17/07/2024
LAS HERMANAS
Hubo un evento en la vida de mi hermana que cambió su rumbo para siempre. El día que nació su más grande fan. Yo. Seguramente ella pasó su infancia sin saber que la niñita que dormía en la cama de al lado, la tenía en un pedestal.
¿Ustedes tienen hermanos? Cuando solo somos dos, no hay de donde escoger cuál de todos te cae mejor. Volteas para arriba y solo ves a uno, o una. El hermano mayor por lo general no sabe el grado de admiración que le tiene el hermano menor. Debido a que la vida no te ha dado opción, ese único hermano es “El ser más maravilloso del Universo y más allá de sus fronteras”. En mi caso, no había de otra, solo tenía una hermana y era mayor.
Físicamente éramos muy parecidas, pero de forma de ser éramos abismalmente distintas. Yo era una diva, Marga López, de lagrima fácil. Vivía disfrazada. Si mi vestido era de princesa ampón, con encajes… mejor. Mi hermana, ¡qué vestidos, ni que vestidos! Jeans con parches y las rodillas siempre inmundas y raspadas. Me acuerdo que en general le chocaba estar conmigo. Mientras más lejos me tuviera, mejor. Pero eso sí, que nadie me tocara por que se las veía con ella. Uno de mis recuerdos más antiguos es estar en el kínder, una niñita me tenía contra la barda cuando de pronto pasó mi hermana, la tomó de los hombros, la puso a ella contra la barda y le dijo:
—¡Es mi hermana, no la toques o te va mal!
Tatá taaaaan- tatá taaaan (música de Rocky Balboa retumbó en mi corazón) …sentí como se me desplegaba una cola de pavo real imaginaria. Caminé sintiéndome la mismísima María Antonieta contoneándose por los pasillos de Versalles… hasta subirme al columpio desocupado; meciéndome rebosante de autoestima… Autoestima que mi hermana me quitaba a zapes una vez que andábamos en la comodidad del hogar.
Los hermanos son ese espejo que devuelve la imagen de quién eres, de quien viniste a ser. A veces reflejan lo que más amamos de nosotros mismos. A veces, lo que odiamos de nuestra forma de ser. Lo que te choca, te checa.
Recuerdo cuando mi mamá decidía ponernos vestidos iguales para ir a las fiestas infantiles. Jajaja. Para mí era lo máximo. Era traer el sello de la casa. Caminar entre los juegos con el mismo vestido que mi ídola, era cómo decirle a todos: “esta viejorrona es mi parienta”.
Para mi hermana… la recuerdo quejarse amargamente:
—¿Porqué? ¿porqueeeehhh? ¿por qué tengo que ir igual vestida que esta inútil…?
Mientras yo pensaba: “¡Mamá, no se lo quites! Déjaselo, aunque se queje. Al rato se le pasa”
Tardé años, años en quitarle el traje de superhéroe a mi hermana; en lograr verla como una humana normal. Llena de defectos y virtudes. Es más, les confieso que hubo un momento en mi vida que el péndulo de mi idolatría se fue del otro lado y hasta me caía gorda.
A final de cuentas los hermanos somos custodios de una historia en común. Somos compañeros de trayecto. Nadie está más tiempo en tu biografía. Comparten la infancia y si hay suerte, la vejez. Los hermanos somos testigos de muchos de los traumas y alegrías que nos forman el carácter. Somos guardianes del corazón y la autoestima del otro, porque sabemos exactamente su rincón más vulnerable, dónde nos duele y por que nos duele.
Los hermanos compartimos pedacitos de historia que nadie más sabe, y que tal vez, a nadie más le interesan; como, por ejemplo, solo ella y yo sabemos que nuestro licuado de “milo” cada mañana llevaba huevo de las gallinas que teníamos en el patio; resultado de que no se murieron los pollitos que me regalaron en mi cumpleaños y vivieron como 6 años en el jardín dándonos huevo fresco todos los días. O la alegría de brincar los domingos sobre la cama de mis papás para ver “Odisea burbujas”. El disco de trova yucateca que sonaban cada fin de semana en mi casa a la hora del desayuno. La esquinita de las escaleras en la que nos asomábamos a ver si había llegado Santa Claus. La guerra de almohadazos que armábamos sobre la cama de mis papás, donde por su edad y fortaleza siempre salía ganando ella y aquí… su Marga López (yo mera) acababa siempre llorando, acusándola con mi mamá. O las carcajadas que nos echamos hasta la fecha cada que contamos la anécdota de “las niñas nadadoras” (relato que pueden leer aquí en la página, el cual lleva ese título). Así, entre miles de pequeñas historias se va tejiendo nuestro fraternal amor.
Llevo medio siglo cargándole un espejo donde se refleja toda su luz y todo lo que no le ha gustado ser. Ella lleva otro, en el que me reflejo yo. Y, a pesar de conocer todas nuestras sombras nos queremos. Nos amamos. Hemos tenido tiempo (51 años) de causarnos dolores que, sin duda, siempre han sido sin intención de lastimarnos. De la misma manera, somos portadoras y generadoras de las más fuertes carcajadas, alegrías, travesuras, ideas estúpidas y brillantes. Nos basta una mirada para saber lo que piensa la otra, lo que siente la otra… Hermanas.
Hoy vivimos a más de 8000 km de distancia. Nos mandamos memes, hablamos de vez en cuando y nos vemos tal vez una vez al año. ¿Cómo seremos de viejitas? ¿Llegaremos las dos a ser viejitas? Cuando lo seamos, ¿seremos cercanas, como lo fuimos de niñas?… ¿para entonces cambiaremos de papeles y, ella será mi fan? Jajaja. Sólo sé que traigo aquí guardada su historia, y ella lleva la mía. Nadie sabe mejor que nosotras, lo que hizo a cada una, ser lo que es hoy.
Les mando un abrazo fraterno, y a FGB le mando dos.
Les recuerdo que mi libro "7 Tips para un divorcio emocionalmente exitoso" esta de venta en Amazon esperando que los corazones rotos corran a comprarlo.