01/09/2026
🌊🦊 EL ZORRO Y EL DILUVIO
Cuentan los antiguos que hubo un tiempo en que el mundo estuvo a punto de desaparecer bajo las aguas.
No fue una lluvia cualquiera.
No fue una tormenta pasajera.
Era el mar entero el que venía a reclamar la tierra.
Y lo más extraño de todo fue que un animal lo supo antes que nadie.
Era una llama.
Durante varios días, el animal permaneció inquieto.
Miraba hacia el horizonte.
Bajaba la cabeza.
Y lloraba desconsoladamente.
Su dueño, cansado de verlo así, terminó enfureciéndose.
—¡¿Por qué lloras tanto?! —le gritó.
Pero aquella vez ocurrió algo imposible.
La llama levantó la cabeza...
y habló.
—El mar va a cubrirlo todo.
El hombre quedó inmóvil.
—¿Qué estás diciendo?
—Durante cinco días las aguas subirán y todo cuanto encuentren desaparecerá.
El miedo se apoderó de aquel hombre.
No perdió tiempo.
Reunió comida para varios días, llamó a su familia y tomó a la llama.
Después emprendieron el camino hacia un lugar que parecía tocar el cielo:
el cerro Huillcacoto.
Pero cuando llegaron a la parte más alta descubrieron algo todavía más extraño.
No estaban solos.
Allí ya se habían refugiado los animales de las montañas.
El puma.
El cóndor.
El huanaco.
La serpiente.
La llama.
Y también...
el zorro.
Todos permanecían amontonados en aquella pequeña cima, esperando lo que nadie quería imaginar.
Entonces comenzó.
Primero fueron unas gotas.
Después una lluvia intensa.
Y luego...
el agua empezó a subir.
Subió por los caminos.
Cubrió los campos.
Borró las casas.
Se tragó los árboles.
Y siguió subiendo.
Los animales se apretaban unos contra otros mientras el cerro desaparecía poco a poco bajo el enorme océano.
Todos intentaban mantenerse en lo más alto.
Todos...
menos uno.
El zorro estaba aterrorizado.
Buscaba desesperadamente un lugar donde subir.
Se trepaba sobre las rocas.
No alcanzaba.
Saltaba sobre otros animales.
Resbalaba.
Volvía a intentarlo.
Y cada vez que el agua subía un poco más...
el zorro subía un poco más alto.
Hasta que ya no encontró dónde ponerse.
Entonces ocurrió algo que cambiaría para siempre su apariencia.
El zorro dejó caer su cola por el borde de la montaña.
Pensó que así podría descansar mientras esperaba que las aguas comenzaran a bajar.
Pero el agua seguía subiendo.
Un poco más...
y un poco más...
hasta que finalmente alcanzó la punta de su cola.
El zorro sintió el frío.
Miró hacia atrás.
Demasiado tarde.
La punta de su cola había quedado empapada.
Y cuentan los antiguos que desde aquel día quedó oscura.
Por eso, según esta antigua tradición, los zorros llevan todavía una parte negra en su cola.
Pero la historia no terminó allí.
Durante cinco largos días el agua cubrió la tierra.
Cinco días en los que parecía que no quedaría nadie con vida.
Cuando finalmente las aguas comenzaron a retirarse, el mundo había cambiado.
Los campos estaban destruidos.
Los caminos habían desaparecido.
Y casi todos los seres vivos habían sido alcanzados por el gran diluvio.
Solo aquellos que lograron refugiarse en lo más alto del Huillcacoto habían sobrevivido.
Entre ellos estaba aquel zorro asustadizo...
con la punta de la cola negra.
Cuando la tierra volvió a quedar seca, los sobrevivientes descendieron de la montaña.
Y fueron ellos quienes, según cuenta la tradición, volvieron a poblar el mundo.
Desde entonces, cada vez que alguien mira la cola de un zorro y pregunta por qué termina oscura...
los antiguos tienen una respuesta:
porque una vez, cuando el mundo entero quedó bajo el agua, hubo un zorro que no encontró dónde esconder su cola.
🌿 “Quien escucha a tiempo el aviso del peligro, encuentra un lugar donde ponerse a salvo.”