11/08/2022
EI primer ministro británico y el Führer alemán se odiaban apasionadamente, pero tenian algo en común: su vena pictórica.
La de Winston Churchill surgió cuando ya era un político destacado, en
plena I Guerra Mundial. En 1916,
tras el desastre de Galípoli, el entonces Primer Lord del Almirantazgo
fue apartado del gobierno y, en una
estancia en Francia y para matar el
aburrimiento, empezó a pintar a la
acuarela. Luego se pasó al óleo y, pese a su vuelta a los círculos del poder, ya nunca abandonaría la vocación artística. En el período de entre
guerras, ganó un concurso amateur
y vendió varios cuadros firmados
con el seudónimo de Charles Morin siguió pintando en la II Guerra
Mundial, cuando sus ocupaciones se
lo permitían, y con mayor constancia desde 1946 hasta su muerte. El
balance: más de 500 obras, de marcada influencia impresionista y notable factura, y hasta un ensayo estético, La pintura como pasatiempo,
publicado en 1949.
DE BOHEMIO A DICTADOR
Por su parte, Adolf Hi**er quiso dedicarse a las Bellas Artes desde muy
joven, pero fue rechazado en las
pruebas de acceso a la Academia de
Viena. No obstante, durante cinco
años y en su etapa «bohemia» antes
de luchar en la Gran Guerra
se ganó la vida (malamente) en la
capital austríaca vendiendo posta-
les pintadas, caricaturas y cuadros
de pequeño formato a precios irrisorios y a compradores poco sofisticados clientes de las cervecerías,
vendedores de marcos que buscaban láminas con las que rellenarlos sus
últimas obras, todas en un estilo realista de técnica poco depurada, datan de 1923, durante su paso por la cárcel tras el fallido Putsch de Múnich. Tal vez avergonzado de una vocación juvenil tan poco épica, o de la escasa calidad de su arte, en 1935 trató de rescatar el millar aproximado de pinturas vendidas para destruirlas. Las que se observan se cotizan hoy en tor-
no a los 15.000 euros.
Créditos a : muy história - revista
# hi**er