03/06/2026
Las yuccas y los cactus 🌵
Las yuccas son testigos. Ellas bailan y saben que las espinas se vuelven flor en medio del desierto y que en él también se libra la guerra.
Las yuccas saben que los arcoiris brillan como una promesa antes de llegar al oasis.
Ellas saben que son códices que guardan el secreto que la Abuela Tierra teje en el desierto, con agujas de voz de rayo e hilo de venas secas. Saben del amor que nace dónde la tierra duele, de la espina que muerde al viento para hacerlo cantar, del silencio nocturno con luna de plata, del cuenco de obsidiana con astas de venado, y del caminar desn**o con los pies abiertos, bendiciendo cada grano que la Abuela Tierra puso en su telar.
Las yuccas saben que en el desierto el Abuelo Pe**te abre su ojo verde para los maestros que sangran luz. Él te mira debajo de una piedra sin parpadear.
Cuándo lo muerdes se convierte en dos mujeres; una te muestra el lado que escondes, cómo el espejo humeante de Tezcatlipoca, la otra se quita el velo de Cihuacóatl y te escupe la verdad en la cara.
"¡Tú sueñas con los ojos despiertos!"
Y Kauyumari, el Venado Azul, cruza los dos mundos sin tocar el suelo, porque sus pezuñas no piden permiso. Él conoce los senderos que la Abuela Tierra tejió de noche para que la Muerte no se atreva a cambiarlos, y le pide a sus hermanos los cactus que sean testigos del ahora, no del antes ni del después.
Y los cactus le responden que antes la tierra no tenía nombre y el desierto era mago soplando dioses en el polvo de sus estrellas. Porque ellas estaban cuando Tatewary le enseñó a la espina a negar ser llanto y decidir ser lanza de obsidiana. Entonces entendió que la muerte no mata, es sagrada y bautiza, y la bautizó cómo una flor que nace de la semilla de Xochilpilli.
Las yuccas y los cactus saben que en el desierto nacen los rituales de los hombres y no se discuten porque el Sol y la Luna te hacen beber templanza llena de sangre que se convierte en nopal, biznaga, mezquite, gobernadora, y se alimenta de los que aún no nacen, de esa energía que la Abuela Olla ovula en los vientres y espera a qué se tejan.
Los cactus le dicen al cielo que las estrellas son el mecapal para los sedientos que llegarían mil lunas después, porque el tiempo en el telar de la Abuela Tiempo corre al revés.
Y las yuccas dicen que el Hikuri de ojos verdes y corazón de piedra no se come, se comulga y se gana con las rodillas rotas, porque cuando lo masticas, los espíritus de las sacerdotisas te arrancan el nombre que te dió tu madre ordinaria y te devuelven el que la Abuela Tierra tejió para ti antes de tu experiencia humana.
Y que si crees en la magia y los dioses con formas de cactus anda a Wirikuta, ahí aprendes con los pies ampollados de eternidad, puedes ver tu propia osamenta caminar delante de ti, dejando huellas en la arena que la Abuela Luna señaló para que no te pierdas cuando te canses de estar mu**ta.
Las yuccas y los cactus te dicen que recuerdes que son testigos. Ellas te vieron nacer antes que tu madre. Te vieron cuando eras polvo, sed, íra, y te están esperando para que recuerdes que la guerra no empezó contigo.
Tú eres la guerrera que la Abuela Tejedora tejió en silencio para que el desierto no se deshilara en soledad.
Aries ♈🐏