27/03/2026
La gracia de Dios aún nos asombra porque rompe completamente con nuestra lógica humana.
Nosotros estamos acostumbrados a pensar en términos de mérito: recibir según lo que hacemos, ganar lo que obtenemos. Pero la gracia no funciona así. Dios da sin que lo merezcamos, ama incluso cuando fallamos y perdona aun cuando no tenemos cómo pagar.
Nos asombra porque:
Es inmerecida: no la podemos ganar.
Es abundante: nunca se agota, aun cuando fallamos repetidamente.
Es transformadora: no solo perdona, sino que cambia el corazón.
Es personal: Dios no trata con masas, sino con cada vida de manera íntima.
En pocas palabras, la gracia nos sorprende porque revela un amor que va más allá de la justicia humana: un amor que no solo nos alcanza, sino que nos sostiene todos los días.
Coordialmente invitados.