09/05/2020
Cuando teníamos una tocada, ya sea en el Jazz Zone de Miraflores, un cumpleaños o en algún teatro, salía de mi casa y primero, recogía al maestro Lapla de Huaycahuacho en su casa de Villa María del Triunfo. Luego, al maestro Cholo Victor, en San Juan de Miraflores. Los desvíos y tráfico hacían que llegáramos un poco tarde por él y renegaba porque era una persona muy puntual. El maestro Lapla pasaba a sentarse en la parte detrás del piloto, con su arpa y el maestro Cholo Victor a mi lado. El maestro Cholo Victor decía “a ver, pon la música que falta empaparme un poco más”. Y los discos que llevo se los ponía para manejar, escuchando.
El maestro Lapla sonríe con la mirada. Dice que su arpa canta en alemán, chino, portugués, francés, italiano, o el idioma que le pidan. Es magia pura y que hipnotiza como cantándote. Sus melodías improvisadas al calentar antes de un concierto son perfectas para relajar los músculos ante la tensión que pueda sentir antes de salir a compartir con el público. Su templanza es genuina y esa es la estructura principal de sus melodías, son su reflejo interior, pienso. Me acuerdo cuando el maestro Cholo Victor saludaba al maestro Lapla al entrar al auto diciendo: “¿Y, Grego, ¿qué novedades?”, y empezábamos nuestro viaje por las rutas profundas de Lima escuchando la misma canción durante todo el viaje. Me gustaba mucho la determinación de aprender nuevos temas del maestro Cholo Victor y admiraba mucho su perseverancia y dedicación. Oíamos al maestro Lapla tocar su arpa en el carro y siempre estaba afinada en otro tono al que quería en ese momento, por el compromiso de la noche anterior. Tocaba con una mano porque estaba en una posición incómoda. Su arpa estaba en otra nota y esto hacía que me suene chistoso. Así nos pasábamos la primera mitad del viaje, riéndonos de la creatividad del maestro Lapla al tocar y disfrutando de la música.
Los peruanos y peruanas sabemos lo difícil que es transitar en Lima y en nuestro Perú profundo, uno siempre se siente en casa. Por el ruido o desorden de las calles, el sueño por las trasnochadas consecutivas de las fiestas en la sierra, los largos viajes en bus u otros temas que podrían haber sido factores de estrés, en los cuatro años que conozco al maestro Lapla de Huaycahuacho, nunca lo vi así. Su filosofía de vida es digna de replicar para poder vivir en armonía, cosa que admiro mucho de él. Gracias maestro Lapla por su entrega y ganas de salir adelante. Su serenidad es su herramienta artística más potente para traernos alegría. ¡Ay vida!
Gracias a Grecia Delta, Luis Ayvar Alfaro e Ivan ciro palomino art por su aporte a este homenaje.