07/09/2026
PISCO, 7 DE SEPTIEMBRE DE 1820: LAS VELAS DE LA LIBERTAD APARECEN EN EL HORIZONTE
Autor: Sandro Medrano Legua
El 7 de septiembre de 1820, a las seis de la tarde, la expedición libertadora al mando del general José de San Martín llegó y ancló en la bahía de Paracas. Habían transcurrido dieciséis días desde su partida de Valparaíso, el 20 de agosto, en una travesía de aproximadamente 1.500 millas. La llegada no fue sencilla: durante el recorrido varios buques se separaron del convoy y algunos estuvieron incluso cerca de caer en manos de las fragatas españolas.
El teniente coronel Guillermo Miller, quien viajaba a bordo de la Santa Rosa, relató en sus memorias las dificultades de aquella navegación. Después de perder contacto con el convoy, el transporte se dirigió hacia la Punta de Caballo y, ante la escasez de agua, sus tripulantes decidieron navegar hacia la bahía de Paracas. Al aproximarse, encontraron finalmente a buena parte de la expedición ya fondeada. La Santa Rosa había logrado además escapar por muy poco de dos fragatas españolas que habían sido avistadas la noche anterior.
La travesía había comenzado en Valparaíso el 20 de agosto. Durante el recorrido, la expedición hizo escala en Coquimbo, donde se incorporaron nuevos buques y efectivos. Mariano Felipe Paz Soldán señala que allí se sumaron el Minerva y el Araucano a la fuerza expedicionaria (Paz Soldán, 1868, p. 65).
Pero la llegada a Paracas no era simplemente el final de una travesía marítima. Era el inicio de una operación militar decisiva. En sus memorias, el almirante Lord Cochrane recordó que San Martín había considerado inicialmente dirigirse hacia Trujillo, decisión que generó desacuerdo entre algunos oficiales y soldados que esperaban un desembarco próximo a Lima. Cochrane, por su parte, defendía una acción mucho más directa contra la capital virreinal. Finalmente, San Martín optó por desembarcar en el sur del Perú, abriendo una nueva etapa en la campaña independentista (Cochrane, 1863, pp. 91–92).
Tomás Guido también dejó constancia de aquel momento. En una carta posteriormente estudiada por Joaquín Pérez, escribió que, pese a los accidentes y extravíos sufridos por algunos buques durante la navegación, el plan continuó y finalmente, el 7 de septiembre, “a las seis de la tarde anclamos en esta Bahía” (Guido, como se citó en Pérez, 1978, p. 132).
Mientras los barcos de la expedición tomaban posición en la bahía, en tierra los movimientos no pasaron inadvertidos. Desde Pisco, el jefe militar Manuel Quimper informó al virrey Joaquín de Pezuela sobre la presencia de las embarcaciones. En su comunicación señaló: “se me presentan a la vista como diez velas entre grandes y pequeñas por el boquerón de San Gallán”, y manifestó que, sin duda, se trataba de la expedición insurgente que tanto se había anunciado (Ortiz Sotelo, 2020).
La noticia había llegado a tierra.
Después de una travesía de dieciséis días, la expedición libertadora estaba finalmente frente a las costas de Pisco. Los hombres, los barcos y las armas que habían partido de Valparaíso ya se encontraban en territorio peruano. Lo que vendría después modificaría el curso de la guerra de independencia.
Faltaban pocas horas para que el ejército libertador de San Martín desembarcara en la bahía de Pisco.
El 8 de septiembre de 1820 comenzaría una nueva etapa de la lucha por la independencia del Perú.
Cochrane, T. (1863). Memorias de Lord Cochrane, conde de Dundonald. Imprenta de José Masías.
Miller, G. (1829). Memorias del general Guillermo Miller: Al servicio de la República del Perú (J. M. Torrijos, Trad., 2 vols.). Librería de Victoriano Suárez.
Ortiz Sotelo, J. (2020, 4 de septiembre). Velas de libertad. Caretas, 26–27.
Paz Soldán, M. F. (1868). Historia del Perú independiente (Vols. 1–2). Imprenta de Alfonso Lemale.
Pérez, J. (1978). Guido: Un cronista inédito de la expedición libertadora del Perú. Trabajos y Comunicaciones, 23, 127–148.