Francia, 1881
Merimé es un profesor de bellas artes que vive una vida sedentaria y muy relajada. Todo cambia una noche en la que despierta convertido en vampiro, rodeado de cadáveres y amnesia total, no sabe ni quién es o hacia dónde debe ir. Se retira de la escena como las ratas mientras escucha una voz en sus pensamientos: su creador habita dentro de él como si fuera la razón y la locura.
Con su ayuda escapa de Francia en un barco que transporta empleados para la construcción del gran canal francés, en el Istmo de Panamá. Luego de una sangrienta travesía ha recuperado la memoria, pero sigue en incertidumbre con respecto a su nueva condición depredadora, poco a poco va desarrollando sus nuevos sentidos, aunque, con un sabor amargo en la conciencia negra. Cuando descubre que puede volver a ser humano si destruye a su creador (Sire) inicia una búsqueda inútil para encontrar lo que lleva por dentro moldeando todos sus pensamientos. En poco tiempo es corrompido por sus dones superiores y empieza a ver a los humanos por lo que son: la presa. Y aquella humanidad que tenía, se le desprende seca como la muda de una culebra. Justo antes de llegar a Panamá, el vástago decide convertir al último sobreviviente del barco, había escuchado su violín durante todo el viaje y por más sed que tuvo no pudo matarlo sin convertirlo. El problema del neófito es que con su nueva destreza sobrenatural, toca muy rápido; se le rompen las cuerdas y cerdas, pronto descubre que puede ensayar con su cabello e hipnotizar a las personas. Ambos se establecen en San Felipe, los enfermos de fiebre amarilla y malaria tienen un sabor de sangre muy desagradable. Se debaten entre encontrar una cura o aniquilar a todos los enfermos para controlar la plaga. Visten como doctores de la peste negra y se infiltran entre científicos y doctores.
¿Qué harías si de la noche a la otra noche puedes tener todo lo que deseas?, ¿cuál es el precio y las consecuencias de los excesos? "Todos los humanos que confían en vampiros, merecen ser traicionados".