04/06/2026
[ CINE | CRÍTICA: “Obsesión” ]
CALIFICACIÓN: 4.5/5 | Por Sandro Mairata / REFLEKTOR
“Una fábula moral disfrazada de terror de bajo presupuesto”
“Obsesión” y su par en salas de cine, “Backrooms”, han llegado para reescribir algunas reglas del cine de terror. Ambas no nos muestran más de tres muertes en total, no son realmente muy violentas ni muy sangrientas, no hablan ni de Dios ni del Diablo, no recurren al facilismo del susto súbito. En el caso de la excelente “Obsesión”, a cargo del veinteañero Curry Barker, habla del deseo y el precio a pagar por él.
Barker filmó su película con apenas 750.000 dólares, cifra que en el Hollywood contemporáneo equivale al catering de una franquicia de superhéroes. Y sin embargo, lo que ha construido con esos recursos es una obra de precisión quirúrgica: un tipo de veintipocos apodado “Bear” (oso), interpretado por Michael Johnston, un taciturno e inseguro empleado en una tienda de música, lleva años enamorado en secreto de su amiga de la infancia Nikki (Inde Navarrette), pero es demasiado tímido para admitirlo, incluso cuando ella se lo pregunta de frente. Hasta aquí, una historia de amor no correspondido bastante predecible. Lo que sigue es Barker girando inesperadas tuercas.
Bear compra un objeto sobrenatural llamado “Sauce de un Deseo”, una baratija con forma de tronquito que al romperlo por la mitad pidiendo un deseo, lo cumple de inmediato. Bear deseará que Nikki se enamore perdidamente de él. No medirá el alcance de su pedido.
Nikki será poseída por la necesidad de Bear llegando al extremo con actos violentos, repulsivos, grotescos, sangrientos y –a primera vista, al menos– sería fácil señalarla como la villana pero no. Ella es la víctima. En un giro de registros, comprobaremos eso profundamente perturbador de los hombres que se consideran buenos: el verdadero villano es Bear. Barker construye su historia como una trampa para los autoproclamados “buenos tipos” con una economía narrativa que avergüenza a producciones con cien veces su presupuesto. En el camino puede ser tremendamente misógino, y Bear puede ser el personaje más abusivo con la mujer que haya presentado el cine masivo en buen tiempo.
Parte del mérito de Johnston en su rol de Bear está en lograr que cada una de sus evasivas resulte incómoda e indignante de presenciar: el guion de Barker es tercamente cruel en mantener al personaje fiel a sí mismo, haciendo que tome los caminos más retorcidos. Navarrette, por su parte, ha creado un rol memorable, a la altura de una Nancy Thompson de “Pesadilla en Elm Street” (1984). La verdadera Nikki yace prisionera en su propio cuerpo, tomado por la entidad que cumple el deseo de Bear. Y todo es completamente verosímil. En esa línea, la película pregunta –sin responder del todo– si hay realmente una diferencia entre amar a alguien y desear poseerlo.
Finalmente, saludo que Barker apueste por la construcción de un clima sostenido antes que por el susto convencional, un interés más ligado a construir una incomodidad creciente, con todo y errores de ejecución. Durante los primeros veinte minutos me pregunté, ¿y qué hora empezamos a sentir miedo? La angustiante respuesta me tuvo pegado a mi sitio el resto de tiempo, cierto, pero debí tener mucha paciencia. “Obsesión” logra mantener una atmósfera densa y opresiva que refleja la evolución de Nikki hacia una obsesión enfermiza, y Barker maneja con destreza el ritmo y la tensión.
Y, sin embargo, Hollywood siendo Hollywood, tenemos indicios, pequeñas semillas de una posible franquicia. Hay espacio para todo lo que el “Sauce de un Deseo” puede hacer. Estamos, en el fondo, ante una película sobre el precio de la fantasía, una fábula moral disfrazada de terror de bajo presupuestos. Y cómo esta fantasía se cobra la tarifa completa.