04/09/2026
[ CINE | CRÍTICA: «Separada pero nunca sola» ]
CALIF**ACIÓN: 1/5 | Por Sandro Mairata / REFLEKTOR
«Un naufragio: la peor película de Ani Alva Helfer».
El cine de la taquillera y prolífica directora comercial peruana Ani Alva Helfer ha entrado en etapa de crisis. Otrora capaz de llevar a un millón de espectadores en un estreno –y de manejar cifras de asistencia que no distaron tanto de aquel hito en sus producciones posteriores–, lo que observamos en «Separada pero nunca sola» es un desafortunado ejercicio de dirección apática respecto al desempeño de sus actores y a la historia entre manos. El resultado es desconcertante, porque a nivel técnico y visual sí se alcanza ese preciado “nivel internacional” que otros realizadores de similar perfil persiguen y nunca siquiera rozan (buscando el Santo Grial de vender su propuesta a algún canal de ‘streaming’), con todo y las mejores tomas en dron del cine nacional hasta la fecha.
Todo lo demás hace agua.
Alva Helfer, quien suele imprimirles a sus comedias románticas un refilón de autoayuda o de superación personal, en este caso se ve privada de este maná narrativo ya que el objetivo del filme (como en una cinta previa, «Isla bonita» de 2023) es simplemente promocionar las bondades de la selva peruana por un fin turístico, so pretexto de una historia fácil de resolver apta para todos con rostros que venden. En el caso de «Isla bonita» el destino a vender era Iquitos; en este caso es Tarapoto.
Pero el reciclaje de lo hecho en «Isla bonita» es tan burdo en «Separada pero nunca sola» (un guiño a títulos similares de la directora como «Soltera, casada, viuda, divorciada» o «No me digas solterona») que tenemos de vuelta una historia de gente limeña blanca –muy blanca– sufriendo en la selva por sus desamores. Y nunca realmente en la selva-selva ni entrando en contacto con la gente en las calles, sino al interior de un hotel resort (como en «Isla bonita»), donde se sucederán enredos básicos al estilo de la peor televisión peruana a cargo de un elenco carente de vuelo alguno y consciente del reciclaje entre manos. Emilia Drago interpretaba en «Isla bonita» a Roxana, una mujer decepcionada de su marido –quien a su vez la perseguía de modo insistente para que vuelva a su lado–, y ahora interpreta a Isabel, una mujer decepcionada de su marido –quien a su vez la persigue de modo insistente para que vuelva a su lado–.
Drago es el problema central del filme. ¿Cómo se decidió continuar con ella? En países con una industria que se respete –no tenemos industria de cine aún, es cierto, pero podríamos empezar por algún lado– cuando un intérprete no funciona, se le reemplaza y se hacen los ajustes necesarios. Aquí pareciera que hubo una actitud terca de dejar el barco hundirse aun viendo las señales, quizá por la fe que le tiene Alva Helfer a Drago desde que esta última protagonizara «Una comedia macabra» (2017), que Alva Helfer produjo. Como actriz de cine, Drago ha demostrado ser un buen apoyo cuando se la convoca de secundaria. Sin embargo, en el protagónico de Isabel, Drago no da la talla, al carecer de una gota de pasión por su rol de una especialista en eventos llegada al resort en cuestión para reiniciar su vida. Sus textos brotan sin vida. Sus escenas no tienen brillo ni causan realmente risa; pareciera no haber siquiera preparado el papel o no haber creado un personaje. Y su romance a fuego lento con Santiago (Nicolás Galindo), un mil oficios –limeño, oh sorpresa–, a quien confunde con un médico, nunca realmente alcanza ni por asomo algo de pasión.
Por supuesto, cuando aparezca el aún esposo de Isabel, Mauricio (Joaquín de Orbegoso) se dará paso a las aventuras, pero entonces tenemos que el estilo de Alva Helfer se hace modoso y en extremo parco, como si rodara para una audiencia digna de Rafael López Aliaga –limeños de clase media alta conservadores y pacatos–: sus ‘strippers’ apenas muestran el torso, sus amantes se dan besos respetuosos con las manos en la cintura, ni siquiera existe la insinuación de algo llamado ‘sexo’; el acento selvático –y los acentos extranjeros en general–, son objeto de burla y eso es algo que merece un análisis más profundo, no es un detalle menor. Fuera de uno que otro sablazo verbal, nada. Estamos ante otra cinta cara, con un fuerte desplazamiento técnico y muchos anunciantes involucrados, para el olvido.
Pasemos del guion irreal, la nula acción, el humor forzado y mal trabajado, las actuaciones tibias y sin exigencias. Es triste decirlo, pero esta es la peor cinta de Ani Alva Helfer. Incluso en su antediluviana «El beneficio de la duda» (2015) había mucho por decir. Aquí hay un vacío temático sorprendente. En medio de este naufragio, merece mención aparte Ximena Palomino como la chispeante Zaida, otro inexplicable rol de limeña en la selva, quien parece ser la que más en serio se tomó eso de construir un personaje y se la pasa todo el filme corriendo a mil con gasolina Premium mientras que el resto va con el motor ahogado en Regular. Como ya dije, no estoy de acuerdo con eso de burlarse de los acentos de medio continente, pero, claro, acá no hay mucho para tomar en serio. Al final, parece que se trata de eso.