13/05/2026
Los vendedores de ollas de barro
Así pudieron verse alguna vez los vendedores de barro en los antiguos días de plaza. Bajo techos improvisados de manta, petates y mecates, las ollas, cántaros y cazuelas se acomodaban sobre rastrojo para protegerlas del camino y del movimiento del tianguis.
En lugares como Sayula, donde la cerámica también formó parte de la vida cotidiana, estas escenas debieron ser comunes: mujeres recorriendo los puestos con su canasta de carrizo y el rebozo cubriéndoles del sol, mientras elegían las piezas que servirían para cocinar, guardar agua o acompañar la vida diaria de la casa.
Los vendedores, vestidos de manta y sombrero de palma, pasaban largas jornadas ofreciendo objetos nacidos de la tierra y el fuego. Cada olla cargaba horas de trabajo, humo de horno y el conocimiento de un oficio aprendido por generaciones.
Más que utensilios, el barro era parte de la vida misma.
¿Tienes alguna historia que contar sobre tus antepasados?
Fotografía: Tianguis de Atlixco, Puebla, hacia 1930. Crédito a quien corresponda.