05/06/2026
Un hombre fue al cementerio y se topó con algo que lo dejó helado: dos perros pegados a una tumba, nerviosos, negándose a moverse de ahí. No era una visita casual.
La gente que va seguido al lugar dice que es su rutina diaria. Desde que murió su dueño, los perros vuelven cada día a hacerle compañía a su tumba. No entienden que él ya no va a salir, pero su lealtad no se entera. Siguen esperándolo con el mismo cariño de siempre, como si en cualquier momento fuera a aparecer.
Hay amores que ni la muerte puede despedir.