23/09/2026
¡Seguimos con el recorrido! Les cuento que aquí en el taller, mientras estamos entre la yesera, pintando piezas y armando pedidos, siempre terminamos platicando de Tlalpan porque es nuestra casa. Pero el otro día salió en la charla que el sur de la Ciudad de México es enorme y está repleto de rincones maravillosos. Por eso vale toda la pena salirnos un poquito de Tlalpan y meter esas leyendas, historias y calles de otras alcaldías que son súper, súper importantes para la historia de nuestra ciudad.
Y si de historias icónicas se trata, hoy nos toca movernos a Coyoacán.
Si has caminado por la hermosa calle de Francisco Sosa, seguro conoces el Barrio de Santa Catarina. Es una joyita llena de casonas virreinales, fachadas amarillas y rojas, su pequeña capilla del siglo XVI y calles empedradas por las que da gusto pasear. Pero a solo unos pasos de toda esa paz colonial, se esconde un pasaje estrecho que le saca un buen susto a más de uno el Callejón del Aguacate.
El Barrio de Santa Catarina: Está al oeste del centro de Coyoacán, sobre la histórica calle de Francisco Sosa.
El Callejón del Aguacate:Se encuentra escondido entre las calles de Hidalgo y Francisco Sosa, a un costado del Jardín de Santa Catarina y la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles. Es un callejón sin salida, empedrado y muy estrecho apenas mide unos 4 metros de ancho.
Paredes de cine: La mayoría de las casas están hechas con piedra volcánica del Xitle. La famosa Casa Fuerte de Emilio El Indio Fernández está aquí y fue escenario de decenas de películas del Cine de Oro Mexicano.
Refugio de grandes mentes: Octavio Paz vivió sus últimos días en la Casa de Alvarado hoy Fonoteca Nacional, en esta misma calle.
El puente antiguo: En la plaza del barrio antes corría un río; todavía se conserva el pequeño puente colonial por donde cruzaba la gente.
A diferencia de las casonas iluminadas del barrio, este callejón siempre ha sido oscuro, cerrado entre muros altos y con una atmósfera silenciosa que pone la piel de gallina. De ahí surgieron varios relatos.
El militar y el niño: La leyenda más conocida dice que en los años 30, un soldado traumatizado caminaba por ahí y un niño se le acercó insistente para jugar. El militar perdió el control y lo atacó junto a un gran árbol de aguacate. Arrepentido, dicen que colocó un altar con una Virgen en la esquina del callejón para pedir perdón.
El altar y la virgen: Hasta la fecha, en la esquina del callejón hay un nicho con la figura de la Virgen. Los vecinos y curiosos aseguran que de noche parece cambiar de expresión o llorar.
Sombras y apariciones: Como el callejón tiene forma de "L" y no tiene salida, se rumoraba que la gente iba a medianoche a hacer sesiones espiritistas o a invocar sombras que aún se escuchan rondar por ahí.
Caminar por Santa Catarina de día es un deleite, pero pasar por el Callejón del Aguacate cuando cae la noche... ¡requiere su valentía!