15/03/2026
“Mis amigas están cansadas”
Mis amigas están cansadas,
todas ellas un jarrón de flores sin agua,
expuestas, como yo, a la luz intermitente
de la computadora, al sol
que baña sus cabellos y remarca
las arrugas en su frente,
la frente acartonada
por fruncir el ceño en el trabajo.
Mis amigas se malpasan, como yo,
cocinan en una sartén gastada,
piden comida a domicilio,
a veces prenden su arrocera nueva
o recogen los tacos al v***r
de las manos de la señora de la esquina.
Esa señora también está cansada,
mi mamá también lo está, igual
que las madres de todas ellas, cuidadoras,
como la luz incandescente de una vela
que se mantiene encendida, derritiéndose
hasta que muere el familiar.
Viajamos en camión o en bicicleta,
nos amontonamos en el metro
o pagamos una porción de nuestro sueldo
para atravesar en automóvil la ciudad.
Ninguna tiene casa propia, no tenemos
ni en qué caernos muertas, un nicho,
un pedacito de tierra en el panteón,
ni mucho menos un seguro
de gastos médicos digno.
Todas ellas han ido a terapia,
todas ellas han estado medicadas,
yo lo he estado, yo lo estoy, yo voy
mañana tras mañana
a besar la frente de mis gatas,
es otra forma de combatir la depresión,
sacar a los perros, servir agua y croquetas,
limpiar o cuidar a quienes nos aman.
Mis amigas viajan a otros países,
vuelan a otra ciudad,
atraviesan estados y caminan calles,
se mudan a las casas de sus parejas
o las traen a su departamento,
yo las traje, una a una,
centímetro a centímetro
yo sentía la invasión
y ellas me decían: no dejes que avancen.
A todas nos cubre el smog
aunque vivamos a kilómetros de distancia,
aunque batallemos con el agua,
nos escribimos para disipar el humo,
nos enviamos mensajes
para saber que aún podemos respirar.
Mis amigas están cansadas, exhaustas,
van al gimnasio o se quedan tiradas en la cama,
cenan cereal o una copa de vino,
dejan prendida la tele, van a clases de astrología
o se obsesionan con el ajedrez y los mangas.
Pero aunque mis amigas están cansadas,
tienen tiempo de llorar, de tirar las cartas
una vez más, de salir a mover el c**o
hasta el suelo, de chocar los vasos de cerveza
arriba de una mesa, de abortar,
como yo, la idea de procrear
más problemas, más carencia,
un cuerpo sumido en la pobreza,
nos dedicamos a observar,
a hablarle a las niñas que fuimos,
todas ellas creciendo entre mercados
y avenidas, entre colonias sin padres,
entre madres aburridas o resignadas,
todas ellas observan para abajo
sus raíces, las dibujan, las escriben
tratando de encontrar
un poco de agua, un poco de resistencia
al calor, al frío que se mete por los huesos.
Mis amigas están cansadas, como yo,
y quiero decirles que vengan,
que las quiero recibir
en esta casa quebrada y que los vidrios
no las van a tocar, que vengan,
que las arropen mis gatas,
mi gato naranja, el gran anfitrión,
que les voy a preparar comida,
que les voy a escuchar
hasta que se les acabe la saliva
y que en este hogar donde limpio
cada día una pelusa de mi pasado,
hay un espacio para ellas,
hay un descanso para ellas.
—Iveth Luna Flores