03/05/2026
Mapa sentimental de Leonardo Padura: entre la salsa, el bolero y la nostalgia cuestionada
Por: Agustín Pérez Aldave
Vuelve a Lima el reconocido escritor cubano Leonardo Padura. Ocasión para desempolvar el diálogo que, en anterior visita, tuvimos en torno a una de las marcas visibles en su propuesta periodística y literaria: la música. Todo un tópico en escritores célebres de su país (Carpentier, Guillén, Cabrera Infante), pero también en una porción de la literatura latinoamericana. Sin más preámbulo, vamos a la música.
—En los años 80 la salsa empieza a tener otra dimensión en Cuba, porque en un momento se decía que era música cubana tocada de otra manera, pero que seguía siendo lo mismo. ¿Cómo interpreta ese proceso?
—Leonardo Padura: En los años 80, cuando Oscar D’León visita Cuba, se produce una revolución. Oscar D’León pone de rodillas a todos los cubanos: primero los pone a bailar y después los pone de rodillas. A partir de ahí, el fenómeno de la salsa empieza a tener otra visión dentro de Cuba. Yo me interesé por este fenómeno en su carácter de proceso integrador musical caribeño. Es un proyecto en el que participa gente de todo el Caribe, desde Cali, en la costa pacífica de Colombia, hasta Nueva York, en el norte del Atlántico. Es el Caribe cultural y musical, donde hay una mezcla de culturas, identidades, razas y tradiciones muy importantes. Tuve la suerte de coincidir con varios músicos que participaban de este movimiento y de ahí salieron las entrevistas que después integrarían “Los rostros de la salsa”, libro que publiqué en Cuba en 1997, y que antes sirvió como guion del documental “Yo soy, del son a la salsa”.
—Muy acertadamente dice Issac Delgado, presentador del documental, que no estarán todos los que deberían. ¿A quiénes hubiera querido incluir?
—Hay muchos personajes que no aparecen por distintas razones: contratos, disponibilidad de rodaje. No aparecen Rubén Blades ni Willie Colón. Tampoco Juan Luis Guerra, que, en ese momento, estaba en su gran apogeo.
—Pero sí están en el libro…
—Sí, yo pude entrevistar a Rubén, a Willie, a Juan Luis Guerra, pero en el documental no pudimos tenerlos.
BUENA VISTA SOCIAL CLUB APROVECHA LA NOSTALGIA POR UNA MÚSICA QUE YA NO SE ESCUCHABA
—¿El documental impulsó la música cubana hacia el gran mercado?
—No. El documental tuvo muy mala suerte comercial porque el productor, que tenía una empresa disquera en Nueva York…
—Raphi Mercado…
—Sí. No pagó unos derechos de autor musicales y el documental apenas se pudo presentar en circuitos de festivales, pero no se pudo comercializar.
—¿Y en Cuba se exhibió?
—Sí. Era la primera vez que se veía a Celia Cruz en una pantalla después de 40 años. Tuvo un impacto tremendo. A todo el mundo que lo vio le gustó. Ganó premios en el Festival de Cine de La Habana y en el Festival de Cine de Puerto Rico. Tuvo éxito artístico, pero no de difusión porque no pudo ser distribuido por los canales normales. Curiosamente, quien le da una nueva proyección internacional a la música cubana es un proyecto posterior: Buena Vista Social Club. Y es, curiosamente, un proyecto regresivo respecto al nuestro. Nosotros hablábamos de un proceso en evolución de la música latinoamericana.
—Chucho, Adalberto Álvarez, Van Van…
—Exacto. Y Buena Vista Social Club aprovecha la nostalgia por una música que ya no se escuchaba, por músicos que apenas se conocían. Incluso, muchos de ellos no fueron los más destacados del proceso musical cubano de los años 40 y 50.
—Exceptuando a Rubén González y Omara…
—Algunos sí, pero no todos. Tuvieron la suerte de participar en ese proyecto que devolvió visibilidad a la música cubana, pero escuchando la misma música de hacía cincuenta años.
MARIO BAUZÁ Y LA REVOLUCIÓN MUSICAL CON CHANO POZO
--Su amigo Mario Conde lo ayudó en las pesquisas para los personajes del libro “La novela de mi vida?
—Mario Conde siempre me ayuda, porque yo también lo ayudo a él. Soy un escritor al que le gusta mucho la investigación. Hice mucho periodismo de investigación, investigaciones culturales, literarias e históricas para mis novelas. La investigación es una parte fundamental de mi trabajo.
—¿Leonardo Padura sabe bailar?
—No sé bailar y mi mujer lo lamenta. Mario Conde tampoco sabe bailar.
—¿Por qué Celia Cruz no aparece en el libro “los rostros de la salsa”?
—Porque su representante, en un momento en que coincidí con ella, no quiso darme la entrevista. No sé si habló con Celia, pero fue su agente o secretaria, con quien coincidimos en Cancún. Pedí la entrevista y no me la concedió.
—¿Qué entrevistas del libro lo impactaron más?
—La entrevista a Mario Bauzá es un documento. Por primera vez en muchos años, un periodista cubano entrevistaba a Bauzá reconociendo su importancia en el desarrollo musical cubano, caribeño e incluso norteamericano.
Bauzá, como lo digo en la entrevista, es quien introduce a Chano Pozo en el mundo del bebop, en contacto con músicos como Dizzy Gillespie o Charlie Parker, y crea esa revolución musical.
—Esa entrevista deja además el misterio sobre la muerte de Chano Pozo…
—Eso fue lo que ocurrió realmente. Está narrado tal como sucedió. No sé si hay misterio o no, pero podría haberlo. Yo ya había escrito sobre Chano Pozo y luego reescribí ese trabajo a partir de lo que Bauzá me contó.
SOY UN GRAN ADMIRADOR DEL BOLERO
--El libro además de ser un compendio de entrevistas es también un documental. Arriesga prólogo y epílogo. Quiero rescatar lo que usted señala acerca de las versiones que es un aspecto fundamental, muy importante. Dice que cuando se trata de otras expresiones artísticas se habla de plagio, pero cuando se trata de la música cubana –estamos hablando de la salsa—no se habla de plagio…
—La música tiene esa ventaja. ¿Cuántas versiones has oído de “La gloria eres tú”? Y nadie habla de plagio. Es parte de las reglas del juego: los intérpretes pueden hacer sus propias versiones de una obra, y eso es algo normal. Es algo a lo que estamos acostumbrados.
—“Los rostros de la salsa”: ¿es un son o es una salsa?
—Creo que es una salsa, porque hay mezcla de muchas cosas. Yo también soy una mezcla y soy defensor del mestizaje. Las culturas mestizas tienen una gran potencia porque los procesos culturales ocurren a través del tiempo, sumando elementos de distintas tradiciones. La música del Caribe es eso: una mezcla. En la eclosión de la salsa se hacen evidentes esos vasos comunicantes entre culturas. Pero recuérdate que 20 años antes, con el bolero, ocurría algo que todavía hoy sucede. Oyes un bolero y le preguntas a una persona: Bueno, ¿este bolero es de un autor mexicano o de un autor cubano? Y generalmente cuando es mexicano te dicen que es cubano y cuando es mexicano… Hay una mezcla ahí acerca de quien lo escribió y de dónde es…
—Como una patria común del bolero…
—Una patria caribeña que llega hasta Perú.
—¿Cómo es su relación con el bolero?
—Soy un gran admirador del bolero. Me parece la expresión más acabada de la poesía popular latinoamericana.
—Su personaje Violeta del Río, bolerista, recuerda a figuras como La Freddy (del Cabrera Infante de “Tres Tristes Tigres”) …
—Quise crear un personaje que reflejara a esas mujeres maravillosas del bolero de los años 50 y hasta los 60. Freddy, La Lupe que viene después… esas mujeres que tenían esa capacidad de cautivar desde a un escenario a veces con una voz pequeña. A veces no tenían esa voz privilegiada. No todas tienen la voz que tenía Celia Cruz, por ejemplo, u Olga Guillot. Pero tenían ese dramatismo tremendo que hacían que oírlas cantar un bolero fuera un espectáculo inolvidable.
--En ese sentido, del bolero como educación sentimental, hablando de su personaje Violeta del Río, ¿podríamos entenderlo también como un homenaje de usted a Cabrera Infante?
—Es un homenaje a mucha gente. Es, por ejemplo, un homenaje a la literatura cubana que se refiere a esos temas, entre ellos por supuesto Guillermo Cabrera Infante, sobre todo el de Tres Tristes Tigres. Pero creo que soy un escritor muy agradecido, tanto de mis antecesores, tanto literarios, cinematográficos como musicales y me paso la vida haciendo homenajes. Y esa novela es un homenaje a todos los que ha tenido que ver con la grandeza del bolero y de entender lo que ha significado culturalmente.
—Hoy en Cuba el reguetón domina el consumo musical…
—Me parece algo lamentable desde el punto de vista cultural. Me provoca incluso una reacción fuerte, aunque soy una persona pacífica y no me fajo con nadie. Me dan ganas de matar a los que lo oyen y a los que lo hacen. Entonces, creo que toda relación de amor tiene momentos en que las cosas se ponen tensas…
—¿Qué música escucha actualmente?
—Escucho poca música porque leo y escribo mucho. Pero cualquier cosa, menos reguetón.
—En sus libros aparecen referentes como The Beatles. ¿Es una ruptura del estereotipo cubano?
—No, al contrario. Es parte de mi generación porque en un momento determinado casi se nos prohibió escuchar música rock porque se decía que era la música del enemigo. Hubo una reacción lógica, rechazamos la música cubana en un momento que tampoco era especialmente buena, los años sesenta y principios de los setenta. Ya después es el período en que Formell hace Van Van, Chucho Valdés hace Irakere, Hay una pequeña recuperación, pero hubo un periodo en que no había buena música cubana, como tampoco teníamos acceso a la salsa que se estaba haciendo en Nueva York, pues escuchamos mucha música en inglés, la mayoría de las veces sin entender los textos, pero sintiendo que esa música nos decía algo. Y ahí están Beatles, Rolling Stones, Chicago, Led Zeppelin, todos los grupos maravillosos de esa época.
—Y los Rolling Stones tocaron en Cuba…
—Yo no estaba en Cuba, pero tampoco habría ido. Soy del equipo de The Beatles.
ESTAMOS EN EL MOMENTO MÁS COMPLICADO PARA LOS DERECHOS DE AUTOR.
—¿Cuál es su posición sobre los derechos de autor?
—Podríamos hablar horas sobre eso. Estamos en el momento más complicado para los derechos de autor. En el mundo digital, la piratería ya no se percibe como tal, sino como acceso normal.
—Difusión, dicen muchos…
—Sí, difusión. Publicas una novela y a los 15 días ya está en PDF en internet. Se ha creado una situación nueva. El problema es: si el creador no recibe ingresos, ¿de qué vive? Tú puedes descargar música o libros, pero no puedes ir a un supermercado y llevarte comida sin pagar diciendo que eres artista.
Si el creador no crea, ¿qué pasa? Estamos en un momento crítico. La cultura debe ser accesible para todos, pero también debe respetarse el trabajo de quienes la producen. ----- Leonardo PADURA fans /