22/06/2026
Hace apenas un mes tuvimos que despedirnos de ti, querida Nonita, pero sentimos que sigues presente en cada recuerdo, en cada enseñanza y en cada historia que nos regalaste.
Hoy queremos hablarte, sobre todo, de la mujer extraordinaria que fuiste. Fuiste una mujer de campo, trabajadora, multifacética, que nunca le tuvo miedo al esfuerzo. Tu mayor temor nunca fue la enfermedad ni el paso de los años; tu mayor miedo era no poder trabajar. Para ti, dejar de trabajar era como morir en vida. El trabajo no era solo una obligación; era una forma de sentirte útil, de servir, de cuidar a tu familia y de agradecer la vida. Ese fue uno de los mensajes más valiosos que nos dejaste: vivir con un propósito, levantarnos cada día con algo por hacer y con alguien a quien amar.
Hoy también queremos decirte que tus hijos honraron todo lo que les enseñaste. Lucharon contigo hasta el último instante. Enfrentaron con valentía cada enfermedad, cada tratamiento y cada dificultad, sosteniéndote con amor, cuidados y esperanza, incluso cuando la batalla parecía imposible de ganar. Porque entendieron, como tú nos enseñaste, que el verdadero triunfo no siempre consiste en vencer la enfermedad, sino en no abandonar jamás a la persona que amamos.
Y aun en los momentos más difíciles, nunca dejaste de regalarnos una sonrisa. Esa sonrisa fue una de tus más grandes enseñanzas. Nos mostraste que siempre es posible encontrar esperanza, incluso después de haber conocido el sufrimiento.
Hoy no queremos decirte solamente adiós. Queremos darte las gracias. Gracias por tu ejemplo de trabajo incansable, por tu fortaleza, por enseñarnos el verdadero valor de la familia y por el inmenso legado que dejas en cada uno de nosotros. Mientras vivamos los valores que sembraste en nuestras vidas, seguirás caminando a nuestro lado.
Queremos terminar con una frase de Ernest Hemingway que refleja muy bien la manera en que viviste:
"𝐄𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭á 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚; 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐝𝐨, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚𝐝𝐨."
Y si pudiéramos adaptar esas palabras para hablar de ti, diríamos que, Nonita, tu cuerpo pudo ser vencido por el paso del tiempo y por la enfermedad, pero tu espíritu jamás fue derrotado. Tu ejemplo seguirá guiándonos, tu amor seguirá uniéndonos y tu recuerdo vivirá para siempre en nuestros corazones.
Gracias por todo, Nonita. Te extrañamos, te recordamos y te amaremos por siempre.