20/04/2026
Aún recuerdo estas imagenes como si fuera ayer.
No era solo una sesión, era un encuentro con la fuerza humana en su estado más puro.
Frente a mi lente estaba Pedro Pablo de Vinatea, no como un atleta limitado por una prótesis, sino como un competidor completo, firme, decidido. Desde ese ángulo bajo entendí algo: no estaba fotografiando una historia de ausencia, sino una historia de superación. Cada encuadre debía respetar eso, debía elevarlo, no reducirlo.
La luz, la composición, la dirección… todo tenía un propósito: construir una imagen que hablara de capacidad, no de carencia. Y en ese momento confirmé que la fotografía de retrato no es solo técnica, es responsabilidad. Es saber cómo contar a una persona sin distorsionar su esencia.
Hoy, después de muchos años, sigo creyendo lo mismo: una buena fotografía no solo se ve… se siente, se respeta y se recuerda.
Y eso es lo que busco en cada sesión: no tomar fotos, sino crear imágenes que acompañen la historia de quien se pone frente a mi lente.