22/06/2026
📝Estaba en mi cama, al despertar me levanté muy rápido, entonces de pronto sentí un dolor terrible en mi pecho. Me sentí morir, mis pulmones se asfixiaban sin aire. Aún no es tiempo, sé que no moriré. La contracción en mi pecho y el dolor me hizo caer lentamente, caí de rodillas y me apoyé en mi cama, casi ya no respiraba, había perdido el habla y el movimiento; el dolor era insoportable, gritaba en silencio. ¡Me estoy yendo! Entonces, dentro de mí, dije: "Señor, dame fuerzas, ayúdame". En mis pensamientos dije: "No moriré porque todavía no he hecho lo que me ha sido encomendado hacer". ¡No moriré! No escuché más por un instante, cuando el dolor se hizo más profundo. Aguanté un poco más, entonces volvió el sonido; un poco de aire entró en mis pulmones, volví a respirar con dolor, muy difícilmente. Entonces agradecí a Dios. Adoré a Dios. Antes de recuperarme bien, tenía que salir. Ese día repasé toda mi vida. ¡Ya no estaría aquí, yo iba a morir! No hubiera tomado el desayuno junto a mi hermana, no estuviera cosiendo esos polos en mi trabajo. No hubiera ido a comer hamburguesas en la noche con mi sobrina. Mi madre y mi padre, no podía ni imaginar. Los hermanos, la iglesia vendrían a mi velorio. No hubiera vuelto a ver su sonrisa del León. Quise llorar pero me contenía. Una y otra vez, todo el día, eran los mismos pensamientos. ¡Yo no estaría aquí hoy! Mi corazón estuvo frío, duro. No lloré. Se apoderó de mí una tremenda nostalgia, melancolía. Estaba adentro, pero empezó a volverse físico. Dejé de pensar en aquel episodio, no hablé con nadie más solo con una, y seguí. Fue muy duro. Yo no hubiera escrito esto si ya no estuviera aquí.