13/02/2025
Les contaré una historia
Esta página comenzó porque estaba enamorado en secundaria de una chica pequeña, muy linda, de cabello largo y cuerpo delgado. La conocí un día al salir de clases, afuera. Ambos éramos del turno de la tarde y, desde el principio, ella me pareció una chica bastante fuera de lo común. No se dejaba de nadie, confrontaba a la gente y no se callaba si alguien la molestaba.
Bromeamos muchas veces y, poco a poco, nos fuimos conociendo. Honestamente, era muy hermosa y me enamoré sin darme cuenta. Mi corazón se alegraba al mirarla; cada salida esperaba verla y quedarme un tiempo con ella. Solo quería verla una vez más cada día.
Hasta que un día empezamos a ser novios. En ese entonces, ella no sabía expresarse bien, era cerrada con sus sentimientos y no estaba acostumbrada a mostrar afecto. Nada de eso me molestaba. Yo era feliz con solo estar con ella y tomar su mano. Caminábamos mucho; adoraba hacerla reír, tenía una sonrisa muy linda y ver sus ojos brillar me llenaba de vida.
Ella pasó por muchas cosas en esa época: tristezas y enfermedades que, a mi corta edad, no sabía cómo manejar. Me afectaba tanto verla sufrir y no saber qué hacer que me llenaba de tristeza e impotencia. ¿Qué te diré? Solo era un niño en ese entonces.
Mi mayor pecado y peor error fue arruinar nuestra relación por alguien más. Es algo que hasta el día de hoy sigo cargando con culpa, y me sigue doliendo haberla hecho pasar por eso. Desde ahí aprendí que no valió la pena arruinar, por alguien más, el amor de mi vida. Ella me perdonó y seguimos juntos.
La historia continuó. Le cantaba baladas a capela, le dedicaba poemas y cartas escritas a mano. Pero, desgraciadamente, sus padres no me querían. Además, yo era un año mayor que ella: cuando entré a preparatoria, ella aún estaba en secundaria. Ya no podíamos vernos y sus padres no lo iban a permitir.
Nos separamos y nos distanciamos durante años. La lloré durante años. Caí en una tristeza tan grande que nunca creí volver a vivir un amor así.
Pasaron los años y decidí volver a hablarle.
Contestó. Hablamos. Al verla, quise llorar porque nunca creí que volvería a encontrarme con ella. Mi corazón no lo podía creer: estaba ahí, frente a mí. Caminamos y le confesé todo lo que había pasado; ella también me contó su versión.
Pasó el tiempo y seguimos en contacto. Como era pandemia, estábamos a distancia, pero resultó que estudiábamos en la misma escuela. Con el tiempo, confesamos que nunca nos habíamos olvidado y decidimos intentarlo de nuevo.
Ya han pasado tres años desde aquel día y seguimos juntos. Nunca creí que la persona que más me enamoró y a quien más amé seguiría a mi lado después de tantos años. No quiero que esta historia termine, solo quiero verla feliz y hacerla sonreír. No quiero perder el tiempo y deseo disfrutar cada momento a su lado.
Hay cosas que omitiré por su privacidad. No contaré todas las dificultades que pasamos en secundaria, pero solo diré algo: nunca la dejé sola en cada pena o enfermedad por la que pasó, y no lo haré ahora que ha vuelto a mi lado.