrecta dañe nuestra profesión. Si encontraste el camino y recibiste el conocimiento correcto, úsalo para servir. Quizás no nacimos siendo barberos, pero Dios permitió que descubriéramos en el camino que nuestras manos podían convertirse en instrumentos de transformación.
No fuimos llamados únicamente a crear estilos; fuimos llamados a tocar vidas, fortalecer la autoestima y dejar una huella positiva en cada persona que se siente en nuestra silla.
Mi propósito no es competir con nadie. Mi propósito es servir, enseñar y compartir lo que mi Creador me permitió aprender.
El talento puede abrirte puertas, pero solamente el propósito, la humildad y Dios podrán enseñarte qué hacer cuando entres por ellas.
Att. Mitchell Versateart
Kings of Art Barber Shop & Studio