06/03/2026
Retrato sin nombre
Tus ojos son marrones,
pero decir eso es no decir nada.
Porque tienen el color exacto
de la tierra que sostiene lo que florece.
Son café, sí,
pero también son la pausa antes del beso,
la profundidad de una duda,
el temblor de lo no dicho.
Mides lo suficiente, lo exacto para mí.
Como si la vida te hubiera medido justo para caber en el recuerdo.
Eres más alto que mi nostalgia,
pero no tanto como para que no pueda alcanzarte con la punta de mis pensamientos.
Tu piel es clara.
Y, sin embargo,
hay un sol que se guarda en tus mejillas,
como si el mundo te hubiera besado de lejos
y tú le devolvieras el gesto
con una sonrisa contenida.
Tu cabello es castaño oscuro.
Como el final de una canción que no quieres que acabe.
Como los secretos que uno guarda entre los dedos
cuando se le escapa el sueño.
Y luego están tus labios.
Esos que no deberían existir tan cerca del juicio.
Labios que parecen saberse culpables
de todos los incendios que aún no se han declarado.
Labios que no se olvidan,
aunque nunca hayan tocado los míos.
Tus pestañas…
Una injusticia natural.
Porque uno espera ver belleza en ciertas partes,
pero no en algo tan simple como el parpadeo.
Las tuyas hacen sombra,
hacen poema,
hacen refugio.
Y tus cejas.
Marco perfecto.
Borde de un cuadro que no se termina.
Lo que da forma a tu mirar,
lo que enmarca tus silencios,
lo que te da ese aire de quien sabe,
aunque no lo diga.
Así te recuerdo.
Así te invento.
Así te quiero:
por partes.
Porque el todo me excede,
pero tus fragmentos,
esos los acaricio con palabras.
~ Aly Marure 🤎