08/03/2026
En el día internacional de la mujer .
María Luisa Garza fue una escritora autodidacta, periodista, directora de revista y promotora cultural, desarrolló una carrera intensa tanto en México como al sur de los Estados Unidos
la obra de María Luisa Garza, Loreley, incluye la publicación de cinco novelas —Los amores de Gaona (1922), La novia de Nervo (1922), Alas y quimeras (1924), Tentáculos de Fuego(1929 y 1930) y Soñando un hijo (1937) —y dos libros de poesía —Escucha (1928) y Poemas de Loreley (1951)— así como su primera obra Hojas dispersas ( 1918).
Viviendo en Texas 1914-1922
Loreley se incorporó como colaboradora en El Imparcial de Texas, semanario dirigido por Francisco A. Chapa. Días después, en agosto de ese mismo año, comenzó a publicar poesía suelta en La Época, periódico editado por la Librería Quiroga, empresa de José Quiroga. En ese mismo medio apareció su célebre columna “Crónicas de Loreley”; además, fue la responsable de la sección Literaria y, poco después, asumió la dirección editorial del semanario. Al mismo tiempo, colaboró en otras publicaciones norteamericanas: La Prensa, Los Ángeles, California (1921); Hispano-América, San Francisco, California (1921–1925); El Heraldo de Mexico, Los Ángeles, California (1921); La Patria, El Paso, Texas (1922); El Tucsonense, Arizona (1922–1923); La Estrella, Las Cruces, Nuevo México (1924); El Amigo del Hogar, Indiana (1926); Opinión, Los Ángeles, California (1928-1929) y El Cronista del Valle, Brownsville, Texas (1929). También participó en prensa mexicana: La Revista de Yucatán, Mérida (1922), El Demócrata, Ciudad de México (1923-1924); El Informador, de Guadalajara, Jalisco (1926); El Universal Ilustrado, Ciudad de México (1924); Revista de Policía, Ciudad de México (1929) y Nuestra Ciudad, Ciudad de México (1930).
Como puede observarse, Loreley fue una escritora infatigable. Colaboró en múltiples publicaciones periódicas para sostener económicamente su hogar, labor que le valió el reconocimiento de sus colegas. En diciembre de 1921, sus compañeros periodistas le entregaron una medalla en su honor; durante el acto, el locutor Aldo B. Alarcón enfatizó “el elogio de la mujer que trabaja, buscando la independencia de su criterio y el bienestar propio y el de sus hijos”.
Consagrada ya como periodista, en 1922 María Luisa fundó y publicó, con recursos propios, la revista mensual Alma Femenina. Revista Ilustrada. Dedicada a la mujer, cuyo primer número circuló en enero. Al mes siguiente, fue comisionada por el cónsul de México en Texas para presidir La Cruz Azul Mexicana, organización dedicada a socorrer a migrantes indocumentados en San Antonio, Texas. Garza rechazó el encargo alegando falta de tiempo, pero la autoridad ignoró su negativa, lo que la llevó a presentar su renuncia de manera irrevocable pocos días después.
Ese mismo año, además de cuidar a sus hijos, continuar con sus colaboraciones en la prensa y dirigir su propia revista, publicó dos novelas de su autoría: La novia de Nervo, editada por la Librería Quiroga, y Los amores de Gaona, por la Art Advertising Co. También en 1922 formó parte de la comitiva de mujeres mexicanas que asistió a The Pan American Conference of Women en Baltimore, Maryland. Su creciente prestigio, cimentado por su esfuerzo personal, trascendió fronteras. En Sonsonate, El Salvador, la asociación femenina “Gota de Leche” inauguró un teatro al que puso por nombre Loreley, en homenaje a la escritora mexicana.
Este reconocimiento puede explicarse, en parte, por las redes culturales que Garza tejió. Rodrigo Franco, poeta colimote, refiere que la periodista reunía en su casa de Sweet Street, a la orilla del río San Antonio, a diversos intelectuales y artistas hispanos —entre ellos Humberto Barros, José Manuel Matos, Adolfo Manero y García Mares—para discutir ideas, compartir escritos y hablar de la patria. Es probable que en ese mismo entorno Garza estableciera una estrecha amistad con Gabriela Mistral, la cual inicialmente fue por correspondencia.
En 1923, a petición expresa de Mistral, María Luisa regresó a México para integrarse al proyecto educativo oficial. A su llegada a la capital, se le otorgó el cargo de secretaria en la Escuela “Gabriela Mistral”. La poeta chilena y María Luisa compartían, además de una amistad, un estilo de vida poco común para su época: eran mujeres escritoras, con cargos públicos, que se auto sustentaban económicamente y eran responsables únicas de sus hogares. También participaban de una visión discursiva conservadora sobre la feminidad, centrada en la maternidad y el deber doméstico. En uno de sus escritos, María Luisa expresó de manera elocuente esta postura: “¡La casa para la mujer! ¡Abominemos del feminismo! ¡Séase hija, esposa y madre! […] ¿Los derechos de la mujer? ¡Helos aquí: amor, deber, ¡piedad!”. Leída en su contexto, esta afirmación no cancela la experiencia de autonomía que ambas vivieron, sino que revela una estrategia de adecuación discursiva que les permitió intervenir en el espacio público sin romper abiertamente con el orden simbólico que regulaba el acceso femenino a la autoridad intelectual.
Bo