22/08/2026
📚 LOS LIBROS SON GRATUITOS… PERO HACERLOS LLEGAR A LA ESCUELA NO SIEMPRE LO ES
Cada inicio de ciclo escolar se celebra la entrega de millones de Libros de Texto Gratuitos. Y sí: son gratuitos para nuestras niñas y niños. Es una conquista de la educación pública que debemos defender.
Pero hay una parte de esta historia que pocas veces aparece en las fotografías, los comunicados o las cifras oficiales:
¿Quién termina haciendo que esos libros lleguen realmente hasta las escuelas?
En muchas comunidades, son las maestras y los maestros.
Docentes que, además de preparar el inicio del ciclo escolar, organizar sus aulas y atender múltiples responsabilidades administrativas, tienen que trasladarse a centros de distribución para recoger cientos de libros.
Y para hacerlo ponen algo más que su disposición.
🚗 Ponen sus vehículos.
⛽ Ponen gasolina.
⏰ Ponen su tiempo.
💰 Ponen dinero de su bolsillo.
🚚 Y cuando los libros no caben en un automóvil, incluso se organizan, cooperan o pagan una camioneta para transportarlos.
Todo para que, cuando las niñas y los niños lleguen a la escuela, encuentren sus libros sobre el pupitre.
Y sí, los docentes lo hacemos porque existe un compromiso con nuestros estudiantes.
Pero el compromiso docente no debería convertirse en el mecanismo para resolver las responsabilidades logísticas de la autoridad educativa.
Ahí está el verdadero problema.
No se cuestiona la gratuidad de los libros.
No se cuestiona su importancia.
No se cuestiona nuestro compromiso para que lleguen a cada estudiante.
Lo que debemos cuestionar es por qué el último tramo de una política pública termina dependiendo del bolsillo, del automóvil y de la buena voluntad de los trabajadores de la educación.
Si el Estado adquiere, imprime y distribuye los libros, el proceso debería considerarse concluido cuando los materiales llegan a las escuelas, no cuando son depositados en un almacén regional y se comunica a los docentes:
“Ya pueden pasar por ellos.”
Porque llevar los libros del almacén hasta la escuela también cuesta.
Y cuando ese costo no aparece en el presupuesto institucional, no desaparece: simplemente alguien más lo absorbe.
Y demasiadas veces ese alguien es el maestro.
Una política pública verdaderamente gratuita debe contemplar toda la cadena necesaria para garantizar el derecho a la educación, incluida la distribución final de los materiales.
Esto ocurre una vez al año. Precisamente por eso vale la pena preguntar:
¿Realmente es imposible organizar una logística para que los Libros de Texto Gratuitos lleguen directamente a cada escuela?
Los docentes seguiremos haciendo nuestra parte.
Pero reconocer nuestro compromiso también significa dejar de convertirlo en la solución permanente para aquello que corresponde resolver institucionalmente.
📚 Los libros son gratuitos.
🚚 Su distribución hasta las escuelas también debería estar garantizada.
Porque defender la educación pública también significa exigir que las políticas educativas lleguen completas hasta donde realmente ocurren:
las escuelas y sus aulas.