27/12/2020
Depresión.
Cuando supe de ella creí que podría arreglarlo. Creí que conocerme me haría sentir más tranquila. Pero no fue así. Empecé a culparme más por cómo me sentía; me frustraba no saber lidiar con algo que solo era mental. Me repetía cosas como: “¿Por qué me complico tanto? ¿Por qué no dejo de darle vuelta a las cosas? ¿Por qué solo quiero huir del resto? ¿Por qué tengo tanto miedo de que puedan herirme? ¿Por qué siento que no me va a salir bien si ni siquiera comienzo? ¡Ya lo arruiné de nuevo! Lo arruine y ahora debo volver a empezar, ¡oh...! estoy tan tarde... ¿por qué me cuesta tanto avanzar?. Otro año más perdido... ¿Realmente soy tan mala?. ¿Por qué vivo? ¿Por qué sigo aquí si no puedo hacer nada bien? Quizá lo mejor sea dejar de luchar y acabar con esto... si... quizá eso sea lo mejor”.
Aquellas preguntas y pensamientos se asoman frente a mi de la nada, en cualquier momento. Puedo estar hablando con mis padres o viendo algo y entonces siento un vacío dentro mío. Me cuestiono las sonrisas, los momentos, las personas. ¿Es real? ¿Acabará? ¿Que haré luego? Y así, día tras dia, año tras año. Aún sabiendo con lo que lio. Me es difícil poder controlarlo. Entonces pienso en aquello que me ayuda momentáneamente: Pastillas. Sé que no me ayuda a superar todo lo que vivo dentro de mi mente pero me hace sentir menos ansiosa, más apagada... quizá no tenga sentido vivir así, quizá debería ver otras opciones. Pero... Y si este es mi destino?