31/08/2024
𝗥𝗶𝗯𝗲𝘆𝗿𝗼 𝗜𝗻𝗺𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹
Quiero saludar que estés tan vivo
a treinta años de tu deceso,
Julio Ramón, nuestro flaco querido,
nuestro Ribeyro inmortal.
Nos ayudaste a atender al Perú y a los peruanos,
especialmente a los desposeídos, a los marginados,
aquellos que quedaron expulsado del festín de la vida.
En el universo de tus historias
habitados por personajes solitarios
hallados en los bulevares periféricos de la vida;
circulan personajes e historias en el cual se revela
nuestro propio destino.
Somos esos recogedores de basura,
los recicladores de infortunios, de desventuras
de Los gallinazos sin pluma;
aquél que debe la renta de un cuarto miserable
y que se disculpa y promete
al casero: “el próximo mes me nivelo”.
o ese profesor suplente
de una mesocracia empobrecida.
Aquel niño excluido de la sociedad de los mayores,
que recorre “Por las azoteas”
y persigue sus sueños y fantasías.
o seremos acaso algún Bobby López, el limeño alienado
que aún habita entre nosotros.
Personajes con historias reales o fantásticas
que emergen de la esencia humana,
que nos permite percibir de manera sensible
la tragedia de los que buscan un espacio para vivir
en una gris, caótica y deshumanizada
de los suburbios de Lima.
aquellos desterrados y sin techo
que viven al pie de los acantilados.
Ese universo habitado por personajes
condenados casi de antemano a la mala suerte,
y que tu prosa lo describes con alucinante aliento lírico
como a Silvio en su Rosedal.
Sentado en las terrazas de los cafés de París,
sentado frente al mar de Barranco,
trazaste al mundo en muchas de tus historias,
lograste que los mudos hablen,
“que se expresen los que en la vida
están privados de la palabra,
los marginados, los olvidados,
los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz”
como tú mismo confesaste.
Revelaste con crudeza
el racismo, la marginación, la discriminación,
el conflicto social, la lucha clases, el abuso del poder.
la obstinada tentación al fracaso,
esa sensación de no llegar nunca a ninguna parte,
la persistencia de vivir en medio de las dificultades,
Oteaste con mucha agudeza
que en el fracaso hay una dimensión de grandeza,
que en la derrota se transparenta la dignidad.
que esos personajes pequeños, derrotados,
aplastados por una realidad inclemente,
tienen una cuota de heroísmo.
Bohemio empedernido, ágil bailarín,
asiduo visitante de una taberna vasca de Barranco,
donde tomabas siempre, solo o acompañado,
una copa de jerez,
exhalando el humo de tu cigarro siempre encendido
que te mantuvo siempre en los frágiles umbrales de la salud;
pero te mantuviste como un hombre vital y optimista
y nunca abdicaste de escribir.
Aficionado a los deportes de la bicicleta
con la cofradía de ciclista del medio día;
a la natación que practicabas en el mar de Chorrillos
desde las seis de la tarde
en tus calculados baños crepusculares.
Soy tu devoto lector, tú el escritor de culto
que sigues en vida a pesar de la muerte,
transformaste lo cotidiano en un pequeño relato,
el desencanto, la frustración, la realidad, la violencia, la muerte,
indagando sobre el sentido de la vida y del alma.
Elegiste las 9 de una mañana
del 4 de diciembre de 1994
para morir frente al mar Barranco.
y allí estás ahora,
enterrado junto con tu botella de vino y tu cajetilla de ci****os,
te fuiste y dejaste al mar, a tus personajes y a tus lectores.
Hoy te encuentro más presente
a pesar de tu ausencia.
Eres nuestro Chejov, nuestro Maupassant, nuestro Poe,
nuestro Juan Rulfo;
pero eres, sobre todo,
nuestro flaco, nuestro entrañable flaco,
nuestro Ribeyro inmortal,
que no escribías de los cantos del cisne
sino de los gruñidos del puerco.
Huacho, julio de 2024
𝑨𝑼𝑻𝑶𝑹: 𝑹𝒊𝒄𝒂𝒓𝒅𝒐 𝑱𝒖𝒍𝒊𝒐 𝑷𝒆́𝒓𝒆𝒛 𝑱𝒊𝒎𝒆́𝒏𝒆𝒛
Este poema contiene algunas frases escritas por el mismo Julio Ramón Ribeyro en algunos de sus libros.