30/11/2018
PARÁBOLA BUDISTA 📖⚛️
El poder de la paciencia.
Matajuro Yagyu era hijo de un excelente espadachín, pero su padre lo desheredó pues creía que no tenía la destreza suficiente. Avergonzado, Matajuro se dirigió al monte Futara, donde vivía un famoso espadachín llamado Banzo.
Sin embargo, Banzo lo rechazó confirmando el juicio de su padre:
—¿Deseas aprender conmigo el arte de la espada? No cumples con los requisitos necesarios.
Pero Matajuro no se dio por vencido:
—Si me esfuerzo y trabajo duro, ¿cuántos años tardaré en convertirme en un maestro?
—El resto de tu vida —le respondió Banzo—.
—No puedo esperar tanto, pero estoy dispuesto a soportar cualquier dificultad si aceptas enseñarme. Si me convierto en tu sirviente, ¿cuánto me tomará aprender el arte de la espada?
—Oh, tal vez 10 años —le dijo el maestro—.
—Mi padre está envejeciendo y pronto tendré que hacerme cargo de él. Si me esfuerzo mucho más, ¿cuánto tardaré? —porfió Matajuro—.
—Tal vez 30 años —le respondió sonriente Banzo—.
—¿Cómo es posible? —preguntó Matajuro— Primero dices 10 y ahora 30 años. ¡Soportaré las pruebas más duras para convertirme en maestro en el menor tiempo posible!
—Bueno —le replicó Banzo— en ese caso tendrás que quedarte conmigo durante 70 años. Cuando un hombre tiene tanta prisa como tú, tarda en obtener buenos resultados.
—Muy bien, acepto —dijo el joven comprendiendo que el maestro le estaba reprochando su impaciencia—.
El maestro ordenó a Matajuro no hablar sobre la esgrima y mantenerse alejado de la espada. Mientras tanto, cocinaba para su maestro, lavaba la loza y cuidaba el patio. Pasaron 3 años y Matajuro seguía haciendo las labores domésticas, pero cuando pensaba en su futuro se entristecía pues ni siquiera había empezado a aprender el arte de la espada.
Un día, Banzo se acercó sigilosamente por detrás y le propinó un golpe con una espada de madera. Al siguiente día, mientras Matajuro preparaba el arroz, Banzo le salió al paso espada en mano. A partir de ese momento, Matajuro tuvo que defenderse de las inesperadas embestidas. Aprendió con extraordinaria rapidez, hasta que un día, antes de que se cumplieran los diez años de su llegada, el maestro le dijo que no tenía nada más que enseñarle.
“Un hombre que es un maestro de la paciencia es maestro de todo lo demás”. —George Savile