20/03/2026
En 1994, Anna Nicole Smith, modelo y figura mediática, se casó con el magnate petrolero J. Howard Marshall II. Ella tenía 26 años y él 89, lo que generó un gran revuelo público por la diferencia de edad y las especulaciones sobre sus motivos.
El matrimonio duró poco: en 1995 Marshall falleció y su inmensa fortuna, valorada en unos 1.6 mil millones de dólares, pasó directamente a su hijo Pierce Marshall.
Anna quedó fuera del testamento, lo que desató un conflicto inmediato.
Convencida de que su esposo le había prometido una parte significativa de la herencia, Anna inició una larga batalla legal. Alegaba que debía recibir unos 300 millones de dólares, pero los tribunales consideraron válido el testamento que la excluía.
El caso se volvió histórico porque se extendió durante casi dos décadas, atravesando múltiples instancias judiciales. Incluso llegó dos veces a la Corte Suprema de Estados Unidos, en 2006 y 2011, para resolver disputas sobre qué tribunal tenía autoridad definitiva.
A lo largo del proceso, Anna y luego su patrimonio intentaron obtener compensaciones, incluyendo una demanda por 44 millones en sanciones contra la familia Marshall. Sin embargo, los jueces rechazaron cada intento, cerrando definitivamente el caso en 2014.
El resultado fue contundente, Anna Nicole Smith nunca recibió nada de la fortuna de Marshall. Su historia quedó marcada como uno de los litigios de herencia más mediáticos y prolongados en la historia estadounidense, símbolo de cómo el poder económico y la ley pueden entrelazarse en disputas interminables.