25/08/2026
🚨 ¿Estamos contratando por competencias reales o por inercia en Recursos Humanos?
Los recientes resultados presentados por Ipsos Chile y el estudio de la Universidad Diego Portales nos ponen de frente a una paradoja laboral que debemos discutir con urgencia en nuestras organizaciones. 𝗛𝗼𝘆, 𝟳 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝟭𝟬 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗮𝗳𝗶𝗿𝗺𝗮𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗱𝗶𝗳𝗶́𝗰𝗶𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝘂𝗻 𝗮𝗻̃𝗼, en un ambiente marcado por la incertidumbre económica y la fragilidad del empleo.
Pero lo verdaderamente alarmante es lo que ocurre con dos grupos estratégicos de talento: 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗷𝗼́𝘃𝗲𝗻𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗻𝗶𝗼𝗿𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟱𝟬 𝗮𝗻̃𝗼𝘀.
Por un lado, atravesamos un fenómeno, donde la tasa de 𝗱𝗲𝘀𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮 alcanza el 8,3% y el subempleo por sobrecalificación supera el 38%.
Las estadísticas muestran que la fuerza laboral universitaria crece a un 3,1% anual, mientras que la oferta de empleo capacitado solo lo hace al 2,5%. Ante esta brecha, 𝗲𝗹 𝗺𝗲𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗵𝗮 𝗰𝗮𝗶́𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗺𝗽𝗮 𝗱𝗲 𝗲𝘅𝗶𝗴𝗶𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗮𝗰𝗿𝗲𝗱𝗶𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗮𝗰𝗮𝗱𝗲́𝗺𝗶𝗰𝗮 —𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗺𝗮𝗲𝘀𝘁𝗿𝗶́𝗮𝘀 𝗼 𝗽𝗼𝘀𝗴𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀— 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘃𝗮𝗰𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗼𝗽𝗲𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲, 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝗻𝗮𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼, 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗿𝗲𝗾𝘂𝗲𝗿𝗶𝗿𝗶́𝗮𝗻 "𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗶𝗮".
Esto genera un círculo vicioso para el recién graduado: 𝘀𝗲 𝗹𝗲 𝗲𝘅𝗶𝗴𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗰𝗼́𝗺𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 𝗹𝗲 𝗱𝗮 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗮𝗰𝗰𝗲𝘀𝗼, 𝗼𝗯𝗹𝗶𝗴𝗮́𝗻𝗱𝗼𝗹𝗼 𝗮 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗶𝗿 𝗽𝗼𝗿 𝗿𝗼𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗿 𝗽𝗲𝗿𝗳𝗶𝗹.
Por otro lado, vivimos la cara opuesta con los 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟱𝟬 𝗮𝗻̃𝗼𝘀. Cerca del 90% de los encuestados coincide en que este es el grupo más discriminado al momento de postular a un puesto de trabajo, aun cuando cumplan cabalmente con todos los requisitos del perfil.
En un país con una expectativa de vida en constante aumento y donde jubilarse no siempre garantiza la estabilidad financiera, desperdiciar este talento es insostenible. Hoy, los profesionales +50 enfrentan la dura necesidad de reconvertirse laboralmente o aceptar el subempleo para mantenerse activos en un mercado que les cierra las puertas a pesar de su trayectoria, inteligencia emocional y capacidad formadora.
𝗘𝘀𝘁𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲́𝗻 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗮 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲𝗻̃𝗼𝘀 𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮𝗱𝗼, configurando un escenario donde las barreras de entrada no son técnicas, sino estructurales y culturales.
Esto nos exige una profunda autorreflexión.