21/08/2025
UN PUEBLO QUE NUNCA MORIRA…
Cuando un pueblo vive sus propias tradiciones y las trasmite de generación en generación como parte de su práctica cotidiana, estamos ante la mejor evidencia de que ese pueblo tiene un espíritu que les es propio y lo manifiesta a través de diversas expresiones que cobran presencia por medio de bailes máscaras, rituales, vestimentas y muchas cosas más que lo caracterizan.
Hoy tenemos en las manos una verdadera joya de la expresión popular. Se trata de la fiesta de Xantolo que se practica año con año en Tempoal, Veracruz, en donde vemos la manera en que se rinde culto a los mu***os. Este libro es la expresión del pueblo mismo, que nos dice de la manera en que se hacen los preparativos para fecha tan importante, en la creación hace acto de presencia por medio de máscaras que se multiplican hasta el infinito y que son el rostro transformado del hombre mismo. Allí están todos los rostros: hombres y mujeres, ángeles y demonios; mu***os y vivos…en fin, una eclosión de gestos y colores que, unidos a la vestimenta, transforman a quien las porta para convertirlo en un personaje diferente que deambula por las calles y trasmite a los participantes las parte que les corresponde representar. Vaqueros, esqueletos, diablos, todos ellos tienen su propia esencia que portan con gran dignidad, al mismo tiempo que forman parte de una comunidad que son ellos mismos. En Tempoal el tiempo se detiene para dar paso a este momento. Todos colaboran, todos participan.
Este libro resulta importante por varias razones. En primer lugar, por el tema que trata y a que ya hemos hecho alusión, aunque de manera somera. También lo es porque quienes nos llevan de la mano por las calles de TEMPOAL y nos muestran el quehacer de los artesanos que crean las máscaras y muchas otras cosas más son ellos mismos. La palabra que se trasmite acerca de todos los pormenores es de los habitantes que, a la vez se crean, participan con gran entrega en las festividades del pueblo. Las fotografías que acompañan el libro perpetúan de manera impresionante las mil y un formas de manifestarse año con año. Verdadero trabajo etnográfico, este libro habrá de quedar como la expresión singular en la que futuras generaciones habrán de conocer la manera en que un pueblo sufre y vive la muerte.
Se viven momentos difíciles en todos los órdenes. Día a día vemos cómo se van perdiendo costumbres y tradiciones en tanto que otras formas de expresiones que no son ajenas van penetrando de manea implacable. Sin embargo, las costumbres perduran y resisten el paso del tiempo y nos dan sus propias esencias que quedan allí como ejemplo del apego a tradiciones ancestrales. Este es el caso de lo que encierran las páginas que el lector habrá de leer para conocer más a fondo el pensamiento de un pueblo.
Recordemos que en el mundo prehispánico había un concepto que siempre he considerado fundamental: la dualidad vida-muerte. Su origen se remonta a los primeros grupos agrarios que miles de años atrás observaron que, a lo largo del año, había dos temporadas: una de lluvias en que las plantas fructificaban y otras de secas en que morían y no daban fruto. Por eso no es de extrañar que los distintos pueblos mesoamericanos expresaran en su calendario, en sus monumentos y en su vida diaria este concepto a través de rostros descarnados y elementos vitales.
Con la llegada de los frailes evangelizadores se trató, por diferentes medios, de arrancar de raíz estas formas de pensamiento. Sin embargo, lo anterior dio paso a un mestizaje cultural, a un sincretismo que empezó a manifestarse de manera contundente por diversos medios que hoy día podemos apreciar en distintos ámbitos de nuestro país.
No tengo nada más que agregar. El libro habla por sí mismo y es testimonio de las andanzas de un pueblo: TEMPOAL. A ellos y a quienes hicieron posible este documento las más emotivas felicitaciones de un simple buscador del tiempo perdido.
Para finalizar, quiero dejar la palabra a los viejos cantores nahuas, que por medio de la flor y el canto dijeron:
"Inicio el camino, intento tomar tus flores,
autor de la vida.
Tañemos ya nuestros enflorados tambores.
Este es nuestro deber en la tierra.
¡Flores que no se pueden llevar,
Cantos que no se pueden llevar al reino del misterio!
Totalmente nos vamos: nadie quedará en la tierra.
Un día por lo menos, ¡oh mis amigos!:
tenemos que dejar nuestras flores, nuestros cantos.
Tenemos que dejar la tierra que perdura."
Gocémonos, amigos, gocémonos…
EDUARDO MATOS MOCTEZUMA
Septiembre de 2009.