21/05/2026
EL PLAN DE GOBIERNO DE KEIKO FUJIMORI CONVIERTE LA CULTURA EN UN ANEXO DEL TURISMO
Autor : Sandro Medrano Legua
El plan de gobierno de Keiko Fujimori no tiene un capítulo de cultura. Esa omisión no es un descuido técnico, sino una declaración política en sí misma. Mientras el Perú enfrenta un Ministerio de Cultura con el presupuesto más frágil de la región (cuyo presupuesto proyectado para 2026 cayó a S/ 826.8 millones, debido a que en 2025 ejecutó menos del 40% de sus proyectos de inversión) , la candidata reduce el tratamiento de lo cultural a menciones dispersas en turismo y economía naranja. La cultura, en su propuesta, no es un derecho ciudadano ni un pilar de cohesión social: es un adorno retórico al servicio de la marca país. En un contexto donde el 70.2% de la fuerza laboral es informal , el sector cultural requiere desesperadamente políticas de formalización laboral, no frases bonitas.
Lo poco que se menciona es grave por lo que dice y más grave por lo que calla. Propone culminar la museografía del MUNA y poner en valor turístico Choquequirao, pero no dedica una sola línea al fortalecimiento institucional del Ministerio de Cultura, ni a la protección de los miles de sitios arqueológicos menores amenazados por minería informal y narcotráfico. Frente a la necesidad real de saneamiento físico-legal y vigilancia del patrimonio disperso (que incluye más de 28,000 bienes inmuebles prehispánicos) , su plan responde con dos proyectos emblemáticos y una mención genérica a “defensa del patrimonio”. No alcanza. La reciente regulación del saneamiento automático para facilitar inversiones evidencia que la discusión real es técnica y presupuestal, algo que el plan ignora por completo.
La ausencia de memoria histórica y diversidad lingüística es el silencio más elocuente del documento. El Perú arrastra heridas abiertas por décadas de violencia política, y cualquier plan de gobierno serio debería incluir políticas de verdad, reparación y museos de la memoria. El plan Fujimori no las tiene. Tampoco menciona las 48 lenguas originarias del país, de las cuales 17 están en peligro o seriamente en peligro de extinción, con casos extremos como el taushiro y resígaro que tienen un solo hablante cada una . La “identidad nacional” que promueve es monocultural, excluyente y deliberadamente vaciada de diversidad. No hay interculturalidad, no hay apoyo a culturas vivas afroperuanas, ni Educación Intercultural Bilingüe (EIB) para más de 1.2 millones de estudiantes que necesitan 20,000 docentes especializados que el Estado no tiene .
En el terreno de las industrias creativas y el empleo cultural, la propuesta es vergonzosamente insuficiente. Habla de escuelas técnicas y economía naranja atadas a educación técnica, pero no ofrece líneas de crédito, estímulos fiscales, modernización de la ley de mecenazgo, ni seguridad social para trabajadores culturales. Mientras el programa de Estímulos Económicos del Mincul ha tenido que operar con apenas S/ 5.15 millones anuales para artes escénicas y música (logrando generar 4,075 empleos en 2024) , el plan de gobierno ignora que el sector requiere una inversión masiva para sacar a los artistas de la informalidad que afecta al 84.9% de los jóvenes peruanos . La cultura no es un taller vocacional: es una industria que genera empleo formal si hay voluntad política.
La descentralización cultural es otra víctima silenciosa. El acceso a bibliotecas, teatros, escuelas de arte y circulación artística es profundamente desigual, reflejando un Índice de Competitividad Regional donde 19 regiones se encuentran en nivel “extremo bajo” y solo Lima Metropolitana y Callao tienen desempeño medio alto . El plan no propone una política de descentralización. En su lugar, reduce la cultura regional a un anexo del turismo comunitario. Ignora que las identidades locales son vivas, diversas y que en regiones como Loreto o Puno los proyectos de inversión cultural acumulan retrasos promedio de 876 días . Sin presupuesto ni rectoría, la cultura regional queda abandonada a la lógica extractivista del turismo sin desarrollo humano.
En conclusión este plan no está en condiciones de gobernar un país megadiverso como el Perú. Mientras el Estado real reduce el presupuesto del Mincul por baja ejecución y el 94.8% de los trabajadores rurales carecen de formalidad , la candidata ofrece un espejismo turístico. La cultura no es un apéndice del turismo ni un adorno de la educación técnica: es un pilar de la democracia, la memoria y el desarrollo sostenible. Ocultarla, fragmentarla o subordinarla revela desconocimiento y desinterés. Un país sin política cultural es un país sin proyecto de futuro.