25/06/2025
🌹✨ Día del Maquillista – Desde la trinchera del arte 🎨
A veces me siento como una niña que sigue robándole los labiales a su hermana.
Como esa chiquilla que abría el cajón de su mamá para encontrar esas sombras satinadas, medio rotas, llenas de años y de polvo.
Ahí, entre lo viejo y lo prestado, comenzó un sueño.
Un sueño que, para alguien como yo, no debería existir.
Porque crecer en la precariedad es aprender desde niña que los sueños están reservados para otros.
Que a nosotras, la prole, se nos enseña a bajar la mirada, a no pedir mucho, a conformarnos.
Y si soñamos, soñamos con miedo. Con culpa. Con resignación.
En el barrio, a veces parece que hay solo tres salidas:
La calle, lo legal (que casi nunca alcanza), o el arte.
Y yo, que no encontré refugio en lo legal ni fuerza para irme por lo malo, me aferré al arte.
Al arte que vive en mí.
Al arte que se me sale por las manos cuando toco un rostro, cuando trazo una ceja, cuando ilumino una piel.
Estudié, aunque no podía pagar. Me gradué dos veces, aunque a medias comía.
Me gané una beca, aunque ni yo me lo creía.
Y justo cuando pensaba que por fin lo estaba logrando, me robaron todo mi material. Todo.
Tuve que volver a empezar. Desde cero.
Y aún así… aquí sigo.
Porque aunque me duela, me niego a soltar mis sueños.
He trabajado para marcas, maquillado para editoriales, visto a extranjeras frente a mi espejo, pero sigo siendo la misma chava de barrio.
Con ansiedad, con miedo a la ciudad, con un empleo que me da estabilidad, pero no me llena el alma.
Porque mi alma está aquí: en cada pigmento, en cada brocha, en cada rostro que toca el mío.
Hoy no celebro el éxito. Celebro la resistencia.
Celebro haber sobrevivido a un sistema que nunca esperó que yo soñara con tanto color.
Celebro a la niña que fui, y a la mujer que se niega a dejar de soñar.
Hoy, feliz Día del Maquillista a mí,
que aprendí a maquillar la tristeza,
a trazar dignidad en cada mejilla,
y a hacer del arte una forma de existir…
cuando todo lo demás parecía querer borrarme