23/01/2019
ADIÓS AL TEATRO…
Este año decidí dejar de hacer teatro después de 10 años. Sigo considerando que el teatro es muy importante en una sociedad como la nuestra, o en cualquier otra, pero muy en especial la nuestra donde es necesario llevarle a la gente otras formas de pensamiento, otras posibilidades de vida; sin embargo, para mí, ya fue. Ya cumplí mi etapa de escribir, dirigir, producir o actuar teatro, y no porque yo considere que lo he hecho todo, no, simplemente porque no deseo ya continuar en este camino. Para mí es tiempo de mudarme y buscar otras cosas que me sean tan exitosas (a mi manera) como lo fue el teatro.
En ningún momento el teatro representó para mí un trabajo, fue siempre el mismo desempeño que un trabajo por el respeto que éste merece, pero este año dejo esa responsabilidad a otras personas, a quienes deseen seguir haciendo teatro, un teatro que proponga, un teatro que diga algo más de lo que ya sabemos, una comedia o una tragedia que no moralice, sino que haga crear las mismas inquietudes por querer ser una mejor sociedad. A lo largo de estos años me rehusé a querer participar en certámenes, en convocatorias, porque no me interesó en ningún momento hacerlo. Hacer teatro para mí era la responsabilidad que tenía con le público, la responsabilidad de llevarles cosas que tuvieran sentido aunque no ganáramos ni un peso de ello. Mis sueños dentro del teatro no fue llegar al CECUT, ¿cómo podría querer llegar a él cuando un grupo monopolizado dicta lo que es bueno o es malo del teatro? Por lo general todo es malo en ese tipo de monopolios, pero quizá es eso lo que buscan y necesitan para validarse. Yo no estuve dispuesto a pagar 40, 000 pesos por la renta del teatro para una función, porque no estaba dispuesto a vender más cara la entrada a $100 pesos, y con 990 butacas, menos las 50 que el CECUT te quita, vendiéndolo a $100 pesos implicarían $94,000 pesos, de esos $94,000 el pago de los actores y actrices, que por lo menos serían $1000 pesos la función. Supongamos que son 10 integrantes de un elenco, ahí serían $10, 000 pesos de salarios, de esos $84, 000 recuerden que hay que pagar los $40, 000 pesos, por lo tanto quedan $44,000 pesos, menos los permisos de presentación $5000 pesos, menos la producción, (porque para que una obra luzca en ese recinto mínimo hay que tener una producción que valga la pena), $39, 000 pesos para la producción, sin contar la promoción, publicidad, folletería, etc. En realidad de esos $94, 000 pesos, quedaríamos en números rojos y con un estrés que nunca podrás reponerte de eso. No, en realidad ésa nunca fue mi intención. Y peor aún, someter mi trabajo a un grupo de primitivos, nunca estuvo dentro de mis sueños o ilusiones.
Sin embargo, sí logré presentarme en teatro que me fueron accesibles en la ciudad, como el Teatro del IMSS (Clínica 7), que nunca rebasaron los $4000 pesos entre renta y pago de técnico. Desde el 2009 tuve la satisfacción de no preocuparme nunca por llenar un teatro de 300 butacas, y continuamente estuvimos rentando el teatro del IMSS para nuestros proyectos, a la par supimos lo que es otros lugares culturales en la ciudad, La Antigua Bodega de Papel nos abrió las puertas y siempre estuvieron abiertas, ahí, aunque sea difícil de creer, nos costó mayor trabajo llenar el lugar, lo hicimos un par de veces de las tantas que nos presentamos ahí, pero para nuestro público implicaba un día entre semana, un lugar menos accesible para nuestro público, y un costo elevado, (cabe mencionar que la mayoría de nuestro público era público preparatoriano), de lo que vendía a sus comensales. Pero siempre, siempre agradeceremos a Nancy Reyes y Rogelio Treviño que nos hayan abierto las puertas.
En un par de ocasiones logramos presentarnos en el Teatro Cala-Fórnix del TEC, en ambas ocasiones solamente nos pidieron un dinativo para cubrir el requisito, uso fue entre $4000 y $5000 pesos, cuando en realidad la renta en esos tiempos andaban entre los $7000 pesos por función. En el Teatro de la UABC Rubén Vizcaino también nos presentamos un par de veces, éstas de manera gratuita gracias al Matro. José Guadalupe Flores Aguilar, que con su intención de llevar el teatro a la comunidad estudiantil gestionó los permisos para presentarnos ahí sin necesidad de solicitarlo directamente con UABC. Ese teatro también es caro, y creo que en estos momentos el costo del teatro de la UABC por función es de $9000 pesos. Estuvimos en varias universidad en la ciudad: UPN fue la primera universidad que nos abrió las puertas, CESUN Universidad, UABC Facultad de Humanidades, (donde hay una anécdota muy interesante, como rebeldía a nuestra obra nos apagaron la luz de la explanada, lo que no nos detuvo y terminamos la obra a la luz de la luna). No sin antes mencionar los lugares fuera del estado a los que nos aventuramos a presentarnos en San Cristobal de las Casas, Chiapas; Guanajuato; Celaya, y CDMX en la UNAM, y en la misma ciudad en Sal & Café del Matro. Teodoro Palomino.
Así como hubo gente que creyó en nuestros proyectos también hubo gente que nos cerró las puertas, por ejemplo El Lugar del Nopal que en un par de ocasiones solicité el espacio, les ofrecí de manera gratuita la obra y ellos podía cobrar lo que desearan y sería enteramente para ellos. Lo vivimos lo mismo en CETYS que tampoco, bajo ninguna circunstancia nos dejaron entrar por ser temas polémicos para la institución (Sr. Presidente). La Preparatoria Federal Lázaro Cárdenas tampoco nos permitió presentarnos, les ofrecí la obra a dirección, al Sindicato, a la Sociedad de Alumnos, gratis también a los tres donde ellos podían cobrar y recaudar fondos, a ninguno le interesó. CUT Universidad sí nos abrió las puertas pero por equis o ye no pudimos presentarnos por cuestiones de logística.
He escrito más de 30 obras de teatro, presentamos al rededor de 20 obras diferentes a lo largo de 10 años. Hay algunos textos inéditos, pero ahí están. Tuve distintos grupos y equipos de trabajo con actores y actrices de la localidad, donde solo uno: Ángel Arias, ha sido el único que estuvo conmigo desde el inicio hasta el final. Tuve la fortuna de ver crecer actores y actrices que después de nosotros lograron cosas que siempre buscaban: el reconocimiento entre el público. Nosotros nunca les ofrecimos eso, lo que ofrecíamos era presentar esta suerte de representaciones sociales crudas que difícilmente otros grupos se atreven hacer, y no les culpo, a nosotros nos llevó años en educar al público para que entendiera nuestra propuesta artística.
Siempre me rehusé, también, a buscar algún tipo de ayuda del gobierno, lo que menos quise es que el gobierno metiera sus narices en nuestro trabajo. Sin embargo, a lo largo de 10 años, únicamente en 2 ocasiones llegó reglamentos a “cobrar piso”. Cabe mencionar que el Grupo Mutualista de Tijuana nos abrió las puertas y logramos presentar, sin costo alguno, nuestras obras en el Teatro Zaragoza, gracias al entusiasmo y colaboración de Iván González y Priscila Busher.
Ahora vienen otras cosas para mí, tengo en mente otros retos, el teatro para mí ya no es un reto, terminó y terminó de muy buena manera. Mis obras ahí están, y hago extensiva la invitación para que otros grupos de teatro, si les place, puedan presentar mis textos, bajo sus direcciones, su propio equipo de trabajo, e interpretación de los textos. Si alguno se atreve, sólo les pido un par de mesas de trabajo para mostrarles el fondo de mi propuesta como un teatro en Derechos Humanos, sin costo alguno.
Nunca pensé o quise hacer teatro, no fue mi sueño, simplemente las cosas se fueron dando solas. Cuando tuve la oportunidad quise hacer un teatro que promoviera y expusiera a los y las dramaturgas de la localidad, ésa fue mi intención, lo hice con la primera obra que presenté, pero cuando la dramaturga de su obra hizo berrinche por mi “cochinero” de trabajo, dejé de pensar en ellos o ellas y me dediqué a escribir mis propias obras para no tener que escuchar tontería y media de sus hacedores. Las vueltas que da la vida, a esa mujer le vi y le admiré siempre por su capacidad de crear, por su fuerza, por su poder como mujer pensante, desde entonces me saludó más a fuerzas que de ganas, una vez que le regresé el libreto que me había prestado, y que yo sin pelear lo devolví porque no me pertenecía. Ahora es la encargada del CECUT, las cosas que trae la vida… Le deseo el mejor de los éxitos, aunque sé que no lo necesita, pero al menos sé muy bien que será otro monopolio más en la ciudad como cada administración, ahora me tocará ver desde mi silla a quienes se peleen por entrar a un recinto que no les da nada, salvo una seria de espasmos esofágicos que no se irán a la vuelta del tiempo.
No me arrepiento en nada el haberme aventurado hacer teatro, tuve a uno de los mejores maestros: Fernando López Mateos, que aunque nunca fue fan de mi trabajo y dijo lo que quiso, le sigo queriendo y respetando como ese gran amigo, maestro que encontré en mi camino, y que lo que haya dicho, por más que sea su verdad, son cosas que son de él y yo las entiendo. Pero no puedo dejar de agradecer el que nos haya abierto las puertas de LOFT con una temporada de Sr. Presidente. Ahí la cosa estipulada fue del 70% para el grupo de teatro, y 30% para el espacio cultural, nosotros decidimos y quedamos en que 50% y 50% era suficiente y justo para ambas partes.
Una vez que me aventuré a hacer teatro estipule que el costo fuese accesible para todas las personas, desde 2009 a 2016 nuestros costos fueron siempre de $50 pesos, pero no fue hasta con el Búnker Cultural que elevamos el precio a $100 pesos, pero les ofrecíamos atención personalizada y un lugar íntimo para apreciar nuestro trabajo.
Actualmente estaré trabajando como director de una obra de teatro para San Diego, trata sobre la historia del Casino Aguacaliente en Tijuana. Como les había dicho, no me interesa hacer teatro, pero al ver que 3 directores de teatro le cerraron la puerta al productor, decidí hacer lo que sé hacer bien, dirigir y ayudarle a que su obra sea un éxito donde él quede complacido con el resultado. Eso podría hacerlo más adelante, alquilarme para ayudar a producir o dirigir algún trabajo que no sea mío, pero ya no aquí en Tijuana, quizá fuera de la ciudad o del estado, o incluso fuera de México, pero lo mío, lo mío, mi teatro, yo por lo menos no regreso a presentarlo.
Aquellas personas que siguen haciendo teatro les exhorto para que siempre tengan presente que lo que se presenta en un escenario debe dignificar la vida de una sociedad que nos rodea, y que siempre existe la posibilidad de presentar otras posibilidades de vida, porque de eso se trata el teatro y el arte en sí: Proponer, presentar, entregar otras posibilidades de vida para alcanzar los derechos del futuro, los derechos por venir, los derechos de las personas. Y créanme, grupos de teatro con esta visión, muy, muy pocos en Tijuana.
�Abyss Borboa Olivera