23/03/2026
Reflexión 23 Marzo 2026
En 2 Samuel 13 encontramos a
Amnón, hijo de David, un joven con privilegios, futuro y propósito. Pero comenzó a fijarse en Tamar, su propia hermana. Al principio pudo haber parecido algo pasajero, una simple atracción que decidió no detener. En lugar de cortar ese pensamiento, lo alimentó en su mente una y otra vez. La Biblia dice que llegó a angustiarse tanto que hasta se enfermó por causa de su deseo. Lo que empezó como una curiosidad mal dirigida se convirtió en una obsesión que lo dominó completamente.
En vez de buscar ayuda o huir de lo que sentía, escuchó el consejo equivocado, planeó en secreto y terminó tomando una decisión que destruyó la vida de Tamar, la suya y la de toda su familia. Después de conseguir lo que tanto “deseaba”, ese mismo deseo se convirtió en rechazo, vacío y vergüenza. Así opera el pecado: te seduce, te consume y luego te deja roto.
Hoy no es tan diferente. El enemigo sigue usando la misma estrategia, solo que con diferentes nombres y formas. Empieza con algo pequeño, algo que parece inofensivo: un video, una imagen, una conversación, la curiosidad de probar algo nuevo, el vapeo “por vacilar”, una sustancia “solo para encajar”, o esos momentos a solas donde nadie ve lo que haces. Y poco a poco, sin darte cuenta, eso empieza a ocupar más espacio en tu mente y en tu corazón, hasta que ya no es una opción, es una cadena.
Es impactante ver una cantidad considerable de juventud cristiana atrapada en estas curiosidades. No es que no quieran salir, es que comenzaron jugando con algo que ahora los está controlando. Eso mismo le pasó a Amnón: pensó que podía manejarlo, pero terminó esclavo de lo que dejó crecer.
La verdad es esta: lo que comienza como una simple curiosidad puede terminar en cautiverio. Y el enemigo sabe exactamente cómo disfrazarlo para que no parezca peligroso al principio. Pero Dios no te creó para vivir atado, ni para esconderte, ni para vivir en culpa. Te llamó a vivir en libertad.
Si estás luchando con algo así, no lo normalices ni lo justifiques. No estás solo, pero sí necesitas tomar decisiones reales. Cortar con lo que te está alimentando, buscar ayuda, hablar, rendir eso delante de Dios de verdad. Porque mientras más lo escondes, más poder toma.
No juegues con lo que puede destruir tu propósito y tu identidad. Lo que hoy parece pequeño, mañana puede ser una cadena. Pero también es cierto que lo que hoy decides soltar, Dios lo puede transformar en libertad.
Dios te Bendiga
Pastora Ivonne Grant