27/03/2023
¡Feliz Día Mundial del Teatro!
Desde La Mirada de Leandro, conmemoramos y celebramos esta fecha emblemática para un quehacer que da razón de ser a nuestra página y cosquillitas a las vidas respectivas de muchas de nosotras/os.
Este año, el mensaje internacional por nuestro día fue encargado a la actriz egipcia Samiha Ayuob; y lo leeremos esta tarde alrededor de las 6:45 PM desde nuestra cuenta en Instagram (), como se estila hacerlo siempre un día tan especial para nosotras/os como hoy 🙂. Copiamos a continuación el sentido texto de Ayoub:
27 de Marzo de 2023.
Instituto Internacional de Teatro ITI Organización Mundial de las Artes Escénicas
A todas mis amigas/os, las/os artistas del teatro, de alrededor del mundo:
Les escribo este mensaje en el Día Mundial del Teatro; aunque me siento abrumada de felicidad, cada fibra de mi ser tiembla bajo el peso de lo que todos sufrimos –artistas y no artistas del teatro- debido a la presión y la mezcla de emociones causadas por el estado del mundo actual. La inestabilidad es el resultado directo de lo que atraviesa nuestro mundo: conflictos, guerras y desastres naturales, que han devastado no solo a nuestro mundo material, sino también al espiritual y a nuestra paz psicológica.
Hoy me dirijo a ustedes con la sensación de que el mundo entero se ha fragmentado en islas aisladas, o en barcos que huyen a un horizonte brumoso, cada uno con sus velas abiertas y navegando sin nada al frente que los guíe, y a pesar de ello, siguen navegando esperanzados en llegar a un puerto seguro que los acoja tras su errante vagar en medio de un embravecido mar.
Nuestro mundo nunca ha estado más conectado entre sí, como hoy, pero al mismo tiempo nunca había sido tan disonante y lejano. He aquí la paradoja dramática que nuestro mundo contemporáneo nos impone. A pesar de que todas/os presenciamos la convergencia en la circulación de noticias y de que la comunicación moderna rompió todas las fronteras geográficas, los conflictos y las tensiones del mundo han excedido los límites de la percepción lógica, y han creado, a pesar de esa aparente convergencia, una divergencia fundamental que nos distancia de nuestra verdadera esencia de humanidad en su forma más simple.
La esencia del teatro es un acto puramente humano basado sobre la verdadera esencia de la humanidad: la vida. En palabras del gran pionero Konstantin Stanislavsky:
«Nunca entres al teatro con lodo en tus pies. Deja el polvo y la suciedad fuera. Deja tus preocupaciones mezquinas con tu ropa del exterior – todas las cosas que arruinan tu vida y llaman tu atención lejos de tu arte- en la puerta».
Cuando subimos al escenario, lo hacemos con una sola vida dentro de nosotras/os, pero esta tiene la gran habilidad de dividirse y reproducirse en muchas otras que emitimos en este mundo para que florezca y extienda su fragancia a las/os demás.
Lo que hacemos en el mundo del teatro como dramaturgas/os, directoras/es, actrices y actores, escenógrafas/os, poetas, músicas/os, coreógrafas/os y técnicas/os, todas y todos sin excepción, es un acto de creación de vida que no existía al subir al escenario. Esta vida merece una mano cariñosa que la sostenga, un pecho amoroso que la abrace, un corazón bondadoso que simpatice con ella y una mente sobria que le proporcione las razones que necesita para sobrevivir y continuar.
No exagero cuando digo que lo que hacemos en el escenario es el acto de la vida misma: dar a luz, generarla de la nada, como una brasa que relumbra en las tinieblas, iluminando la oscuridad y calentando el frío de la noche. Somos quienes damos esplendor a la vida. Somos quienes la hacemos corpórea. Somos quienes la hacemos vibrante y significativa. Y somos quienes proveemos las razones para entenderla. Somos quienes usamos la luz del arte para confrontar la oscuridad de la ignorancia y el extremismo. Somos quienes abrazamos la doctrina de la vida, para que la vida se extienda por el mundo. Para ello, damos nuestro esfuerzo, tiempo, sudor, lágrimas, sangre y nervios; todo lo que tengamos a nuestro alcance para transmitir el noble mensaje, defendiendo los valores de la verdad, la bondad, la empatía, la belleza; y creyendo, sinceramente, que la vida merece ser vivida.
Hoy me dirijo a ustedes no sólo para hablar, ni para celebrar en su día al padre de todas las artes, el teatro. Las/os invito a estar juntas/os; y tomadas/os de la mano y hombro con hombro clamar, desde lo más potente de nuestras voces, como estamos acostumbradas/os en nuestros escenarios, y que nuestras palabras salgan a despertar la conciencia del mundo entero, y que busquen la esencia perdida de la humanidad. La libre, tolerante, amorosa, simpática y gentil humanidad. Y rechazar la vil imagen de brutalidad, racismo, de conflictos sangrientos, pensamiento unilateral y extremismo. Los seres humanos hemos caminado sobre esta tierra y bajo este cielo durante miles de años, y continuaremos caminando. Así que saca los pies del fango de las guerras y de conflictos sangrientos, y déjalos en la puerta del escenario. Tal vez entonces, nuestra humanidad, nublada por la duda, volverá a tener la categórica certeza que nos permite sentirnos orgullosas/os de ser humanos, y de que todas/os somos hermanas y hermanos en la humanidad.
Es nuestra misión, como dramaturgas y dramaturgos, portadores de la antorcha que nos ilumina desde la primera aparición del primer actor/triz, en el primer escenario, estar a la vanguardia para enfrentar todo aquello que es horrible, sanguinario e inhumano. Y enfrentarlo con todo lo que es bello, puro y humano. Nosotras/os, quienes mejor que nosotras/os tenemos la habilidad de difundir la vida: propaguémosla entonces juntas/os, por el beneficio de un solo mundo y una única humanidad.
[Traducción de Raúl Díaz (Coordinación Nacional deI Teatro INBA, México)
- Adaptación en género (y en algunos detalles de redacción) de este servidor-]
*****
Leandro