08/09/2026
¿CÓMO FUE REALMENTE EL DESEMBARCO DE LA EXPEDICIÓN LIBERTADORA EN PARACAS EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1820?
Autor : Sandro Medrano Legua
A las cuatro de la madrugada del 8 de septiembre de 1820, mientras la costa de Paracas permanecía todavía bajo la oscuridad, comenzó una de las operaciones militares más importantes de la historia de la independencia del Perú. No fue un desembarco improvisado ni la llegada repentina de San Martín a una costa desconocida. Desde la tarde del día anterior, 7 de septiembre, la Expedición Libertadora se encontraba en la bahía de Paracas, después de una travesía de dieciséis días desde Valparaíso. Guillermo Miller registra que el convoy llegó a las seis de la tarde y que, al día siguiente, comenzó el desembarco de las primeras tropas.
La elección de Paracas tampoco fue casual. La bahía ofrecía condiciones favorables para una operación de esta magnitud: aguas relativamente tranquilas, posibilidades de desembarco y proximidad tanto al valle de Pisco como a las rutas marítimas hacia el Callao. Las expediciones realizadas previamente por Thomas Cochrane habían permitido estudiar distintos puntos de la costa peruana y evaluar sus posibilidades estratégicas. La bahía de Paracas reunía varias de las condiciones necesarias para desembarcar hombres, caballos, artillería y provisiones sin exponer inicialmente a toda la expedición a una confrontación directa.
El desembarco comenzó aproximadamente a las cuatro de la mañana. Gerónimo Espejo, uno de los principales memorialistas de la expedición, señala que primero fue enviada a tierra una compañía del Batallón N.º 11 para actuar como avanzada y reconocer la costa. Su misión era determinar si existían fuerzas enemigas capaces de organizar una emboscada o impedir el desembarco. Al mismo tiempo, la goleta Moctezuma fue situada cerca de la playa para proporcionar apoyo artillero en caso de ser necesario. El procedimiento revela que la operación estuvo concebida bajo criterios militares de seguridad y reconocimiento, y no como una simple descarga de tropas desde los buques.
La primera división estuvo bajo el mando del general Juan Gregorio de Las Heras, jefe del Estado Mayor General. Según Miller, estaba integrada por los batallones N.º 2, 7 y 11, dos piezas de artillería de montaña y cincuenta hombres de caballería. La fuerza desembarcó aproximadamente dos leguas al sur de Pisco y comenzó posteriormente su avance hacia la villa.
Los primeros momentos transcurrieron sin una resistencia organizada. Sin embargo, hacia las diez de la mañana apareció una fuerza de caballería realista que se aproximó por la playa para observar los movimientos patriotas. Espejo relata que la avanzada se preparó para recibirla, pero los disparos de la Moctezuma provocaron su dispersión y retirada. El episodio también ha sido recogido por el Instituto Nacional Sanmartiniano como parte de la secuencia inicial del desembarco.
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la documentación: los protagonistas no siempre describieron exactamente el mismo momento de la misma manera. Tomás Guido, por ejemplo, recordó posteriormente que al amanecer fue el segundo, después del general, en poner pie en tierra. Espejo, en cambio, describe la primera compañía enviada como avanzada. No es necesario convertir esta diferencia testimonial en una contradicción histórica: uno describe la primera unidad militar enviada a reconocer la costa y el otro recuerda quiénes fueron los primeros individuos que, desde su perspectiva, pisaron tierra. Lo importante es que ambas memorias coinciden en lo esencial: el desembarco comenzó durante la madrugada del 8 de septiembre.
Después de asegurar la zona, Las Heras recibió la orden de avanzar hacia Pisco. Miller señala que la división llegó a las proximidades de la villa recién hacia las siete de la tarde, después de una marcha considerablemente lenta. La causa no fue únicamente la distancia. El terreno constituía un obstáculo militar en sí mismo. La arena suelta dificultaba el desplazamiento de los soldados y hacía más pesado el movimiento de la artillería, los animales y el equipamiento. El calor y la escasez de agua incrementaban todavía más el cansancio de las tropas.
La marcha hacia Pisco constituye uno de los aspectos menos conocidos de aquella jornada. El desembarco suele representarse como una escena breve: los soldados descienden de los barcos, San Martín pisa territorio peruano y comienza la campaña. La realidad fue mucho más compleja. La operación anfibia fue seguida inmediatamente por una marcha terrestre a través del desierto. Las tropas debieron avanzar lentamente, mantener el orden, realizar reconocimientos y comprobar la posición de las fuerzas realistas antes de ingresar en la población.
Cuando Las Heras se aproximó a Pisco, ordenó realizar un reconocimiento. Miller señala que durante el día habían sido vistos alrededor de ochenta soldados españoles de caballería salir de la villa. La Moctezuma efectuó algunos disparos contra ellos, pero las tropas patriotas no emprendieron una persecución. Una vez comprobado que los realistas habían abandonado la población, la división entró en Pisco y pasó aquella noche en la plaza.
Este punto permite comprender por qué la ocupación de Pisco no fue el resultado de una gran batalla. El desembarco encontró una resistencia realista limitada y las fuerzas de la costa se retiraron ante el avance patriota. El Instituto Nacional Sanmartiniano señala que las fuerzas disponibles bajo Manuel Químper se replegaron hacia Ica y que las operaciones de desembarco continuaron posteriormente, mientras Pisco se convertía en la base desde la cual San Martín organizaría las siguientes operaciones de la campaña.
Tampoco debe pensarse que toda la Expedición Libertadora quedó en tierra el 8 de septiembre. Miller es explícito: el desembarco del resto de las tropas continuó hasta el 12 de septiembre. La operación, por tanto, fue progresiva. Mientras la primera división avanzaba hacia Pisco, los demás contingentes, animales, armas, municiones y suministros seguían siendo trasladados desde los buques hasta la costa. El propio Miller registra posteriormente que San Martín estableció su cuartel general en Pisco el 13 de septiembre.
La cronología oficial del Instituto Nacional Sanmartiniano confirma la secuencia fundamental: llegada de las naves a Paracas el 7 de septiembre; inicio de las operaciones de desembarco el 8; dispersión en Pisco de una partida vinculada a las fuerzas de Químper; y establecimiento posterior de San Martín en Pisco.
El significado político de la operación fue tan importante como su dimensión militar. San Martín presentó la expedición no como una fuerza destinada a conquistar el Perú para una potencia extranjera, sino como un ejército que pretendía apoyar la emancipación de los pueblos. El Instituto Nacional Sanmartiniano recoge la proclama dirigida a sus soldados en la que les recordó que no habían venido a conquistar, sino a libertar, y que debían considerar a los peruanos como hermanos y respetar sus derechos.
La composición de la expedición también requiere precisión. La fuerza había sido organizada fundamentalmente en Chile y estaba constituida principalmente por tropas argentinas y chilenas. Eso no significa que la independencia del Perú fuera una empresa exclusivamente extranjera. La campaña incorporaría progresivamente a numerosos peruanos, tanto a través de adhesiones locales como mediante la organización de nuevas fuerzas patriotas. Por ello, el desembarco de Paracas debe entenderse como el comienzo de una campaña continental que, al desarrollarse dentro del territorio peruano, fue incorporando progresivamente actores, tropas y apoyos peruanos.
Hay, además, una razón para evitar una interpretación excesivamente simplificada del acontecimiento. El 8 de septiembre de 1820 no se produjo una gran batalla ni la derrota militar del ejército virreinal. Lo que ocurrió fue estratégicamente más complejo: una fuerza expedicionaria de varios miles de hombres logró establecer una cabeza de playa, asegurar una posición estratégica, ocupar Pisco y comenzar a proyectar operaciones hacia el interior del territorio peruano. La propia documentación militar recopilada posteriormente por la Comisión Nacional del Sesquicentenario identifica el desembarco del 8 de septiembre como el inicio de las actividades militares de la Expedición Libertadora en el Perú.
Por eso, cuando se habla del desembarco de San Martín en Paracas, no basta con imaginar una escena heroica protagonizada por un general descendiendo de un barco. Detrás de aquella imagen existió una compleja operación logística y militar: dieciséis días de navegación, el reconocimiento previo de las costas, la llegada y fondeo en Paracas, el desembarco nocturno de las primeras unidades, la protección artillera de la Moctezuma, la observación de la caballería realista, la marcha por los arenales, el reconocimiento de Pisco, la retirada de las fuerzas españolas y la posterior concentración de la expedición.
El 8 de septiembre de 1820, entonces, no fue simplemente el día en que San Martín "llegó al Perú". Fue el día en que la guerra de independencia adquirió una nueva dimensión estratégica. Desde Paracas, la Expedición Libertadora dejó de ser una fuerza preparada al otro lado del Pacífico y pasó a operar directamente dentro del territorio del Virreinato. Pisco se convirtió en su primera base de operaciones y desde allí comenzarían nuevas acciones militares y políticas que modificarían profundamente el escenario de la independencia peruana.
Doscientos seis años después, la importancia histórica de aquella jornada no reside solamente en su valor simbólico. Reside también en la posibilidad de reconstruirla a partir de testimonios diferentes y contrastables. Espejo aporta la descripción del desembarco; Guido conserva la experiencia personal de sus primeros momentos; Miller proporciona una narración militar detallada; Stevenson permite aproximarse a las dificultades materiales de la marcha; y las recopilaciones documentales posteriores permiten confrontar estos relatos. La historia del desembarco se vuelve así más precisa cuando se abandona la imagen simplificada y se observa la complejidad real de la operación.
Aquel amanecer del 8 de septiembre comenzó, entre arena, mar y silencio, una campaña que transformaría el curso de la independencia del Perú. La primera división tocó tierra, la Moctezuma protegió el movimiento, las fuerzas realistas se retiraron y los soldados emprendieron la marcha hacia Pisco. El resto de la expedición todavía tendría que desembarcar. La guerra, en realidad, apenas comenzaba.
Referencias
Cochrane, T. (1863). Memorias de Lord Cochrane. Imprenta de José Masías.
Espejo, G. (1868). Apuntes históricos sobre la expedición libertadora del Perú. Imprenta de Mayo.
Instituto Nacional Sanmartiniano. (2020, 8 de septiembre). Bicentenario del desembarco de la Expedición Libertadora en las costas del Perú. Ministerio de Cultura de la Nación Argentina.
Instituto Nacional Sanmartiniano. (s. f.). Cronología sanmartiniana. Ministerio de Cultura de la Nación Argentina.
Miller, J. (2020). Memorias del general Miller al servicio de la República del Perú. Biblioteca Bicentenario Perú 2021.
Pérez, J. (1978). Guido: Un cronista inédito de la expedición libertadora del Perú. Trabajos y Comunicaciones, 23, 127–148.
Stevenson, W. B. (1917). Memorias sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el Perú. Sociedad Española de Librería.