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AP Galería Ubicada en el Centro Histórico, la galería se dedica a la exhibición de arte contemporáneo.

19/06/2026
El mundo se va acabar por Moisés  OrozcoJuan Villoro, en Dios es Redondo, decía que el aficionado al fútbol “acepta en f...
19/06/2026

El mundo se va acabar por Moisés Orozco

Juan Villoro, en Dios es Redondo, decía que el aficionado al fútbol “acepta en forma tácita que verá lo inimaginable y que eso le va a gustar muy poco. Así es el fútbol, algo que no sucede o sucede a medias o sucede mal, pero insinúa en todo momento que puede
componerse”. Con esta frase, con la que Villoro intenta explicar la masoquista resignación del hincha, no solo se define la incertidumbre de los partidos, sino la impotente furia de
aquellos que entienden que la FIFA es una madriguera de criminales, pero que, a su vez, no pueden resistirse a gritar un gol de su selección.

El fútbol es la cosa más importante de las cosas que no importan. La fiesta patronal de un país que, sin importar sus diferencias, encuentra comunidad en el ejercicio de esta religión laica. Debido a esto, y a que en el capitalismo todo es susceptible de convertirse en mercancía, desde sus orígenes (por algo nació en Inglaterra) ha habido corsarios y bucaneros aprovechándose de la pasión que provoca la contienda de los once de la tribu.

Los Mundiales son una fotografía del espíritu de los tiempos. La victoria de Argentina contra Inglaterra en 1986 no sería tan legendaria sin la sombra de las Malvinas tras de sí. El triunfo de Alemania contra los “Magiares Mágicos” de Hungría en 1954 no sería lo que es si no fuera porque le permitió al país teutón saborear la alegría en medio de la expiación de sus propios pecados nacionales.

En 2026 presenciamos el Mundial previo al fin del mundo. Los obscenos costos que excluyen a la inmensa mayoría de la hinchada son un recordatorio de la galopante desigualdad de nuestros días. Que uno de los anfitriones esté bombardeando a uno de los participantes, justo después de que su presidente haya recibido el Premio de la Paz de la FIFA, es el testigo imborrable de que la mano invisible del mercado puede usar guantes de portero.

Marcado por el racismo, la xenofobia y el imperialismo; organizado desde la explotación, la ambición desbocada y nuevas formas coloniales, el Mundial de 2026 nos da una paralizante mirada de nuestro momento histórico: el colapso de nuestras formas de organización colectiva, la marginación de la clase obrera y la imposición de la voluntad de aquellos que intentan despojarnos del mundo; todo esto al ritmo instrumental de la fiesta, la evasión y, por supuesto, el merchandising oficial.

Esta enumeración de horrores no quiere apelar a la culpa del aficionado al fútbol. La culpa desmoviliza. Por eso, ante la parálisis del remordimiento, tenemos la responsabilidad de la acción. En vez de meternos atrás como equipo italiano, debemos salir al contragolpe. Como habitantes del sur global, lejos de los contratos millonarios y los complejos deportivos ultratecnológicos, hacemos uso del arte, la magia, del joga bonito.

“El mundo se va a acabar” nos recuerda algo realmente importante: el balón, la pasión, el fútbol, nos pertenecen. Suyos son los palcos y los derechos televisivos; nuestros son la épica y el sueño, el delirio y el compañerismo que solo se encuentran en sol general.

El fútbol es un fenómeno de masas, no por su naturaleza espectacular ni por su oferta de dopamina relámpago; de hecho, en este apartado, el deporte más bello del mundo es bastante tacaño. El fútbol es popular precisamente por eso: porque es del pueblo, es
colectivo y democrático. Es un juego para el que no se necesitan caballos o montañas nevadas; es una lucha en la que los desposeídos de la tierra pueden mirar a los ojos a los imperiales dueños del mundo.

Todas las ligas del mundo tienen un arquetipo que se repite: el hegemón indiscutible, la escuadra poderosa, apoyada por el gobierno, algún gigante de los medios, un consorcio empresarial o todas las anteriores, enfrentado en su clásico indiscutible a algún equipo con historia sindical, cooperativista o sencillamente materializado en las bravas fraguas del barrio. Esta epopeya nos permite creer que la esperanza y la justicia aún pueden remontar en tiempo suplementario.

“La pelota no se mancha”, decía Maradona al retirarse de Boca Juniors. Y es cierto, no porque el fútbol sea inmune a los miasmas de la realidad y el mercado, sino porque, contrario al criterio de los contadores de la FIFA, “no hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie”.

La pelota es nuestra, de todos y todas. Y mientras defendamos nuestro derecho al balón, a pesar de que el Negocio del Futbol sea el combinado intencional de apocalípticos jinetes, la pelota será impecable y diamantina.

Mañana se inaugura “El mundo se va ACAB ar” exposición colectiva en el Café Fuensanta, en Jerez a la 16:00 hrs. Esperamo...
13/06/2026

Mañana se inaugura “El mundo se va ACAB ar” exposición colectiva en el Café Fuensanta, en Jerez a la 16:00 hrs. Esperamos contar con su presencia.

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